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27/7/19

Ecofrasia o ecolalia usada como neologismo.



Ecofrasia es un sinónimo de ecolalia. Se llama así a la reacción en eco en la que una persona imita las palabras de su interlocutor. 
La ecolalia no es en todos los casos indicativa de una patología. De hecho se da en el desarrollo normal del lenguaje, en periodos tempranos, conociéndose en este caso como ecolalia evolutiva y que se usa como estrategia de adquisición del lenguaje de forma que los ecos son consecuencia de un ajuste del niño al conjunto de reglas lingüísticas que están aprendiendo. "Los niños al principio no hablan. En cambio, emiten sonidos que parecen anticipar los sonidos del lenguaje humano y que a la vez se encuentran, en su esencia, en los antípodas. A medida que se aproximan al momento en el que comienzan a formar las primeras palabras reconocibles como tales, tienen a su disposición tal potencial para la articulación que nadie, ni siquiera el más dotado de los adultos políglotos, aspiraría a igualar. Es precisamente por esta razón que Roman Jakobson se sintió cautivado por el balbuceo de los niños (...) y por la ciencia que estudia las formas sonoras del lenguaje." Función Lenguaje. Jakobson llegó a la conclusión de que en aquello que él dio en llamar “la cumbre del período de balbuceo” (die Blüte des Lallens) no pueden fijarse límites a las capacidades fónicas del niño que balbucea. Respecto de la articulación, Jakobson sostenía que los niños son capaces de todo. Sin el menor esfuerzo pueden producir todos y cada uno de los sonidos incluidos en todas las lenguas humanas. Cabría pensar que, con tal potencial para el habla, la adquisición del lenguaje habría de ser una tarea rápida y sencilla para el niño o niña. Sin embargo, no es así. Entre el balbuceo del niño y sus primeras palabras no sólo no hay un pasaje fluido sino que hay pruebas de que se produce una interrupción muy marcada, algo parecido a un momento decisivo en el que las capacidades fonéticas hasta entonces ilimitadas parecen tambalear.


En situaciones de estrés o ansiedad la ecolalia ayuda a calmarse o autorregularse a muchas personas. Las ecolalias también aparecen encasos en los que está afectado el lenguaje y a la comunicación y en personas con síndrome de Tourette.
"Las personas autistas a menudo desarrollan su propia colección de frases comunes, llamadas neologismos. Estos tienen un significado específico para el hablante, pero pueden no significar mucho para nadie más. Por ejemplo, un niño puede usar una frase como "Hoy se rompe la televisión" para expresar su malestar. ¿Por qué? Porque un día, cuando quería ver su vídeo favorito su madre le dijo que "el televisor está roto hoy" y esa frase se asoció con sentimientos de malestar por él. Cuando llega a casa después de un mal día en la escuela y dice: "Hoy se rompe la televisión" le está diciendo a su madre que está molesto. Los neologismos pueden ser difíciles de entender para los oyentes especialmente si se desconoce el contexto original del discurso." Mi cerebro atípico.
Según el uso que se haga de la ecolalia, ésta se clasifica en: 
- Ecolalia funcional, que se produce cuando el eco emitido manifiesta una intención comunicativa, (función fática o de “toma de turnos”, petición de objeto, petición de acción, protesta, vocativo, función de respuesta o declarativo). O cuando desempeña una función no interactiva, (autorregulación de la acción o de la conducta). Este tipo de ecolalia puede verse reducida al incrementarse las competencias lingüísticas.
- Ecolalia no funcional, que son emisiones irrelevantes al contexto o a la situación, que se caracterizan por carecer de un propósito comunicativo o función determinada y generalmente tienen un carácter auto-estimulatorio o autorregulador, (las repeticiones verbales pueden calmar o ser placenteras) y  van acompañadas de otras conductas repetitivas y estereotipadas.  Un ejemplo claro de este tipo de ecolalia es la repetición por parte del niño o niña de un diálogo que ha escuchado en su serie de televisión favorita o en algún anuncio de televisión. Este tipo de ecolalia puede persistir aún cuando el individuo haya adquirido mayores competencias comunicativo-lingüísticas, sobre todo en momentos de ansiedad, fatiga o distracción.




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Fuentes:- Ecolalia en el Diccionario de Psiquiatría: https://psiquiatria.com/glosario/ecolalia
- Memoria de balbuceo. Ecolalia: https://funcionlenguaje.com/index.php/en/sala-de-lectura/noticias/427-ecolalia-memoria-del-balbuceo.html
- Daniel Heller-Roazen, Ecolalias. Sobre el olvido de las lenguas: https://funcionlenguaje.com/index.php/en/sala-de-lectura/noticias/427-ecolalia-memoria-del-balbuceo.html
- María Vivó de red Cenit. La ecolalia en el Trastorno del Espectro Autista. Qué es y por qué se produce: https://www.redcenit.com/la-ecolalia-en-el-trastorno-del-espectro-autista-que-es-y-por-que-se-produce/
- Mi cerebro atípico: ¿Se deben extinguir las ecolalias?
Fuentes:
- MuNDo AsPeRGeR: Ecolalia.: https://www.mundoasperger.com/2016/03/ecolalia.html
- Las personas con Asperger tienen lenguaje NORMAL aunque con rasgos específicos: https://www.mundoasperger.com/2018/02/los-asperger-tienen-lenguaje-normal.html







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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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