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18/7/19

Acoso y ciberacoso escolar en alumnado con discapacidad, 2019, Fundación Once.



El 80% del alumnado con discapacidad piensa que ser diferente es un factor de riesgo para ser víctima de acoso escolar según el estudio ‘Acoso y ciberacoso escolar en alumnado con discapacidad’ desarrollado por Fundación ONCE y CERMI (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad).
La discapacidad sería un factor desencadenante de esta modalidad de acoso y, además, el estudio advierte de que las situaciones de acoso hacia el alumnado con discapacidad se prolongan durante años, suelen ser ejercidas por un grupo pequeño de compañeros, a menudo personas de su entorno más próximo (sus compañeros de clase) y las consecuencias son muy negativas tanto desde el punto de vista emocional como del social y del académico.De hecho las reacciones más frecuentes entre las víctimas de acoso escolar son el empeoramiento de las calificaciones (31,3%), el descenso de la motivación para asistir a clase (57,8%), el incremento de la tristeza (62,55%) y las ganas de llorar (53,6%). 
   El acoso y el ciberacoso escolar son formas de violencia entre iguales (entre personas de la misma edad, entre compañeros de estudio, entre vecinos, entre conocidos de edad similar) que se producen en las propias instalaciones escolares o en sus alrededores y, en el caso del ciberacoso se llevan a cabo desde un dispositivo móvil, ordenador o cualquier otro dispositivo tecnológico como consecuencia de las relaciones sociales establecidas por el alumnado en el contexto escolar. 


Los cursos en los que se registra una mayor proporción de acoso son el primer ciclo de educación secundaria (40%) y el segundo de educación primaria (37%). Según la opinión de más de la mitad de los profesionales del ámbito educativo las familias de los agresores se muestran reacias ante la posibilidad de que sus hijos puedan actuar como tal. Las familias de la víctima están predispuestas a atajar y solventar la situación (mismo porcentaje) aunque en muchas ocasiones desconozcan cómo actuar ante el acoso.
   La reacción de las víctimas es muy dispar. Mientras unos tratan de evitar el enfrentamiento otros pasan a defenderse también con violencia. Hay quienes se aíslan mientras que otros lo cuentan a amigos, padres o profesores. La reacción de la comunidad educativa ante las situaciones de acoso y ciberacoso también varía. Cuatro de cada diez profesionales dicen que defienden a la víctima y ponen la situación en conocimiento del profesorado pero la observación demuestra que aunque lo digan no siempre lo hacen. Además, según los resultados de este estudio, cuando los educadores toman conciencia de las situaciones de acoso (más a menudo porque se lo cuenta un compañero del menor acosado que porque se lo cuenta la víctima) suelen poner en marcha protocolos internos del centro educativo antes que activar procedimientos externos de denuncia.
   Acoso y ciberacoso son comportamientos repetitivos de hostigamiento, intimidación y exclusión social que implican diversas formas de violencia física, psicológica y/o verbal dentro del contexto educativo. En España apenas existen datos específicos sobre esta realidad así que los promotores de esta investigación aseguran que conocer la situación que vive el alumnado con discapacidad víctima de acoso y de ciberacoso servirá para poner los medios adecuados para la prevención, así como para atajarlo en el caso de que se esté produciendo ya.
   Entre las recomendaciones que se derivan del estudio se encuentra el desarrollo de protocolos de prevención; un proceso de detección e intervención que incorpore las necesidades específicas del alumnado con discapacidad; favorecer el trabajo interdisciplinar para mejorar y desarrollar las habilidades sociales de los alumnos; ampliar la oferta formativa y desarrollar programas educativos con las familias; incrementar las medidas de protección dirigidas al alumnado con discapacidad; elaborar y divulgar guías accesibles sobre prevención y buenas prácticas en las redes sociales o incorporar la figura del "alumno ayudante" (o alumno tutor) entre el alumnado con discapacidad. El estudio aboga por garantizar el derecho a la educación inclusiva y favorecer el desarrollo de currículos que promuevan la educación en la diversidad.
En el acto de presentación de este estudio Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación Profesional en funciones destacó que para acabar con el hecho de que ser diferente sea un factor de riesgo para sufrir acoso se debe apostar en todos los centros educativos por la convivencia positiva. El presidente del Grupo Social ONCE, Miguel Carballeda, explicó que él mismo sufrió acoso en su etapa escolar por su discapacidad visual. Advirtió de que hay muchas personas a las que no les resulta fácil acudir cada día a su clase y que la educación es una oportunidad que debe ser igual para todos, con discapacidad o no.



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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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