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27/6/19

Daños autoinfringidos con la finalidad de encajar.



Los niños y niñas con trastornos del espectro autista a menudo no mantienen contacto visual normal ni usan gestos en situaciones sociales, tienen dificultades para compartir, cooperar o esperar su turno y parecen preferir jugar solos, no mostrando interés en juegos de imaginación o juego simbólico.
A veces, por encajar con los demás, nos hacemos un daño brutal a nosotros mismos.
Debido a esto, entre otras cuestiones, suelen llevarse bien con adultos sensibles pero encajar con otros menores o formar amistades con otras personas de su edad es difícil para ellos.
   Con el objetivo de conformar un círculo social o hacer amigos muchas veces los niños y niñas se camuflan para confundirse entre los demás y que no se les note que son y piensan de forma diferente. este proceso, a menudo, les causa después problemas de ansiedad, cansancio, dolores de cabeza o musculares y otros problemas que pueden hacerles decidir en algún momento que su esfuerzo no compensa con el resultado obtenido.
   Los niños y niñas con Asperger tienen dificultades parecidas a los que tienen más necesidad de apoyo pero son menos evidentes: a menudo se pierden con las reglas no escritas de la interacción social y no se percatan de situaciones sociales determinadas. Si no pertenecen a un círculo social que les acoja y ayude con sus peculiaridades el esfuerzo que han de hacer para socializar puede llegar a provocarles distrés pero, por otro lado, es que sentirse solos o excluidos les causa angustia, especialmente en la adolescencia, un período en el cual las personas toman una nueva dirección en su desarrollo alcanzando además su madurez sexual. 
   Los adolescentes se apoyan en los recursos psicológicos y sociales que obtuvieron en su crecimiento previo, elaboran su identidad y se plantean un proyecto de vida propio, rompiendo con los lazos de dependencia de los padres o tutores. Es fundamental, pues, que durante la infancia reciban suficientes refuerzos positivos y aprendan estrategias como para que las dificultades propias de la adolescencia no les pasen factura. Se espera de ellos una inserción autónoma en el medio social en esta etapa vital que impone cambios físicos, cognitivos, emocionales y comportamentales y ese proceso no es nada fácil para nadie, ni con Asperger ni sin él. 


Cada uno descubre qué papel ha de desempeñar en el grupo, a nivel social, y adquiere las estrategias necesarias de competencia social que necesita a lo largo de su vida, habilidades sociales básicas para sintonizar con los demás, habilidades de escucha y empatía, técnicas de comunicación y resolución de conflictos… La persona con síndrome de Asperger suele necesitar ayuda para desarrollarse óptimamente durante su adolescencia y para evitar el riesgo de padecer alteraciones psicológicas como depresión, ansiedad u obsesiones ya que esta etapa es especialmente difícil para ellos.


Muchos y muchas personas con Asperger desean tener amigos y encajar en su entorno, se sienten frustrados cuando se topan con dificultades porque su problema no está en la falta de interacción sino en la falta de eficacia en esas interacciones, debido a que fracasan al hacer conexiones sociales aunque muestren interés en hacerlas.
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