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5/12/18

La Fundación ONCE presenta una guía para un uso no sexista del lenguaje que tiene en cuenta a la mujer con (dis)capacidad.



Fundación ONCE ha presentado en Madrid la ‘Guía para un uso no sexista del lenguaje’, incluyendo una mirada especial al empleo y la discapacidad. Se trata de un documento elaborado con el apoyo del Fondo Social Europeo que pretende facilitar que el modo en que nos referimos al mundo que nos rodea sea verdaderamente inclusivo.

En Fundación ONCE se tiene muy presente la dimensión de igualdad, por eso consideran que es importante esta guía, porque los pequeños detalles también influyen para lograr esa sociedad igualitaria y sin violencia de género. El uso no sexista del lenguaje precisa de renovados esfuerzos para seguir avanzando y conseguir que el modo en el que nos referimos al mundo que nos rodea sea verdaderamente inclusivo y con ello promovamos la igualdad. 
   La guía evidencia que el lenguaje que usamos habitualmente suele ser sexista, pone el acento en que el uso habitual del lenguaje no es el adecuado sino el reflejo de un pensamiento que no está trabajado en la línea de la igualdad, que no es neutro y que suele ser sexista. 
   Un valor añadido es que la guía además vincula el lenguaje con el empleo y la discapacidad, contiene ejemplos prácticos y recoge tres objetivos prioritarios: detectar y visualizar situaciones de uso inadecuado por sexista; poner sobre la mesa alternativas posibles o prácticas idóneas para acabar con la desigualdad y usar el lenguaje como palanca para conseguir una sociedad inclusiva. 
   Por tanto sus objetivos son: visibilizar y detectar el uso sexista del lenguaje; ofrecer diferentes estrategias y soluciones prácticas para evitar el sexismo lingüístico; facilitar fórmulas concretas para sustituir el lenguaje sexista por uno más inclusivo; aportar una herramienta útil y práctica para resolver las dudas; contribuir al reconocimiento de la realidad; familiarizar a quienes lean la guía con las estrategias no sexistas que posee la lengua, evitando la ambigüedad de ciertos mensajes sin contradecir las normas gramaticales, y mejorar las relaciones a través del lenguaje para escribir y hablar con precisión y transformar el sexismo. Todo ello, bajo la estructura de cinco grandes capítulos, centrados en: 
1. El sexismo lingüístico. 
2. Cómo detectar y evitar el sexismo lingüístico. 
3. El lenguaje no sexista en la documentación y comunicación de la organización. 
4. El lenguaje no sexista en el ámbito laboral. 
5. Discapacidad y lenguaje sexista, para concluir con Anexos de recomendaciones generales y ejercicios, así como con referencias bibliográficas.
   Esta guía debe convertirse en un documento de uso cotidiano para conseguir que la igualdad real y efectiva, lo que hasta ahora no se ha conseguido, tal como demuestran los siguientes datos: se mantiene la “brecha salarial” -más del 14%-, sigue habiendo menor acceso a puestos directivos para las mujeres -2,2 varones por cada mujer-, etc.


La secretaria general de Fundación ONCE, Teresa Palahí, fue la encargada de presentar la guía en una mesa redonda moderada por Maria Tussy-Flores, jefa del Departamento de Programas Europeos de Fundación ONCE, en Noviembre de 2028. En la mesa en participaron Isabel Mastrodomenico, directora de la Agencia Comunicación y Género; Carla Bonino, responsable de la Unidad de RSC y Sostenibilidad de Fundación ONCE y Alicia Gómez, editora de Igualdad en Televisión Española. En su intervención, Teresa Palahí destacó el poder del lenguaje, que refleja la realidad y la construye. “Hablamos como pensamos y confirma la percepción que tenemos del mundo, de este modo puede perpetuar desigualdades o favorecer la eliminación de barreras y discriminaciones. Los términos, los usos, las maneras y las expresiones son importantes”, advirtió a los presentes.
La guía actualiza y amplía la antetior publicación titulada ‘Guía para la utilización de un lenguaje no sexista’, que se editó en 2011, y revisa diversos usos habituales del lenguaje proponiendo alternativas no sexistas, con un enfoque práctico que incluye una atención especial al lenguaje en el ámbito del empleo, la formación y la inserción laboral en su parte final, que cuenta con la colaboración de la Fundación CERMI Mujeres.
   La publicación concluye con reflexiones y sugerencias específicas sobre el lenguaje sexista y la discapacidad, abordando de modo particular a las mujeres con discapacidad. Por tanto esta guía refleja el compromiso de Fundación ONCE con la igualdad de género en todas sus vertientes
   La publicación está disponible en papel, en formato pdf accesible y en e-pub AQUÍ




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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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