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27/3/19

Aprender a identificar las emociones es un aspecto básico para el correcto funcionamiento en sociedad.



La adecuada gestión de las emociones, lo que conocemos como "inteligencia emocional" (IE) es una competencia fundamental en el desarrollo de las habilidades comunicativas y relacionales de los sujetos, así como del desarrollo de la personalidad de los mismos.
Una emoción es un proceso que se activa cuando el organismo detecta algún peligro, amenaza o desequilibrio con el fin de poner en marcha los recursos a su alcance para controlar la situación. Por lo tanto, las emociones son mecanismos que nos ayudan a reaccionar con rapidez ante acontecimientos inesperados. Funcionan de manera automática, son impulsos para actuar. 
   Cada emoción prepara al organismo para una clase distinta de respuesta; por ejemplo, el miedo provoca un aumento del latido cardíaco que hace que llegue más sangre a los músculos favoreciendo la respuesta de huida. Cada persona experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, su aprendizaje y de la situación concreta. Algunas de las reacciones fisiológicas y comportamentales que desencadenan las emociones son innatas mientras que otras pueden adquirirse. Unas se aprenden por experiencia directa, como el miedo o la ira, pero la mayoría de las veces se aprende por observación de las personas de nuestro entorno (de ahí la importancia de los padres, madres y docentes como modelo ante sus hijos e hijas y su alumnado). Aprender a identificar las emociones es un aspecto básico para el correcto funcionamiento del niño y la niña en la sociedad, influyendo y determinando un amplio abanico de sus experiencias personales, desde su trayectoria académica y vital hasta sus relaciones sociales.


Una persona con dominio de sus emociones posee la capacidad de elegir de forma adecuada los pensamientos a los que va a prestar atención, con objeto de no dejarse llevar por reacciones descontroladas, por sus primeros impulsos e, incluso, aprender a crear pensamientos alternativos y adaptativos para controlar posibles alteraciones emocionales.  
   La inteligencia emocional consiste en gestionar adecuadamente las distintas emociones que sentimos los seres humanos y, sobre todo, aprender a gestionar las emociones negativas. Es la capacidad de sentir, de entender, de guiar el pensamiento de forma inteligente, de controlar y modificar los estados anímicos en sí mismo y en los demás, de hacer frente con éxito a las presiones de la vida o de saber actuar con determinación y firmeza cuando se trate de defender posiciones fundamentales. En resumen, la inteligencia emocional es la capacidad que tiene una persona para conocer e interpretar las emociones humanas, tanto externas como propias. La regulación efectiva también da la capacidad para tolerar la frustración y poderse sentir tranquilo y relajado ante metas que se planteen como difíciles de alcanzar. 
En el caso de que nunca hayamos experimentado el sentimiento expresado por otra persona nos resultará más difícil tratar de comprenderla y conocer con exactitud lo que está pasando (empatizar). En ocasiones hemos de ser conscientes de esto para entender la posición que una persona nos muestra ante una situación y, en los trastornos de tipo autista como el síndrome de Asperger, parece existir dificultades con el procesamiento de actitudes empáticas o en la forma como se demuestra dicha empatía.  A las personas con síndrome de Asperger a menudo se las tilda de raras, excéntricas, maleducadas y egoístas porque muchos pasan por alto que estas actitudes o comportamientos tienen que ver con un trastorno severo del desarrollo y que su principal obstáculo en la esfera social (o al menos uno de los más importantes) es la expresión de los sentimientos. Cuidado porque no es cierto que las personas con trastornos del espectro autista (TEA) o Asperger no tengan sentimientos ni sientan empatía. Lo que ocurre es que esta condición les produce dificultades para la relación con sus iguales (otras personas de su edad, de su entorno), para comprender las normas y para seguir los convencionalismos sociales. Por eso no saben comportarse adecuadamente en muchos contextos, hablan a destiempo a veces, etc. 


Las emociones más importantes de la etapa infantil (teniendo presentes las características fisiológicas, cognitivas y conductuales de la edad), así como formas de intervención en cada caso, deben estudiarse concienzudamente. Para conseguir que el niño o la niña aprenda a manejar adecuadamente sus emociones es necesario que los padres y educadores cuenten con suficiente información como para poder reconocer y controlar sus estados emocionales y así facilitar que los niños los aprendan y desarrollen. 
Tener el control de las emociones supone ser más efectivo en la vida pero resulta algo compleja la habilidad de dominar de forma adecuada la regulación de nuestros estados emocionales para así conseguir moderar o manejar nuestras reacciones ante situaciones intensas, ya sean positivas o negativas, por ello en similares circunstancias unas personas triunfan y son felices mientras que otras fracasan y son infelices. Este proceso es especialmente difícil para los niños y niñas porque aún no tienen la experiencia ni madurez necesarias.
   Las emociones que se basan en sentimientos o procesos de pensamiento, como el rencor, la ansiedad, la tristeza, etc., pueden ser controladas y cambiadas. La actitud positiva, también llamada optimismo, tiene mucho que ver con los principios de la inteligencia emocional y es un aspecto clave, en el ámbito intrapersonal, con importantes repercusiones en el interpersonal. Se entiende por emociones primarias la ira, la tristeza y el miedo, por ejemplo, mientras que las emociones secundarias serían los celos, la vergüenza y la alta o la baja autoestima. 
   La persona optimista inteligente es capaz de darse cuenta de que está en una situación de crisis, aunque esa circunstancia ni le paraliza, como al pesimista, ni le hace quedarse a la espera de que la solución venga milagrosamente como lo hace el optimista “común”. El inteligente reflexiona y asume su propia responsabilidad sobre la situación, buscando alternativas de solución. 


Aprender el manejo de las emociones de forma adecuada depende más de la práctica, el entrenamiento y su perfeccionamiento que de las posibles instrucciones verbales ya que la inteligencia emocional no es sólo una cualidad individual. Las organizaciones y los grupos poseen su propio aprendizaje emocional, determinado en gran parte por sus líderes. El conocimiento de las emociones se apoya en la habilidad más básica: comprenderse bien a sí mismo. Es producto de la filosofía de la vida, de los principios, valores, criterios y creencias así como del temperamento y del carácter de la persona. 
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Fuentes:
- Ciclo sobre gestión de emociones en la infancia de la UNED. Las emociones primarias: http://comunicacion.intecca.uned.es/?p=10516



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