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30/9/19

¿Por qué hay niños y niñas que maltratan a los demás? ¿Por qué hay niños y niñas victimizados por los otros?



Cualquiera puede comportarse agresivamente en un momento concreto y en determinadas circunstancias.  
Es cierto que hay niños y jóvenes especialmente inclinados a utilizar la agresión en las relaciones con los demás pero también encontramos otros niños y niñas tranquilos y pacíficos que se añaden a las agresiones ("lo hago porque lo hacen todos"). Así, hay muchas razones que explican que algunos alumnos agredan a otros: a veces hay chicos/as que se comportan agresivamente para afrontar una situación difícil (la muerte de un familiar, el divorcio de los padres  etc.); otros son víctimas de abuso y trasladan a los demás su angustia; los hay que quieren ser los más poderosos y utilizan la violencia para conseguir lealtad (por eso utilizan la fuerza para conseguir popularidad y amigos). En cualquier caso estos niños y niñas tienen que entender que su conducta es inaceptable y que si continúan comportándose así habrá consecuencias. Paralelamente hay que darles ayuda y alentarles para que cambien.
¿Por qué hay niños y niñas que son victimizados por los demás? Cualquiera puede ser víctima en un momento dado dependiendo de las circunstancias pero hay niños y jóvenes que tienen más probabilidades. Hay alumnos poco diestros y desafortunados en las relaciones con los demás, que se implican en conversaciones o se añaden al grupo sin ser invitados, hablan en mal momento, hacen bromas poco afortunadas, etc. Su torpeza sirve de excusa a los agresores (es un pesado, que vaya con sus amigos, no le aguantamos...). Otros son alumnos/as aplicados a quienes les gusta estudiar y tienen buenas relaciones con el profesorado y que, por eso, despiertan la envidia de sus compañeros. Los hay que no tienen problemas porque tienen las habilidades sociales que les hacen ser populares entre los compañeros y evitan ser objeto de agresiones, pero en otras ocasiones no es así, son objeto de burlas y sufren en aislamiento de los compañeros. También hay alumnos sobreprotegidos por la familia que no han tenido experiencias previas de confrontación, u otros que han sido educados en un ambiente acogedor, tolerante y responsable, y se sienten mal e inseguros cuando tienen que afrontar los ataques de un grupo de intimidadores. Hay niños a los que no les gusta la violencia, que no participan en las riñas de los compañeros y prefieren juegos más tranquilos, o niñas que son más activas y en el patio juegan al fútbol con los niños. Estos a veces son mal vistos por sus compañeros (y según cómo también por los adultos) y tienen pocos amigos.


Los alumnos con necesidades especiales también pueden ser objeto de maltrato por parte de los compañeros que a menudo no comprenden por qué se comportan de una manera diferente.­ Otro caso son los alumnos que están en situación de minoría étnica respecto al grupo. Un niño gitano en una escuela de mayoría paya, o al revés. Esta violencia está bien definida en el concepto de racismo (acoso racista). En último lugar hay que citar un caso singular: chicos y chicas que han tenido una relativamente larga experiencia de victimización y se convierten a su vez en agresores. Desarrollan al mismo tiempo ambos papeles; son victimizados por unos y victimizan a otros que perciben como más débiles que ellos.

Diríamos que han desarrollado unos patrones agresivos debido al mal aprendizaje social que han tenido. Sea cual sea la pretendida diferencia es sólo una excusa que el agresor necesita o crea para justificar su conducta. Esta diferencia no es culpa de la víctima. Nadie merece ser victimizado por ser aquello que es, ni por tener otra cultura u otra manera de ser.
La escuela tiene que proporcionar un entorno para que las diferencias sean apreciadas y TODOS los niños sean valorados, también los niños que agreden a los demás, aunque no aprobemos su conducta y actuemos para mejorarla.
El hecho de tener una buena red de amigos protege de sufrir situaciones de maltrato.
En cualquier caso, y en general, no tenemos que ver la situación como una cosa entre buenos y malos sino como un problema que afecta a todos, en el que cada cual tiene su parte de responsabilidad y que sólo se resolverá desde una actitud no culpabilizadora.


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Fuentes:
- En esta página encontraréis materiales interesantes para trabajar en las aulas el tema del acoso desde el enfoque de la prevención. Estos materiales están divididos las distintas etapas (infantil, primaria y secundaria) para que sea más fácil su búsqueda. Se han recopilado no solo documentos, sino también actividades, vídeos, libros y aplicaciones informáticas. http://carei.es/acoso-escolar/
- Guías de información sobre el acoso escolar para profesorado, para familias y para alumnado. Descargar AQUÍ
- Prevención del maltrato entre iguales:
- El maltrato entre escolares:
- Acoso escolar. Gobierno de Canarias:
- Todo mejora. Guía para familias. 
- En esta página encontraréis materiales interesantes para trabajar en las aulas el tema del acoso desde el enfoque de la prevención: http://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/campus/doc/htmls/acoso/htmlframe/modulo_04_f/seccion_02.html





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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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