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17/5/17

Habilidades sociales de personas con TEA en el entorno laboral.



Las habilidades sociales son aquellas conductas que aprendemos y reproducimos en un contexto interpersonal, es decir, cuando tenemos que interactuar con otras personas. A través de ellas expresamos sentimientos, motivaciones, actitudes, opiniones, y sobre todo damos información al interlocutor sobre quiénes somos. 
Las habilidades sociales nos permiten establecer relaciones satisfactorias con los demás, y son imprescindibles para hacer amigos, defender nuestros derechos, establecer una pareja, obtener y mantener un puesto de trabajo. En el desarrollo de las habilidades sociales es importantísimo potenciar al máximo las capacidades individuales de comunicación verbal y no verbal (contacto ocular, postura, distancia, sonrisa, tono de voz, expresión facial, cuidado personal…)



En el entorno laboral existen ciertas habilidades que se consideran imprescindibles y que se demandan, aunque no de forma explícita dado que forman parte del conocimiento popular. Algunas de estas habilidades implican aspectos tan importantes como respetar los horarios de una forma flexible, mantener unas condiciones aceptables de salud e higiene, saludar y tener una actitud amable con los compañeros, seguir órdenes y preguntar o pedir ayuda cuando se necesite, etc. Las personas con TEA, debido a las características propias del trastorno, necesitan orientación y entrenamiento para el desarrollo de las habilidades sociales y comunicativas, y precisan ser informadas de las normas y demandas de una manera explícita y suficientemente clara para que puedan aprender y comprender lo que se les pide. Las dificultades de las personas con TEA para establecer relaciones sociales vienen determinadas en parte, porque les resulta complicado ponerse en el lugar del otro, tienen dificultad para hacer atribuciones sobre los estados mentales de los demás. La comunicación es un complejo universo de códigos compartidos y empáticos. Las personas con autismo no desarrollan lenguaje verbal o desarrollan un lenguaje muy limitado y poco funcional. El entrenamiento en comunicación compensa estos déficits y les proporciona sistemas alternativos de comunicación basados fundamentalmente en la utilización de pictogramas, fotografías y nuevas tecnologías centradas en códigos visuales.
El lenguaje no verbal, los gestos, las expresiones del rostro, el tono de voz, también se ven afectados. Las personas con autismo son muy inexpresivas o exageradamente expresivas, les resulta extremadamente difícil comprender las expresiones faciales o corporales de emociones como el enfado, el alivio, la angustia, la impotencia, la decepción, etc, y se encuentran limitados para inferir los motivos que hacen que otras personas se sientan de tal o cual manera. Otra de las peculiaridades en la comunicación de las personas con autismo es su interpretación literal del lenguaje; esto significa que entienden las frases exactamente como son, y tienen grandes dificultades para entender los dobles significados y las metáforas. La utilización de un lenguaje claro, y de órdenes sencillas apoyadas siempre que sea posible con ayudas visuales, es fundamental para facilitar a la persona con autismo la comprensión del contexto laboral, y para disminuir la posible frustración que sienten cuando se encuentran “perdidos” ante una información o un cúmulo de informaciones extremadamente compleja. Suele considerarse que, aunque los déficits en las interacciones sociales y los comportamientos excéntricos son características que persisten durante toda la vida en la persona neurodiversa, la adaptación a nivel socio-laboral y la interacción familiar, así como el nivel de autonomía, parecen más favorables en el Asperger que en otras formas de TEA como el autismo. Sin embargo, características como el perfeccionismo rígido que lleva a retrasar la realización de las tareas, la desmotivación, la dificultad para comprender términos abstractos, la inatención, los problemas de organización, gestión y uso del tiempo, la escasa comprensión de las normas laborales implícitas, la escasez de habilidades empáticas, las conductas extravagantes, la rigidez mental y comportamental, etc., limitan el éxito académico de las personas con cualquier modalidad de TEA así como su desempeño profesional.‪ ‬ ‪El autismo y el síndrome de Asperger, como síndromes que duran toda la vida, no impiden que el desarrollo continúe (aunque a otro ritmo) y muchas personas con un TEA aprenden a adaptarse muy bien a sus dificultades. Así, la gente que está sólo levemente afectada vive una vida normal cuando son adultos, pueden ser independientes y tener una familia y un trabajo. La gente que está más afectada probablemente tendrá una independencia más limitada pero todo dependerá de sus habilidades personales y del tipo de ayuda y apoyo que reciban para alcanzar su potencial máximo. No nos engañemos, algunos individuos afectados de forma intensa necesitarán supervisión y cuidados toda su vida.‬ ‪
  El ‬autismo no es una discapacidad física, pero entraña una percepción del entorno diferente, y por lo tanto, una interpretación también diferente de los mismos estímulos. Así por ejemplo, un sonido aparentemente mínimo puede ser percibido como un ruido estridente, lo mismo sucede con los colores, las formas, los olores, la temperatura, la presión, etcétera. Esta forma especial de ver y entender lo que les rodea, puede generar respuestas sociales “poco comprensivas” para personas ajenas al trastorno. Por ello, en el entorno laboral es importante conocer qué situaciones pueden estar afectando a la persona con autismo para adecuar los espacios o proponer soluciones a situaciones que puedan resultarles agresivas. 



Algunos trabajos implican la necesidad de tomar decisiones, reaccionar con rapidez, resolver problemas, tomar la iniciativa en el desarrollo de alguna idea o proyecto. Las dificultades en imaginación de las personas con autismo hacen que estos trabajos variables e innovadores les supongan normalmente una importante carga de ansiedad, puesto que las demandas de los mismos inciden especialmente en sus áreas de dificultad. La tendencia a la invarianza, la inflexibilidad que les caracteriza, pueden agudizar el sentimiento de incompetencia social, al no saber cómo manifestar sus quejas y necesidades. Es éste un aspecto importante en los procesos de inserción laboral de este colectivo, en el que tan imprescindible es tener en cuenta el análisis funcional del puesto de trabajo, como lo es conocer el perfil profesional de la persona. Los puestos de trabajo en los que las tareas están bien definidas, estructuradas, son rutinarias o con pocos cambios y se realizan de modo esencialmente mecánico, son puestos con condiciones ideales para la inclusión de este colectivo. El entrenamiento para la adquisición de habilidades sociales en las personas con autismo se efectúa a través de la construcción de guiones sociales, rol-playing, modelado, conversaciones guiadas, visionado de vídeos, cómics e historias sociales fundamentalmente.
"Las habilidades sociales son capacidades específicas que se  requieren para ejecutar en forma competente una tarea interpersonal. Tiene que ver con la capacidad de expresar sentimientos, deseos, pensamientos, de acuerdo al contexto, logrando lo que uno quiere sin dañar al otro. Para lograr lo que uno quiere y no dañar al otro es indispensable usar conductas asertivas.  Para ser hábil en el uso de estas conductas es necesario saber QUÉ decir, A QUIEN, CÓMO , DÓNDE  y CUÁNDO decirlo. Es importante la presencia de flexibilidad comportamental. Esta es la capacidad para modificar en forma rápida y constante nuestro comportamiento a partir de cualquier cambio del ambiente. Este proceso se da casi de manera inconciente y requiere de juicio de contexto social." (Lic. Verónica Tielens, vtielens@yahoo.com).





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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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