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15/8/10

Síndrome de Asperger: diferente a autismo.


Imagen de Trabajos Autista-Asperger

   El síndrome de Asperger se diferencia del autismo típico. Quienes registran Asperger, precisamente por su capacidad de aprender el lenguaje verbal, tienen un poco más de interacción social además de que tienen mayor capacidad para enfrentar cambios en sus rutinas. De ahí que logren incluso conformar familias.
Algunas personas con el síndrome de Asperger tienen un coeficiente intelectual muy alto. Esto quiere decir que pueden desarrollar habilidades con facilidad mayor que otros niños con otros trastornos autistas porque no se pierden en otros estímulos: si se concentran en un objetivo pueden desarrollarlo.
Sin embargo, a las personas con síndrome de Asperger les cuesta establecer empatías, debido a que, de acuerdo a los expertos, tienen una especie de "ceguera emocional", por lo que en casos más severos puede resultar imposible incluso reconocer el significado de una sonrisa, o simplemente no ver en cualquier otro gesto facial, corporal o cualquier otro matiz de comunicación indirecta.
   Puede encontrar información sobre indicadores para un diagnóstico temprano PINCHANDO AQUÍ.

   ¿Cuáles son algunas de las estrategias terapéuticas más útiles?
La identificación y el tratamiento tempranos del Síndrome de Asperger constituyen las claves para obtener un óptimo resultado. La detección y el tratamiento precoz del Asperger se consideran dos pilares fundamentales para mejorar la situación de los afectados por este trastorno. Solo atendiendo de forma global todas las dificultades de la persona con Asperger y autismo el desarrollo será óptimo.
   Así pues, los marcadores más fiables para el diagnóstico precoz de un trastorno del espectro autista y Asperger, por el momento, son: escasa interacción y atención prestada a las demás personas, escasa atención a la mirada de los demás, no responder cuando se los llama por su nombre y, por último, incapacidad para participar en juegos de imitación y vocalizaciones recíprocas. La mirada anómala constituye uno de los rasgos definitorios del trastorno autista y es un punto clave en los test diagnósticos estandarizados.
   Sobre la selección de objetivos para la intervención puede obtener más información PINCHANDO AQUÍ.
   La intervención debe ser útil para él/ella, o formar parte de una habilidad más amplia que ya posee el escolar, y debe potenciar la motivación del niño/a hacia el uso del lenguaje. Por eso, por ejemplo, los apoyos individualizados para los niños con TEA se basan en la información reunida a lo largo del proceso de diagnóstico: exámenes médicos, entrevista con los padres, historia del desarrollo del niño, observación del pequeño prestando atención al uso de la comunicación y el lenguaje, así como al juego, las conductas repetitivas y los intereses restringidos, evaluación de habilidades de comunicación, sociales, cognitivas, conductas adaptativas y motrices y evaluaciones adicionales como exámenes neurológicos.
   La estrategia de intervención debe ser relevante y/o deseable para el niño y debe incluir el contenido curricular, apoyo intensivo en el entorno de aprendizaje, estrategias de generalización, actividades rutinarias y estructuradas para favorecer la anticipación, el abordaje de los trastornos de conducta (si se produjeran), etc. Para lograr la generalización de los aprendizajes es necesario abarcar todos los contextos de la vida del niño y es importante que la intervención atraviese todas las etapas del desarrollo. Por eso deben pautarse estrategias dirigidas a la obtención de conductas capaces de generar efectos significativos y reales para el estudiante y con beneficios observables en su ambiente natural. Podríamos decir que deben ser destrezas que el propio niño elegiría ya que producen cambios significativos (evidentemente positivos) en su vida natural.






   El tratamiento debe comprender:
La mejora de la comunicación social.
La estimulación de la autonomía.
La prestación de servicios de apoyo para la familia.
La creación de un ambiente educativo y laboral seguro que promueva un clima de aceptación.
   Los Modelos de Intervención más conocidos son el modelo bioquímico; el modelo neurosensorial; el modelo psicodinámico; el modelo conductual (análisis funcional aplicado, ABA, etc) y el modelo educativo (TEACCH). Con independencia del método o los métodos elegidos es importante evaluar periódicamente los resultados obtenidos en las practicas terapéuticas y educativas, pero también en todas las áreas y ámbitos en los que el niño participa.

   ¿Qué podemos hacer como padres?
Los padres preocupados por el desarrollo social, emocional, motriz y del lenguaje de su hijo deben seguir su instinto y buscar ayuda lo antes posible. NO deben esperar con la esperanza de que el niño crezca y “todo pase”. Sino más bien, deben comenzar consultando al pediatra del niño o al médico de familia y prepararse para pedir evaluaciones adicionales a un pediatra del desarrollo, un psiquiatra infantil y un psicólogo. Los resultados de estas evaluaciones facilitarán la elaboración y la implementación de un plan terapéutico a la medida de su hijo.




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Fuentes:
-  Changing the Face of Child Mental Health. 
- Artículo En sumedico.com, por Yamel Viloria Tavera México, D.F. 11 de agosto de 2010

2 comentarios:

  1. No deja de ser irónico que una persona especialmente preparada para la decodificación del lenguaje no verbal (LNV)se enfrente al Síndrome de Asperger de un familiar directo y a sus dificultades para decodificarlo.
    No obstante mi mensaje es positivo: trabajando intensamente se mejoran mucho las habilidades de decodificación e interpretación del LNV.
    Los niños AS pueden llegar a comprender la mayor parte de los gestos e interpretar las emociones de los demás con bastante certeza. Como en casi todo lo que tiene que ver con este síndrome... sólo es una cuestión de trabajo, constancia y paciencia.

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  2. Una mirada diferente, una mente que funciona con otras recetas, nuestros hijos con un TEA como el SA, simplemente requieren mas amor y dedicación para salir adelante, por eso hay que medir cuidadosamente cuales cosas pueden beneficiarlos y cuales no, cada caso es un universo diferente.

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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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