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26/6/19

Vinculación entre personas gracias a la empatía.

La empatía es un mecanismo psicológico a través del cual una persona se vincula con las otras y percibe actitudes en los otros a las que más tarde atribuirá estados mentales. 
Suele considerarse que en las personas con trastornos del espectro autista /Asperger aunque los déficits en las interacciones sociales y los comportamientos excéntricos son características que persisten durante toda la vida la adaptación a nivel socio-laboral, y la interacción familiar así como el nivel de autonomía, parecen más favorables en el Asperger que en otras formas de TEA. Sin embargo, características como el perfeccionismo rígido (que lleva a retrasar la realización de las tareas), la desmotivación, la dificultad para comprender términos abstractos, la inatención, los problemas de organización, gestión y uso del tiempo, la escasa comprensión de las normas laborales implícitas, la escasez de habilidades empáticas, las conductas extravagantes, la rigidez mental y comportamental, etc., limitan el éxito académico de las personas con cualquier modalidad de TEA así como su desempeño profesional.  

La empatía es importante a la hora de obtener resultados en un trabajo, entablar negociaciones y determinar la satisfacción de los empleados o su rendimiento. Según Javier Tirapu Ustárroz y Raquel Balmáseda explicaban en el I Simposio Nacional de Asperger Femenino  lo que conocemos como empatía tiene en realidad dos componentes: la empatía cognitiva y la empatía emocional. Hasta ahora poco se sabía acerca de qué modo de pensamiento, intuitivo o sistemático, era el que ofrecía una mayor precisión en la percepción de los sentimientos del otro. Ahora sabemos que la empatía nos permite comprender los sentimientos de quienes nos rodean y, por lo tanto, cambiar nuestros patrones de comportamiento para adaptarnos a otro estado emocional. Además la empatía nos permite experimentar lo que el otro subjetivamente siente, sin confundir sus sentimientos con los nuestros. Bajo nuestro punto de vista la idea de que las personas con trastornos del espectro autista no son empáticas es errónea. De hecho no solo sienten empatía hacia los demás sino que en algunos casos se podría hablar incluso de hiperempatía.



 "La empatía es un componente esencial para la experiencia emocional y la interacción social, y denota una respuesta afectiva a estados mentales directamente percibidos, imaginados o de sentimientos inferidos por otra persona. Nos permite entender, sentir y responder adecuadamente a estímulos sociales, generando una adecuada socialización. La empatía se ha considerado sinónimo del contagio emocional, mimetización, simpatía, compasión e interés empático. Si bien todos ellos son conceptos relacionados y necesarios para el desarrollo de una cognición social adecuada, no son lo mismo, aunque todos son imprescindibles para el desarrollo de la empatía o sus consecuencias. La empatía permite ‘sentir con’, mientras que la simpatía, la compasión y el interés empático se relacionan con el ‘sentir por’ o sentir lo adecuado. Estudios realizados en personas con TEA han demostrado bajo cociente de empatía." Víctor L. Ruggieri en Empatía, cognición social y trastornos del espectro autista. El reconocimiento de las actitudes de los otros y el desarrollo de la imitación posibilitan el acceso a la mente del otro. Desde esta concepción, en los trastornos de tipo autista parece existir dificultades con el procesamiento de estímulos afectivos. De hecho, las personas con un TEA se pueden poner en lugar del otro y apreciar cómo se siente, incluso es posible que sientan sus emociones con mayor intensidad que los normotípicos. Eso sí, su reacción o respuesta ante las emociones de los demás serían desajustadas, poco previsibles o incluso desajustadas. A las personas con síndrome de Asperger el síndrome les produce dificultades para la relación entre sus iguales, para empatizar con los demás y para comprender las normas y convencionalismos sociales, por eso no saben comportarse adecuadamente en muchos contextos, hablan a destiempo a veces, etc. 

La deficiencia en la cognición social en personas con trastornos del espectro autista se ha relacionado con un déficit en la empatía ya que la teoría del déficit en la empatización e hipersistematización permite una explicación comprensible y coherente para entender, en parte, la génesis de estos trastornos. Bajo nuestro punto de vista la idea de que las personas con trastornos del espectro autista no son empáticas es errónea. De hecho no solo sienten empatía hacia los demás sino que en algunos casos se podría hablar incluso de hiperempatía.




La empatía permite ‘sentir con’, mientras que la simpatía, la compasión y el interés empático se relacionan con el ‘sentir por’ o sentir 'lo adecuado'.
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- Qué son los TEA desde la perspectiva neuropsicológica:
https://www.mundoasperger.com/2018/06/que-son-los-tea-desde-la-perspectiva.html
- Inteligencia emocional y empatía: https://www.mundoasperger.com/2018/01/inteligencia-emocional.html
- Empatía y síndrome de Asperger: https://www.mundoasperger.com/2016/05/empatia-y-sindrome-de-asperger.html 
- La empatía, que parece fallar en las personas con Asperger: https://www.mundoasperger.com/2017/08/la-empatia-que-parece-fallar-en-las.html
- Javier Tirapu Ustárroz y Raquel Balmáseda explicaban en el I Simposio Nacional de Asperger Femenino

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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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