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Aviso: se emplea en este blog, ocasionalmente, el neutro o masculino (acabado en -o) en los términos que admiten ambos géneros, sin que ese uso gramatical esconda una discriminación sexista sino porque, dado que la lengua castellana no proporciona expresiones neutras para indicar ambos sexos, así se evita la tediosa lectura que podría suponer el uso de ambos términos en todas las ocasiones (niño/a, los hombres y mujeres, los alumnos y las alumnas, etc.)

27/8/18

¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestros hijos? Guía de descarga gratuita.



Los niños son muy sensibles, absorben las tensiones del ambiente y tratan de entender, de acuerdo a su edad, lo que está pasando. El manual "¿Qué podemos hacer? Ayudando a nuestros hijos en tiempos de violencia y conflicto social" fue elaborado por Carolina de Oteyza en estrecha colaboración con un grupo de profesionales


Ilustración de la portada de Irene Pizzolante



Reproducción y difusión:

Este manual ha sido elaborado para su libre uso y difusión. Queremos que sirva a padres, madres, maestros, maestras y cuidadores para apoyar emocionalmente a niños y adolescentes en momentos de conflicto social. La publicación puede ser reproducida, copiada o difundida, parcial o totalmente, sin necesidad de pedir permiso siempre que sea para este uso o con fines educativos. No debe ser usado para fines comerciales o de lucro.
   Les agradecemos citar la fuente y hacer referencia al título.
   También nos gustaría que nos hagan llegar cualquier comentario que tengan sobre el manual a la siguiente dirección de correo electrónico: apoyoencrisis@gmail.com

Como padres tratar de entender y acompañar a nuestros hijos en las distintas etapas de su desarrollo es normalmente un reto pero, en situaciones de conflicto social, donde la violencia y la angustia se vuelven cotidianas, llenan las calles y se cuelan en nuestras casas, ser padres y madres es mucho más difícil y más importante. En estos momentos de alta conflictividad nuestros niños y niñas necesitan un apoyo especial ya que el ambiente se ha cargado de tensión. Los adultos estamos llenos de ansiedad debido a la violencia, la inseguridad, la precariedad laboral, la incertidumbre... Todo esto es captado por nuestros hijos, que nos conocen y que, aunque quizás no entienden qué es lo que está pasando, se dan cuenta de que algo no está bien. 
   Los niños son como esponjas, absorben lo que sucede a su alrededor y eso les afecta y, por otro lado, los padres y madres tenemos muchas dudas, ¿debemos explicarles a los niños lo qué pasa?, ¿cuándo y cómo debemos hablar con ellos?, no se separa de mí ¿qué hago?... Los niños muestran diferentes signos en momentos de estrés. Saber reconocer y entender esos signos, esas reacciones, así como entender cómo la violencia nos está afectando a nosotros, nos ayudará a acompañar mejor a nuestros hijos en estos momentos.
   Algunos niños o sus familiares han sido víctimas directas de la violencia mientras otros la viven indirectamente a través de los adultos que les rodean, de sus amigos, de la televisión y de la escuela. Todos, de una u otra manera, se están viendo afectados por un ambiente social crispado y difícil. En estos momentos es fundamental proteger la salud emocional de nuestros hijos e hijas brindándoles el apoyo necesario para enfrentar la situación. 

Con la finalidad de ayudar a padres y madres a conseguir más tranquilidad y calma, y menos estrés y desazón, de sus hijos e hijas, se ha elaborado este material con el que se pretende:
   - revisar las reacciones más frecuentes que tienen los niños ante situaciones de estrés y violencia,
   - dar algunas recomendaciones para acompañar a nuestros hijos y brindarles la protección emocional que necesitan,
   - sugerir actividades que podemos hacer para comunicarnos mejor con nuestros hijos y trabajar con ellos las emociones.
   Los niños menores de 5 años no pueden entender bien lo que está pasando a su alrededor y esto, en parte, les protege de la situación de tensión que vivimos. Sin embargo, perciben y absorben la angustia y ansiedad que nosotros tenemos.
Los niños y niñas pequeñitos sienten que algo no está bien aunque no entienden qué ni por qué. Los bebés y niños en edad pre-escolar reaccionan al miedo y a la tensión que notan  en los adultos cercanos a ellos, son sensibles y responden a la separación y a la pérdida de estabilidad y de rutina en el funcionamiento normal de la familia. La rutina les da seguridad y el caos los pone nerviosos y les afecta.
   A esta edad los niños dependen física y emocionalmente de las personas que les cuidamos. Sus reacciones están fuertemente influenciadas por cómo nosotros, las personas que les amamos, en quienes ellos confían y con quienes se sienten protegidos, reaccionamos ante la situación. A veces los niños convierten el miedo y nerviosismo que absorben de su entorno en terribles fantasías, sienten que nosotros o ellos corren peligro, tienen pesadillas donde se pierden, están heridos, los persiguen o les amenaza un monstruo...  A veces incluso, buscando una explicación, llegan a creer que lo que está pasando o pasó es culpa de ellos.
   A estas edades, con frecuencia, los juegos de los niños recrean, una y otra vez, detalles de lo que está sucediendo. Elementos de la realidad, palabras, situaciones o imágenes aparecen en su juego y a través del juego expresan sus angustias, sentimientos y emociones. De hecho, a través del juego, de la dramatización de los eventos (teatro y representaciones), tratan de manejar y dar sentido a lo que está sucediendo y buscan tener algo de control sobre la situación. En esos momentos el juego se convierte en su terapia ya que jugar es una manera intuitiva de tratar de entender, de expresarse, de cuidarse y de sanarse.

