28 abr. 2020

La intervención temprana en el espectro autista es más eficaz si los programas de intervención son sistemáticos, están cuidadosamente planificados y están personalizados.



Las habilidades de observación, la formación de los profesionales y el funcionamiento del sistema de salud de cada país constituyen variables relevantes para la detección temprana de trastornos del espectro autista

De hecho los protocolos de atención a la primera infancia, y los servicios considerados como básicos y obligatorios en cada país, delimitan las acciones que llevan a cabo dichos profesionales y, si en los protocolos de atención no se prioriza la valoración del desarrollo de los niños y niñas, los servicios de salud se pueden negar o posponer mucho tiempo la realización de evaluaciones más concretas o derivaciones a especialistas. Tanto es así que a menudo, y en muchos lugares del mundo, el diagnóstico y la determinación de los servicios de atención que necesita el menor dependen más de la buena voluntad del profesional que les atienda que de los recursos de los que disponga la comunidad. Es decir, por ejemplo en España, en donde se establecen servicios de atención temprana cubiertos por la sanidad pública hasta que el niño o niña cumple 7 años, que se atienda a ese paciente con mayor o menor prontitud suele depender de que el pediatra a quien los familiares acuden en primer lugar les crea o no les crea.



A menudo la familia detecta problemas y dificultades en la convivencia que no son visibles en una consulta médica. A veces la arrogancia del profesional, la poca eficacia de la familia a la hora de transmitir esos problemas, el entorno en el que la familia se desenvuelve u otros factores dificultan el establecimiento de la atención que requiere ese menor y, por tanto, recibe la ayuda más tardíamente. También depende mucho de cuáles sean las dificultades y necesidades del menor. Los trastornos del espectro autista, por ejemplo, a menos que sean niños no hablantes, se detectan muchas veces cuando ya casi han llegado al límite de edad para recibir atención temprana por cuenta de la seguridad social. Los niños y niñas que sí hablan se diagnostican a los 5 o 6 años y el mismo día en que cumplen 7 años ya no tienen derecho a ese servicio.
Sabemos que "una intervención previa es más efectiva que aquella que comienza a los cinco años de edad y es muy eficaz si los programas de intervención son sistemáticos, están cuidadosamente planificados y personalizados, incluyen objetivos individualizados y se llevan a cabo de forma intensiva". Así, "una intervención de comportamiento intensiva lleva a que más de 75% de los niños y niñas con autismo  aprendan a hablar. Además, cerca de 5% de los menores que inician la intervención a los dos años no presentan todos los síntomas de autismo que sí suelen presentar a los nueve años de edad o más tarde" según Filipek (et al.)



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Fuentes:
- "Detección temprana en trastornos del espectro autista: una decisión responsable para un mejor pronóstico". Boletín médico del Hospital Infantil de México, versión impresa ISSN 1665-1146. María Elena Sampedro-Tobón, Manuela González-González, Susana Vélez-Vieira, Mariantonia Lemos-Hoyos. Este artículo puede ser consultado en versión completa en: http://www.medigraphic.com/BMHIM
- Filipek PA, Accardo PJ, Ashwal S, Baranek GT, Cook EH Jr, Dawson G, et al. Practice parameter: screening and diagnosis of autism. Report of the Quality Standards Subcommittee of the American Academy of Neurology and the Child Neurology Society. Neurology 2000;55:468-479. 
- Hernández JM, Artigas-Pallarés J, Martos-Pérez J, Palacios-Antón S, Fuentes-Biggi J, Belinchón-Carmona M, et al. Guía de buena práctica para la detección temprana de los trastornos del espectro autista. Rev Neurol 2005;41:237-245.





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