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Aviso: se emplea en este blog, ocasionalmente, el neutro o masculino (acabado en -o) en los términos que admiten ambos géneros, sin que ese uso gramatical esconda una discriminación sexista sino porque, dado que la lengua castellana no proporciona expresiones neutras para indicar ambos sexos, así se evita la tediosa lectura que podría suponer el uso de ambos términos en todas las ocasiones (niño/a, los hombres y mujeres, los alumnos y las alumnas, etc.)

10/9/18

Definición y características del autismo como parte de la categoría única de trastornos del espectro autista (DSM5) o trastornos del neurodesarrollo (CIE11)



Texto obtenido, adaptado y preparado para MuNDo AsPeRGeR proveniente de la Guía para profesores y educadores de alumnos con autismo de la  Federación Autismo Castilla y León. Descargable AQUÍ en formato pdf. 
El autismo, aunque se puede decir que ha existido siempre, es un trastorno cuya definición es relativamente reciente. Si revisamos la historia de la Psicopatología encontramos alusiones a personas cuyas características encajaban con la definición de autismo en documentos del siglo XVIII y XIX. Sin embargo, no es hasta los años 40 del siglo XX cuando Leo Kanner publicó el ensayo “Autistic disturbances of affective contact” (1943), en el que describía de forma lúcida y sistemática las características de 11 niños atendidos en su clínica de Baltimore. 
   Kanner identificó cuatro características definitorias del trastorno: incapacidad para relacionarse adecuadamente con otras personas; serias dificultades en el desarrollo comunicativo y del lenguaje, tanto a nivel expresivo como comprensivo; presencia de una persistente insistencia en la invarianza, es decir, una importante necesidad de que las cosas permanezcan estables: resistencia a cambios ambientales, rutinas, inflexibilidad, etc. Además señaló la aparición temprana del trastorno, que se hace evidente en los tres primeros años de vida.
   En 1944 Hans Asperger describía la “Psicopatía autística”, en base a cuatro casos clínicos, como una condición presente únicamente en varones, que presentaban las siguientes características: torpeza social, sus relaciones interpersonales eran pobres y no parecían mostrar sentimientos hacia los demás; conductas estereotipadas y torpeza motriz; uso idiosincrático del lenguaje aunque, al contrario que Kanner, Asperger no apreciaba retraso en la adquisición del mismo, sino que por lo contrario se observaban unas buenas habilidades lingüísticas; buenas capacidades cognitivas; intereses específicos y particulares (algunos incluso mostraban habilidades especiales o sorprendentes vinculadas a sus ámbitos de interés). 


Ambos autores realizaron la descripción de un trastorno que muestra un núcleo característico común: dificultades en relación social, en habilidades de comunicación, un patrón de inflexibilidad mental y comportamental, intereses restringidos y una aparición temprana. Sin embargo, desde estas primeras descripciones de Kanner y Asperger pasan varias décadas, y no es hasta los años 70 cuando diversos investigadores rescatan los escritos de estos autores, empezando a desarrollar investigaciones dirigidas a explicar el autismo desde una perspectiva cognitiva y neurobiológica. 
   Un cambio importante en la concepción del autismo se produce en 1979, con la publicación de un estudio epidemiológico realizado por Lorna Wing y Judith Gould (1979). 
Estas investigadoras observaron, que las personas con autismo presentaban déficits en las tres áreas establecidas por Kanner y Asperger: 
   • Reciprocidad social.
   • Comunicación verbal y no verbal.
    • Capacidad simbólica e imaginativa.
    Además señalaron que la afectación ocurría en niveles diferentes, lo que permitió sustituir la idea de una serie de síntomas necesarios y suficientes por la noción de “continuo” o “espectro” de dimensiones alteradas en mayor o menor medida (Rivière, 1991). 



A partir de esta visión dimensional del autismo surge la denominación de “Trastorno del Espectro de Autismo” (en adelante TEA). Los referentes en diagnóstico y clasificación, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, 1987; 2002) y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), elaborada por la Organización Mundial de la Salud (1992), han reflejado los avances en el conocimiento del TEA, pasando de definirlo como un trastorno del contacto afectivo en sus primeras ediciones a un trastorno dimensional. El autismo aparece incluido en la categoría de los trastornos del espectro autista o trastornos de neurodesarrollo (según el manual) junto con el síndrome de Asperger o el trastorno generalizado del gesarrollo no especificado.
   La comunidad científica internacional parece haber llegado al consenso de sustituir la entidad de Trastornos Generalizados del Desarrollo por la de Trastorno del Espectro del Autismo, eliminando las subcategorías diagnósticas anteriormente mencionadas, ofreciendo una visión dimensional marcada por déficits en comunicación e interacción social y por patrones repetitivos y restringidos de conducta, actividades e intereses, cuya sintomatología debe estar presente desde la infancia temprana. 
   Estos criterios, evidenciados y consensuados a nivel internacional, tienen su reflejo en los datos actuales de prevalencia. El TEA ha dejado de ser un trastorno poco frecuente para convertirse en, según algunos informes, en “epidemia”. Sin embargo, la investigación apunta a que el aumento de prevalencia se debe, fundamentalmente, a la mejora en el conocimiento y al desarrollo de instrumentos que permiten realizar una detección y diagnóstico precoz (Arnáiz y Zamora, 2012). 


A pesar de los grandes avances en el conocimiento sobre el TEA, la gran diversidad de capacidades, así como la gran variabilidad en las dificultades y necesidades que experimentan estas personas, enfrenta a los profesionales de la educación al reto de dar coherencia a los hallazgos encontrados, asumiendo que nos enfrentamos a un trastorno extremadamente complejo (Murillo, 2012). 
   En estos momentos la evidencia generada sobre la amplia heterogeneidad del trastorno debe suponer un continuo de propuestas de intervención educativa, flexibles, inclusivas y ajustadas a las características y necesidades específicas del alumnado, dirigidas ofrecer una educación de calidad para todos y haciendo posible el pleno desarrollo de su personalidad y de sus capacidades. 
Federación Autismo Castilla y León es una organización regional sin ánimo de lucro que representa a entidades de familiares de personas con Trastornos del Espectro del Autismo (TEA) que crean, promueven y gestionan apoyos y servicios específicos y especializados de atención al colectivo y sus familias en la comunidad autónoma de Castilla y León.
Se puede contactar con ellos en el correo electrónico: federacion@autismocastillayleon.com