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9/10/16

Estrategias para organizarse en el colegio.



    Estrategias para reforzar la habilidad del niño para organizarse en el colegio:
    La estructuración del entorno físico, el establecimiento de rutinas estables y la organización precisa de la vida social del colegio sin duda fomentan la sensación de orden en el entorno, así como la habilidad del niño para predecir los acontecimientos cotidianos, aumentando de este modo su capacidad para la organización conductual. Así pues, un centro escolar con una ideología educativa directiva y caracterizado por horarios académicos fijos, un currículo altamente estructurado, unos objetivos académicos claros, y unas reglas generales de comportamiento explícitas tiende a ser más beneficioso para el niño con el síndrome de Asperger que un entorno escolar con una ideología educativa basada de una forma más fundamental en el fomento de la creatividad y la iniciativa del niño. En la actualidad, la mayoría de los profesores en escuelas primarias intenta imponer una organización y estructuración de la clase flexibles, y en ocasiones cambiantes, con el propósito de estimular el trabajo colaborativo entre los niños y fomentar y extender los vínculos sociales entre ellos. 
   Claramente, el niño con un desarrollo normal se adapta rápidamente a cualquier estructura impuesta y cambia de grupo, de mesa de trabajo y de clase con entusiasmo y sin problemas. En contraste, algunos niños con el síndrome de Asperger no suelen estar tan dispuestos a la aceptación de los cambios nimios en sus rutinas cotidianas, por lo que podrían mostrar una disposición desfavorable con respecto a la flexibilidad de la organización de la clase. Por consiguiente, en el caso de algunos niños, es vital para ellos la colocación fija de un pupitre, una estantería y un lugar de trabajo estables a lo largo del curso.



   El uso de las agendas de planificación: Una segunda estrategia para reforzar la habilidad del niño para organizarse es el uso de las agendas de planificación. La agenda consiste en un simple registro escrito de la secuencia de actividades y tareas a realizar durante el día, siendo un procedimiento similar al utilizado por la mayoría de los adultos en la organización de sus días de trabajo. Dado el nivel alto de funcionamiento del niño, se debe reforzar su habilidad para el diseño y el uso independiente de su propia agenda para así fomentar su responsabilidad personal y aumentar su capacidad de organización conductual. La eficacia de esta sencilla estrategia con respecto a la fomentación en el niño de sus habilidades de autosuficiencia debe ser enfatizada. En el caso del niño pequeño, la agenda de planificación es un instrumento eficaz para facilitarle la comprensión del concepto de tiempo en relación con las actividades realizadas durante un periodo de tiempo. 
   También aumenta la habilidad del niño para formar una representación de la secuencia ordenada de los sucesos acontecidos a lo largo del día, y en consecuencia ayuda a consolidar su comprensión sobre los conceptos del presente, pasado y futuro. Asimismo, el uso frecuente e independiente de la agenda refuerza la memorización de la secuencia de pasos para realizar una tarea o de actividades en el día, lo que proporciona a muchos niños un sentimiento de seguridad y predictibilidad. En frecuentes ocasiones, los padres utilizan la agenda de planificación escolar para estructurar y organizar la conversación con el niño a su vuelta del colegio y fomentar su habilidad para describir ordenadamente y mantener una conversación coherente acerca de los acontecimientos del día. En el caso de los niños más mayores, la agenda posibilita una transición independiente entre las actividades y clases a lo largo del día escolar, así como una herramienta de importante valor en la organización del trabajo escolar.




   Estructuración de las tareas académicas: El tercer conjunto de estrategias valoradas como efectivas a la hora de facilitar la planificación y organización del niño con respecto a su trabajo académico han sido dirigidas a un incremento de la estructuración de las tareas académicas propias o las actividades escolares en las que el niño debe participar. La consecución de este objetivo requiere por parte del profesor la adopción de unos procedimientos de instrucción a través de los cuales se hagan explícitos tanto el objetivo final de la tarea como la secuencia de pasos o reglas a seguir hasta llegar a la meta final. La secuencia de pasos o reglas para la resolución de una tarea se debe enseñar bien verbalmente o bien a través de listas de instrucciones escritas. Aunque sin duda no todos los niños necesitan el mismo nivel de estructuración en sus tareas de trabajo, es fundamental no asumir que el contexto de la lección o las explicaciones verbales del profesor son suficientes para clarificar la naturaleza de la tarea o actividad a la que el niño va a enfrentarse. En ocasiones, la naturaleza efímera y temporal de las explicaciones verbales provoca un alto grado de confusión y desorganización en el niño con el síndrome de Asperger, cuya capacidad de procesamiento de la información es en ocasiones más pausada. A este respecto, el uso de las tarjetas de instrucciones escritas es una estrategia efectiva y frecuentemente utilizada para promover la habilidad del niño para completar con éxito una tarea independientemente.






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Fuente: Pilar Martín Borreguero. El Síndrome de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social? Alianza Editorial, Madrid. 2004. ///  Sobre organización y planificación en la educación de personas con Asperger hay un artículo es este mismo blog que puedes encontrar en AQUÍ.

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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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