4/3/17

Cuando tu hijo es el acosador.



El acoso escolar es un problema social que nos afecta a todos y que ha aumentado notablemente, en parte gracias al ciberacoso. Atenta contra la dignidad del niño y sus derechos fundamentales.
Es necesario entender que las relaciones sociales en el medio escolar se encuentran entre las más significativas del proceso de socialización. Estas relaciones tempranas determinarán aspectos importantes de la personalidad y de los recursos psicológicos del individuo. Por tanto sufrir acoso escolar puede generar importantes daños sobre el desarrollo de la autoestima y la personalidad. Algunos de los daños generados por el acoso escolar pueden cronificarse llevando a cambios permanentes de la personalidad. Las últimas estadísticas aseguran que aproximadamente el 90% de los niños con Síndrome de Asperger sufren alguna forma de acoso escolar al menos una vez por semana[1]. La cifra es abrumadora y éste se ha convertido en el mayor de los problemas de los niños en edad escolar con este diagnóstico. El acoso es injustificable. Se ha analizado la asociación entre el grado de agresividad y el rechazo por sus semejantes, y se ha detectado que los niños que sufrían rechazo directo (primer grado) desarrollaban en el futuro más problemas de conducta y agresividad también.

Los niños acosados no son distintos al resto de los niños, de hecho, en ocasiones tienen características que les hacen sobresalir positivamente (pueden ser los más brillantes del aula, los más divertidos o los más justos). Es muy frecuente encontrar que los niños acosados no son aquellos con menos capacidades sino aquellos que más destacan por su bondad, su inteligencia, su belleza, su sentido del humor o su capacidad para hacer amigos. Por ejemplo, es común que la niña más guapa de la clase sea acosada por otras niñas que se vean a sí mismas como menos agraciadas. En estos casos, detrás del acoso está la envidia.
Otras veces los niños acosan porque han descubierto que a través del acoso pueden conseguir cosas (pueden conseguir que otros niños les den sus juguetes, su material escolar, su dinero o su bocadillo del recreo, por ejemplo).

Casi exclusivamente, cuando hablamos del tema nos preocupamos de atender carencias, apoyos y secuelas del acosado, dejando en un segundo plano al acosador. Lo que parece claro es que para que un menor se sostenga como acosador sus principios morales estarán mermados y tendrá carencias que justifiquen la crueldad mantenida con sus iguales. Un menor que se ha visto expuesto repetidamente y de forma prolongada al acoso sufrirá repercusiones negativas en su bienestar y desarrollo. Lo que muchas veces no identificamos son las consecuencias del acoso para el resto de implicados. Los agresores y los observadores se alimentan a diario de una devastadora tolerancia hacia la violencia y de una desconexión moral que les expone también. Erradicar el acoso requiere la implicación de todos: no sólo del entorno del acosado, si no también del acosador. Nadie puede ser cómplice silencioso. La duda es, entonces, cómo identifico si mi hijo es un acosador y qué hago al respecto. 

Los acosadores tienden a sacar defectos a sus víctimas como forma de herirles y de justificar sus actitudes de maltrato pero generalmente estas atribuciones de supuestos defectos son posteriores al inicio del acoso. Los acosadores siempre encontrarán motivos para meterse con cualquiera de las personas que tengan a su alrededor por tanto la causa del maltrato NUNCA está en la víctima de acoso, siempre está en el acosador. Los niños acosadores siempre acosan por los mismos motivos: o bien para conseguir algo o bien porque sienten una envidia profunda ante alguna característica del niño acosado. Acosar es la forma que tienen para conseguir sentirse populares. Desafortunadamente, hay niños que aprenden a una corta edad que a más violento sea uno más fácil le resulta controlar, manipular y dirigir a los demás. Descubren que cuanto más acosen y maltraten a otros más miedo tienen los demás en contradecirles y consiguen a través del acoso erigirse como líderes en sus centros educativos.

