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19/2/18

Síndrome de Asperger y musicoterapia, por David Buedo.





¿Cómo puede la musicoterapia mejorar la calidad de vida de personas con síndrome de Asperger? En este artículo explicaremos qué es el síndrome de Asperger, qué es la musicoterapia y cómo ésta puede mejorar algunas de las dificultades más comunes que tienen las personas con este síndrome.



   ¿Qué es el Síndrome de Asperger? 
   El síndrome de Asperger es un trastorno neurológico que forma parte de los trastornos del espectro autista (siendo una forma de autismo leve) y que ocasiona ciertas dificultades a nivel cognitivo (intereses restringidos, dificultad para aceptar cambios en la rutina o actividades nuevas, dificultades en la capacidad simbólica y la imaginación…), comunicativo (dificultad para entender el lenguaje simbólico, la ironía y el sarcasmo), social (problemas para socializar y entender algunas pautas de las relaciones sociales), físico (torpeza motriz, estereotipias) y sensorial (rechazo de determinados estímulos sensoriales que pueden ocasionar problemas en, por ejemplo, la alimentación o el vestido). Las dificultades abarcan todas las áreas de la persona, y como veremos más adelante, al ser la musicoterapia una intervención holista, puede abarcar y ayudar a mejorar en todos esos aspectos.
   Hay que dejar claro que cada persona con síndrome de Asperger es distinta. Algunos muestran unas características y otros otras, en mayor o menor grado. Muchos no están diagnosticados y llevan una vida normal. Otros tienen serias dificultades en su desarrollo personal y laboral a causa de esta condición. Sin embargo todos ellos con el trabajo adecuado y las terapias apropiadas pueden tener una vida plena y feliz. ↓ 


   ¿Qué es la musicoterapia?
   Una de las terapias que más se suele asociar al autismo en general y al síndrome de Asperger en particular por sus beneficios es la musicoterapia. Antes de nada hay que aclarar que tocar en un grupo de música, ir a un concierto o escuchar un CD que nos guste no es musicoterapia. La música es beneficiosa, pero la musicoterapia es algo más. Lo importante no es el qué, sino el cómo y el para qué. Es decir, lo importante no es la música (el qué), sino el que se utilice de manera personalizada por parte de un profesional cualificado que evalúa todo el proceso (el cómo) y con unos objetivos terapéuticos (el para qué).
   En resumen: la música es beneficiosa y puede ser terapéutica (como la alimentación, el deporte, el arte en general…), pero el uso de la música y las actividades musicales es musicoterapia sólo si son utilizadas en un proceso metodológico y personalizado por parte de un profesional cualificado, el musicoterapeuta (que en España, como cualquier otro profesional de la salud, ha seguido una formación específica, en este caso de Máster o Postgrado de 6o ECTS con prácticas supervisadas).
¿Cómo puede la musicoterapia ayudar a personas con síndrome de Asperger? 
Como hemos visto antes las dificultades que tienen las personas con síndrome de Asperger se centran en tres aspectos (la famosa “Tríada de Wing”, es decir, socialización, comunicación y por último flexibilidad e imaginación). Si pensamos en la música veremos que tiene cualidades que son perfectas para trabajar estos aspectos: es un acto social (pensemos en un concierto o en las canciones de un estadio de fútbol o un autobús escolar), comunicativo (como cualquier tipo de comunicación requiere de un código, el lenguaje musical, así como de un emisor y un receptor, y transmite un mensaje) y es también creativo (por lo cual, y a no ser que hablemos de la mera ejecución musical, requiere de imaginación y flexibilidad: pensemos en una “jam session” y en cómo los músicos van imaginando lo que van a tocar a continuación de una forma flexible en función de lo que toquen sus compañeros de grupo y de cómo reaccione el público).
   Si la música tiene todas estas características que la hacen tan apropiada para trabajar las dificultades de las personas con síndrome de Asperger, imagina lo que un musicoterapeuta puede hacer con una gran variedad de actividades musicales adaptadas a una persona particular o grupo de personas tras una evaluación previa y en un proceso terapéutico con unos objetivos útiles y realistas. ↓ 


   Actividades como la improvisación instrumental hacen que la persona tenga que poner en funcionamiento y trabajar sus habilidades sociales (toma de turnos, capacidad de espera, capacidad de compartir…). Otras como comentar letras de canciones permiten trabajar habilidades comunicativas (asertividad, capacidad de escucha, aceptación de las opiniones de los otros…). Técnicas como como los viajes musicales (visualizaciones bajo estado de relajación con música) permiten trabajar la imaginación además de otros aspectos como la capacidad de relajación. La modificación cuidadosa por parte del musicoterapeuta de estas actividades y la forma en la que interviene en ellas permite trabajar la flexibilidad cognitiva y otros muchos aspectos.
Como dijimos al principio, la musicoterapia es una terapia holista que abarca a la persona a nivel cognitivo, emocional, socio-comunicativo y físico (además de espiritual), por lo que una misma actividad puede estar abarcando varias áreas y por lo tanto trabajando muchos aspectos terapéuticos distintos. Por ejemplo, una actividad más compleja como puede ser la composición conjunta de canciones potenciará habilidades comunicativas y sociales, estimulará la creatividad y la imaginación además de otros aspectos como la autoestima y la motivación de logro; además, si hablamos de un grupo terapéutico, mejorará los vínculos grupales incentivando el conocimiento de los compañeros, la confianza y la colaboración.
   Recordemos que la música y cualquier actividad musical puede ser terapéutica al igual que lo puede ser contarle los problemas a un amigo tomando un café. Pero al igual que contarle los problemas a un amigo no es ni de lejos lo mismo que acudir a psicoterapia, escuchar música, tocar un instrumento o cantar en un coro no es lo mismo que ir a musicoterapia. ↓ 



Ahora sabes por qué la musicoterapia es tan eficaz en el síndrome de Asperger y los trastornos del espectro autista en general, y es porque requiere de una puesta en práctica de las habilidades que más afectadas están en estas formas de diversidad funcional, pero lo hace de una manera altamente motivadora, con lo cual las personas (tanto niños como adultos) que siguen un proceso de Musicoterapia están trabajando en su mejora personal y la adquisición de recursos y habilidades útiles para su vida diaria sin darse cuenta, pues en el fondo la música, además de un arte y un lenguaje, es un juego.
   Recuerda que en SOMArmonía nuestra especialidad es la musicoterapia en trastornos del espectro autista. Si vives cerca de Valencia (España) y quieres musicoterapia para ti o un ser querido, o si vives en cualquier otro lugar y buscas asesoramiento familiar o supervisión profesional, ponte en contacto con nosotros sin ningún compromiso.
   ¿Conoces a alguien con el síndrome de Asperger? ¿Sabías lo que es la musicoterapia? ¡Cuéntanoslo en los comentarios y pregúntanos lo que quieras! ↓ 



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1 comentario:

  1. Excelente información. Muchísimas gracias. Ahora entiendo, además, por qué me gusta tanto cierta clase de música, pues sus efectos son además de relajantes, edificantes y generadores de creatividad, armonía y paz.

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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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