27/2/16

Selección de objetivos en la intervención en escolares con Síndrome de Asperger.


   La selección de objetivos en la intervención se basa en un cuidadoso análisis de las intenciones comunicativas y sociales teniendo en cuenta que la destreza que se enseña debe tener utilidad inmediata para el estudiante en su ambiente natural. 
   El espectro autista incluye a personas con una amplia gama de conductas y síntomas de forma que dos personas en la misma categoría diagnóstica pueden tener problemas muy diferentes, por ejemplo con graves problemas en la comunicación social en un caso y un déficit más leve en la interacción social pero con graves problemas con estereotipias y comportamientos repetitivos en el otro caso.  Por tanto la elección de un modelo de intervención es compleja pero, además, es que es necesaria una profunda comprensión acerca de las necesidades y habilidades de cada niño en función de la familia y la comunidad de la que forma parte. Cada persona tiene un perfil único de fortalezas y debilidades que deben atenderse individualizadamente (para establecer un modelo de intervención para ese niño y para esa familia en concreto) y, para una mejor comprensión de los niveles funcionales de estas personas, una descripción de los síntomas suele ser más significativa que el diagnóstico en sí (que 'la etiqueta' aplicada a dicha persona).
   Así, la intervención debe ser útil para él/ella, o formar parte de una habilidad más amplia que ya posee el escolar, y debe potenciar la motivación del niño/a hacia el uso del lenguaje. Por eso, por ejemplo, los apoyos individualizados para los niños con TEA se basan en la información reunida a lo largo del proceso de diagnóstico: exámenes médicos, entrevista con los padres, historia del desarrollo del niño, observación del pequeño prestando atención al uso de la comunicación y el lenguaje, así como al juego, las conductas repetitivas y los intereses restringidos, evaluación de habilidades de comunicación, sociales, cognitivas, conductas adaptativas y motrices y evaluaciones adicionales como exámenes neurológicos.



   La estrategia de intervención debe ser relevante y/o deseable para el niño y debe incluir el contenido curricular, apoyo intensivo en el entorno de aprendizaje, estrategias de generalización, actividades rutinarias y estructuradas para favorecer la anticipación, el abordaje de los trastornos de conducta (si se produjeran), etc. Para lograr la generalización de los aprendizajes es necesario abarcar todos los contextos de la vida del niño y es importante que la intervención atraviese todas las etapas del desarrollo. Por eso deben pautarse estrategias dirigidas a la obtención de conductas capaces de generar efectos significativos y reales para el estudiante y con beneficios observables en su ambiente natural. Podríamos decir que deben ser destrezas que el propio niño elegiría ya que producen cambios significativos (evidentemente positivos) en su vida natural.
   Los Modelos de Intervención más conocidos son el modelo bioquímico; el modelo neurosensorial; el modelo psicodinámico; el modelo conductual (análisis funcional aplicado, ABA, etc) y el modelo educativo (TEACCH). Con independencia del método o los métodos elegidos es importante evaluar periódicamente los resultados obtenidos en las practicas terapéuticas y educativas, pero también en todas las áreas y ámbitos en los que el niño participa.




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Fuentes:
- "Espectro Autista: Una guía para padres y profesionales" de Celia Reboredo.
-"Mundo Asperger y otros mundos." de Sacha Sánchez. Este libro se puede adquirir en el enlace: http://www.amazon.com/dp/B017IMQFYW