Cualquiera puede llegar a ser víctima de acoso y cualquiera puede formar parte del grupo del acosador aunque solo sea para evitar ser víctima o ser excluido del grupo. Sin embargo, existen características personales asociadas al mantenimiento de la conducta violenta en el caso del agresor. El perfil de los agresores se caracteriza por conductas desafiantes, actitudes negativas hacia los demás, carencia en habilidades de solución de problemas, percepción negativa de sí mismo, bajo rendimiento académico y mayor absentismo escolar; suelen provenir de familias con conflictos en la que sus figuras parentales manifiestan tener poco control sobre el hijo; el agresor suele percibir el ambiente de la escuela como negativo, presentan una mayor probabilidad de desconexión moral, dificultades para acatar normas y una marcada falta de empatía. El acoso puede generar graves daños psicológicos a las víctimas y también a los agresores. Las víctimas de acoso a veces llegan hasta el suicidio. Los agresores aprenden a comportarse violentamente hasta en su vida adulta. Distintos estudios han demostrado que un número importante de los acosadores cuya conducta no ha sido sancionada ni redirigida terminan convirtiéndose en adultos violentos y criminales.

Los acosadores, utilizan las diferencias de los demás para hacerles sentir mal, ridiculizarles o exponerles ante el resto. Sin embargo, “la diferencia” de la persona acosada no es el problema en ningún caso, el verdadero problema es el miedo, la envidia, la crueldad, la ira, la inseguridad y la infelicidad del acosador y cómo a través del acoso obtienen esa sensación de superioridad ante el resto.

"Miles de niños y niñas en España viven bajo el yugo del acoso escolar, por lo que no es cosa de niños, es un problema de todos. Es un hostigamiento continuado, un acoso verbal, físico, social y emocional." Ana Isabel Saz, psicóloga del programa televisivo Proyecto Bullying". El papel de la familia es imprescindible. Los padres tienen la enorme responsabilidad, desde el ejemplo, de fijar valores de respeto y sana convivencia en los hijos. Luego se sumarán los demás agentes, docentes, iguales, etc., que enriquecerán o enturbiarán los principios de cada cual. Debemos controlar la violencia que se expresa y  asumir actitudes claras hacia cualquier tipo de violencia. La familia necesita trabajar en colaboración con la escuela o instituto. Es importante pedir la implementación de medidas sistemáticas de detección, intervención y prevención del acoso escolar y acciones psicoeducativas que aborden la convivencia, el respeto, la cooperación, la comunicación, la resolución de conflictos, la diversidad... Sólo con la implicación, formación y motivación del personal docente se conseguirá dejar atrás el acoso. Hay veces que los centros no saben cómo reaccionar ante estas situaciones para garantizar la seguridad de los menores. Por eso se recomienda que informe al centro por escrito de manera que quede constancia de los hechos ocurridos con la finalidad de, en casos extremos en que el problema persista y el centro no tome medidas efectivas, poder adoptar medidas extremas como dejar de llevar al niño a clase, cambiar de colegio y/o interponer una demanda contra el centro educativo.
La ley hace responsables a los colegios de proteger a los niños de cualquier peligro que puedan sufrir estando en el centro escolar. Mandamos a nuestros hijos a centros educativos, no a campos de batalla, así que si se detecta acoso escolar debe exigirse al centro que tome medidas de protección de las víctimas y que sancione a los agresores por sus conductas de maltrato.
En aquellos casos en que los centros educativos no garantizan la seguridad de los alumnos y no protegen a las víctimas de acoso escolar es posible denunciar a los centros educativos por omisión de su responsabilidad. Ya existen sentencias que obligan a los centros a indemnizar a aquellos niños que han sido dañados por el acoso escolar. Cuando no se toman medidas aumenta el número de alumnos que participan de conductas violentas y aumenta la probabilidad de que el centro tenga que responder a demandas judiciales, indemnizando económicamente a las víctimas.

Controlar los niveles de acoso y violencia escolar puede ser a veces complicado, especialmente cuando por falta de medidas preventivas se hayan podido agravar y cronificar situaciones ya existentes. Es necesario tomar medidas preventivas para evitar los casos de acoso. Así que se hace imprescindible evaluar periódicamente los niveles de acoso escolar con herramientas específicas, debidamente elaboradas y validadas. En la actualidad existen diversas herramientas de medición del acoso escolar que permiten evaluar la situación de cada alumno dentro de un centro.
Medir el acoso escolar regularmente tiene una doble finalidad. En primer lugar permite detectar los casos ya existentes para tomar las medidas necesarias de protección de la víctima y sanción de las conductas de maltrato. En segundo lugar tiene efectos disuasorios, ya que aquellos niños que frecuentemente actúan de manera violenta reciben el claro mensaje de que sus conductas no son bien vistas por el centro y que por tanto serán sancionadas. Al contrario de lo que a veces se cree atajar las situaciones de acoso está al alcance de profesores y orientadores. No obstante es necesaria una firme voluntad para ceñirse a una política de tolerancia cero de la violencia. Debe primar el derecho de la víctima a ser protegida y los centros educativos tienen la obligación de garantizar ese derecho. La forma de garantizar la protección de la víctima consiste en estar abiertos a detectar y descubrir las conductas de acoso y violencia escolar.

