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8/1/19

TDAH, trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Una guía para la comunidad educativa.





Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH): Guía para la comunidad educativa (PDF) Autoría: Teresa de Jesús Cuartero Cervera Vicente Bueno Ripoll
ISBN: 978-84-482-6237-2

Esta guía pretende difundir entre el profesorado y las familias, así como entre los orientadores y las orientadoras unas indicaciones básicas y criterios de intervención sobre las posibles necesidades específicas de apoyo educativo del alumnado que presenta Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Es una propuesta práctica para dar una mejor respuesta educativa a la diversidad que permita la inclusión eficaz del alumnado con TDAH en el sistema educativo y ofreciéndole la oportunidad de enfrentarse a la vida en igualdad de condiciones. Se pretende dar a conocer a la comunidad educativa aspectos generales del trastorno con la pretensión de que pueda servir de instrumento de ayuda a su atención y respuesta educativa inclusiva. Se trata de un documento abierto sometido siempre a revisión, a fin de mejorar la detección, identificación, evaluación e intervención educativa desde la perspectiva de las buenas prácticas profesionales y de mejora continua en nuestra labor docente y orientadora.


El Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno neurológico originado en la infancia que implica un patrón de inatención, y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o el desarrollo de la persona. El alumnado con TDAH puede presentar necesidades específicas de apoyo educativo (en adelante NEAE), que pueden variar en las diferentes etapas de la educación. Este alumnado puede tener dificultades en la atención o en la impulsividad-hiperactividad que afectan a la planificación y organización de las tareas en el proceso de enseñanza y aprendizaje, en la conducta, en el autocontrol emocional y, en general, en su proceso de desarrollo que afecta a los diferentes contextos: escolar, familiar y social. 
   Para la atención de sus necesidades educativas se recomiendan estrategias inclusivas y, en algunas ocasiones, se precisan programas específicos. Sus síntomas se pueden manifestar en su totalidad o predominar algunos de ellos tanto en la expresión como en la presentación de los mismos, que puede ser leve moderada o grave, según el DSM-5, la versión 5 del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). Se deben haber manifestado ya en la primera infancia y al menos en dos de los siguientes contextos: escolar, familiar y social. 
   También, se caracteriza por una disfunción en los mecanismos de control ejecutivo. Este patrón persistente es significativamente más frecuente y grave que el observado en otros escolares de la misma edad y puede afectar de manera importante al funcionamiento académico, personal, emocional y social del niño o de la niña. El Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo, caracterizado por alteraciones o retraso en el desarrollo de las funciones vinculadas a la maduración del sistema nervioso central, que se inician en la infancia y siguen un curso evolutivo estable, pudiéndose modificar su sintomatología en la interacción con el contexto. 


Para algunos autores, el déficit de atención y la hiperactividad-impulsividad son la expresión conductual y observable de un trastorno en el funcionamiento cognitivo (Artigas-Pallarés, 2009). Las alteraciones en el funcionamiento cognitivo repercuten en el ámbito social, emocional y curricular del alumnado que presenta TDAH. El TDAH es uno de los trastornos neurológicos con mayor prevalencia en el alumnado. Orjales (2005) estima que entre el 3% y el 5% de la población en edad escolar presenta TDAH, pudiéndose mantener en la edad adulta. La sospecha de TDAH representa uno de los motivos más frecuentes de consulta en neuropediatría y una de las mayores demandas que efectúa el profesorado a los servicios especializados de orientación (servicios psicopedagógicos escolares y departamentos de orientación). De por sí, también supone más del 50% de las demandas de colaboración de sanidad a educación para poder efectuar un diagnóstico clínico.


Hay una mayor prevalencia en niños que en niñas. Y esta prevalencia varía según los subtipos de TDAH: inatención, hiperactividad-impulsividad y combinado. Biederman et al. (2002) presentaron la frecuencia, en porcentaje de los subtipos de TDAH según el género. 
   - El subtipo inatención es más frecuente en niñas que en niños. 
   - El subtipo hiperactividad-impulsividad, es el menos frecuente de los tres, en porcentajes similares en las niñas (y en los niños.
   - El subtipo combinado es el que afecta a más población y tiene mayor frecuencia en niños que en niñas. 
Las repercusiones del TDAH sobre el desarrollo personal y familiar de la persona afectada han motivado el incremento de investigación en los últimos años. El trastorno puede cambiar en el transcurso evolutivo. En los primeros años prevalece la hiperactividad y la inatención. A medida que se llega a la adolescencia, la hiperactividad decrece, la inatención se mantiene y aumentan las conductas impulsivas. 
   En algunas ocasiones pueden asociarse otras conductas inadecuadas o trastornos que pueden incrementarse y afectar el desarrollo evolutivo, de ahí la importancia de atender de manera adecuada las necesidades específicas de apoyo educativo temprano de este alumnado. 
   No todas las personas con TDAH manifiestan los mismos síntomas ni en la misma intensidad. En los criterios diagnósticos del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales en su quinta versión (DSM5), se presentan los tipos, la remisión y la gravedad actual, en función de los síntomas predominantes.


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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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