Los niños en edad escolar, aunque todavía no entienden bien todo lo que pasa, ya perciben y saben lo que significa una amenaza para ellos y para otras personas. A esta edad todavía les cuesta entender ideas abstractas pero son capaces de comprender explicaciones concretas, sencillas y adaptadas a su nivel.
Ahora no sólo ven lo que les pasa a ellos y a su familia sino que se dan cuenta de lo que pasa más allá de su hogar: en la escuela, en la calle, en su barrio y en el país. Son capaces de considerar puntos de vista diferentes al suyo. Como su forma de pensar sigue siendo muy concreta les cuesta entender en profundidad situaciones traumáticas y complejas como la violencia social y política (si la situación actual en ocasiones es incomprensible y difícil de procesar para los adultos para ellos lo es más). Por eso, porque entienden pero no entienden del todo, porque captan pero no completamente, los niños de estas edades pueden volverse muy temerosos, confundidos y ansiosos ante lo que esté pasando.
Pueden sentirse muy angustiados por la amenaza real (que algo le pase a él o ella, a un ser querido o a un amigo) y sus reacciones pueden ser impredecibles, cambiando de un estado emocional a otro, pasando de mostrarse tímidos y retraídos a ser agresivos; evitando las muestras de cariño o buscándolas; requiriendo en forma constante nuestra  atención; pueden quejarse de dolores físicos; volver a sentir miedos de cosas ya superadas o, como en el caso de los niños pequeños, comportarse como niños de menor edad.
   Los más jóvenes de este grupo de edad pueden, como los niños pequeños, recrear en sus juegos las situaciones traumáticas que se están viviendo y hacer dibujos de los eventos que les generan tensión.
   A estas edades todavía no son suficientemente independientes para hacer algo que pueda ayudar a cambiar las cosas, sentirse más seguros y disminuir sus miedos así que se pueden llegar a sentir inútiles y culpables por ‘no hacer nada’, por tanto, todavía dependen en gran medida del apoyo físico y emocional que nosotros les proporcionamos.



Más que en cualquier otra etapa de su desarrollo los niños pre-adolescentes y adolescentes tienden a ser reservados, a guardarse para ellos mismos lo que sienten y piensan. Lo que sucede a su alrededor les afecta fuertemente pero muchos se lo callan. Esto les puede llevar a desarrollar tristeza, desánimo, apatía, pueden aislarse de sus amigos y de su familia y pueden tratar de aparentar que todo está bien aunque no sea así en realidad.
Los niños y jóvenes entre 12 y 18 años de edad entienden lo que está pasando a su alrededor y perciben con claridad las amenazas reales que pueden existir. El mundo de pronto se les presenta como un lugar inseguro y peligroso así que los adolescentes son unos de los más afectados física y emocionalmente por la violencia en el entorno. Su comportamiento va a variar dependiendo de su nivel de madurez: las reacciones de muchos de ellos serán como las de los adultos mientras que las de otros serán más parecidas a las de niños más pequeños.
En la adolescencia los jóvenes buscan independizarse, toman sus propias decisiones y se relacionan con personas fuera de su entorno familiar. Tienden a ser idealistas y muchos quieren hacer algo e involucrarse en lo que está pasando. Tienen deseos de justicia y sentimientos de rabia que les impulsan a actuar  ante situaciones para las cuales no están en realidad preparados emocionalmente y, a veces,  asumen riesgos provocando a los demás o ignorando el peligro.
   Los que han sufrido maltrato directamente o han experimentado una situación de violencia, han sido heridos o abusados, por poner algunos ejemplos, pueden tener reacciones más intensas e impulsivas. Son muchas las emociones que les invaden y no saben cómo manejar lo que les pasa. 


Vivimos en tiempos de violencia social ¿cómo afecta a nuestros hijos?¿qué podemos hacer? Si quiere respuestas puede seguir leyendo AQUÍ.
Fuente de descarga: https://www.dropbox.com/s/zcchn93ybd7flxi/Manual%20-%20Ayudando%20a%20Nuestros%20Hijos.pdf?dl=0

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