Como padres/profesores también debemos ser conscientes de que algunos niños podrían ser testigos de este tipo de actitudes, por lo que debemos enseñarles a empatizar e implicarse para denunciar el acoso. También si reciben archivos, vídeos o fotos en las que se humilla a un compañer@, o son de carácter íntimo y privado, es MUY IMPORTANTE no participar en su difusión y denunciar.

Deberán detectarse, por tanto, conductas específicas de acoso y violencia escolar. Y deberán sancionarse esas conductas. Las sanciones transmiten el claro mensaje de que la violencia tiene un precio. La reincidencia en conductas de acoso escolar debería ir seguida de la reincidencia de las sanciones, con el debido incremento de la magnitud de la misma. Las primeras sanciones serán, por tanto, de carácter más moderado para ir creciendo en relevancia debiéndose tomar medidas importantes como avisar a padres de víctimas y agresores de los hechos ocurridos.
Es imprescindible proteger a la víctima y sancionar las conductas de acoso. Negar al problema o mirar a otro lado puede tener efectos difíciles de remediar. La medida final adoptada en los centros escolares sería, pues, la expulsión permanente del alumno agresor. Puede parecer una medida drástica pero en muchos casos será la única forma efectiva de garantizar la integridad de la víctima.

La prevención debe ser un objetivo fundamental. El niño/a necesita saber que alguien le cree y le apoya. El acoso no es una situación fácil y genera gran sufrimiento a las víctimas pero aún son muchos los padres que caen en la tentación de negar el problema de acoso escolar de sus hijos o que optan por trivializar su importancia. Mirar a otro lado ante las señales que deberían alertarnos puede derivar en graves consecuencias para la salud de nuestros hijos y la relación que tenemos con ellos. Aquellos niños que no se sienten escuchados y creídos por sus padres en materias de acoso pueden terminar ocultando el problema, un problema que a la larga puede generar daños severos sobre la autoestima del niño, así como cuadros de somatizaciones, estrés postraumático, depresión, etc. El acoso escolar mina poco a poco la resistencia psicológica de las víctimas y con el tiempo puede dar lugar a síntomas depresivos, trastorno de estrés postraumático, molestias somáticas, disminución de la autoestima y otros problemas. El daño psicológico puede afectar de manera significativa sobre el nivel de rendimiento escolar y a veces puede ser necesaria atención especializada para tratar la sintomatología producida por el acoso escolar.


[1] Datos estadísticos disponibles en Principio Golden5: documento que expone algunos de los problemas actuales en la educación, como es la falta de motivación, el rendimiento, las interrupciones en clase, la atención a la diversidad, etc


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Fuentes:
- http://www.cuatro.com/proyectobullying/contenido-extra/proyecto-bullying-acoso-escolar-agresor-hijo-padres_0_2331525457.html
- Asperga, jornada organizada bajo el título "Asperger y adolescencia." 24 de Febrero en A Coruña. 
- La Opinión de A Coruña. http://www.laopinioncoruna.es/sociedad/2017/02/25/riesgos-redes-sociales-acoso-adolescentes/1156229.html
- Comunicado de Febrero de 2007 contra el acoso escolar a los niños afectados por el Síndrome de Asperger. La Federación Asperger España se adhiere a los principios reivindicativos de otros colectivos y asociaciones que luchan contra el acoso escolar y conforman la Plataforma de Iniciativa Ciudadana Contra la Violencia en la Escuela (PICAVE), para exigir a la Administración la aceptación y reconocimiento de la realidad del acoso escolar en España, y soluciones eficaces.
- Mobbing Escolar, (2007) I. Piñuel y A. Oñate.
- EL PROBLEMA DEL ACOSO ESCOLAR. Síndrome de Asperger. Síndrome Invisible. Ed. Psylicom. Sacha Sánchez-Pardíñez. (2013). Páginas 107 a 113. http://www.mundoasperger.com/2015/06/el-problema-del-acoso-escolar.html


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