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22/3/18

Guía "Educación en valores a partir del análisis de situaciones conflictivas", de Poveda Martínez.





Educación en valores a partir del análisis de situaciones conflictivas. Un cambio de perspectiva metodológica.


  Esta obra es una invitación a que la Educación en Valores no solamente sea una materia propia del aula sino unos contenidos que deben desarrollarse en los ámbitos familiar y social. habla sobre el trabajo en la tolerancia, la paz, la honestidad, la cooperación, la solidaridad, el respeto, etc. Su autora es Mª Dolores Poveda Martínez y está editada por la Consejería de Educación de la Comunidad Autónoma de Murcia. La publicación se justifica por las continuas demandas provenientes tanto de padres y madres como de profesores sobre cómo hacer frente a determinadas situaciones ante las cuales dicen “haberlo probado todo” y, aun así, siguen sin solucionarse, ponen de manifiesto, no sólo que existen ciertas circunstancias dentro y fuera del aula que suponen una preocupación común para el conjunto de profesores y padres, sino que, además, las diferentes estrategias llevadas a cabo por cada uno de ellos para intentar dar solución a las mismas carecen de éxito. Expresiones tales como “no para de pegar a sus compañeros”, “no respeta los materiales de clase” o “no hace caso de las normas” son una realidad de la que muchos maestros de infantil hablan, y de la que la gran mayoría de padres y madres se quejan.
   La autora explica que a menudo padres y profesores recurren a los refuerzos positivos o negativos (premios y castigos), para intentar modificar los comportamientos “problemáticos” que los niños muestran y, aunque inicialmente estas estrategias pueden mostrar resultados positivos, a medida que transcurre el tiempo, su éxito va disminuyendo. Esta situación conduce a pensar que probablemente su éxito inicial se deba a lo novedoso de la estrategia (el premio) y que su fracaso final sea motivado por el aburrimiento o la ausencia de interés de los niños hacia el premio que pueden conseguir o perder como consecuencia de su comportamiento. Además, también la sensación de aburrimiento y desesperación aparece en padres y profesores, quienes se ven forzados a estar continuamente buscando un motivo que anime a los niños a comportarse de forma “correcta”. Como consecuencia de ello los niños acaban perdiendo su interés por comportarse como padres y profesores desean, y estos a su vez acaban abandonando la estrategia que iniciaron para que los niños tuvieran un
comportamiento “correcto”.
   A pesar de ser conscientes de esta situación, cuando los comportamientos “problemáticos” vuelven a repetirse, padres y profesores se plantean de nuevo cómo hacer frente a dichas circunstancias y, generalmente, la propuesta final sigue siendo la misma: el refuerzo. Amén de este tipo de estrategias, los programas de educación en valores son también otra opción que los centros desarrollan para mejorar o modificar ciertos comportamientos en sus alumnos.
   Si bien es cierto que cada centro dispone de autonomía para proponer y  desarrollar actividades, talleres, programas, etc., de educación en valores de acuerdo a sus características y las de su alumnado, la realidad es que el tratamiento que se hace de ello en los centros es bastante similar. No me
refiero a que los objetivos, contenidos, actividades, etc. que se realizan sean iguales en todos los centros (aunque tampoco varían mucho de unos a otros), sino, más bien, a la metodología empleada en el trabajo de los valores. dice Poveda. ↓




   ¿En cuántas ocasiones hemos podido escuchar la frase “no es lo que se dice, sino cómo se dice”? Precisamente bajo esa premisa descansa la filosofía del proyecto que aquí se propone. Ser consciente de que la educación en valores es un contenido fundamental no sólo en el ámbito escolar, sino también en el entorno familiar y, sobre todo, a escala social, es el primer paso hacia un cambio de perspectiva que favorezca un tratamiento más apropiado de este tipo de contenido que, generalmente, se reduce al trato conmemorativo de ciertas cuestiones como por ejemplo, el día de la paz. Sin embargo, más allá de las poesías, canciones o carteles que se trabajan para celebrar dicho día, sería
preciso generar un espacio compartido de paz, un entorno en el que tanto alumnos, como profesores y familias, la entiendan y vivan desde la propia experiencia. De esta forma, lo que se pretende es que, no solo los alumnos, sino la comunidad educativa en su conjunto aprenda, comprenda, experimente y progresivamente incorpore unos comportamientos y conductas basados en principios pacíficos.
   De la misma manera, sería preciso trabajar con otros tantos contenidos tales como los derechos del niño, el día del medio ambiente, etc. No se pretende con ello que estas actividades dejen de realizarse, pero sí invitar a reflexionar sobre el hecho de que su celebración conmemorativa no sea el único motivo y momento para valorarlas. Porque si observamos nuestra realidad, ¿qué diferencia encontramos entre la celebración del día de la paz y la celebración de la fiesta de fin de curso?
   No cabe duda de que trabajar los valores no sólo es una cuestión importante, sino que es inexcusablemente necesario. Es preciso trabajar sobre la tolerancia, la responsabilidad, la paz, la honestidad, la cooperación, la verdad, la solidaridad, el respeto, etc. y, de hecho, uno de los principales objetivos con los que se plantean los programas de educación en valores es precisamente ese. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos del profesorado por dar respuesta a los problemas que surgen en el entorno escolar como resultado de la convivencia (agresividad, incumplimiento de normas, faltas de respeto hacia otros, etc.) por medio de estos programas, la realidad muestra que este tipo de comportamientos sigue estando presente, pues además de ser uno de los motivos por los que los padres suelen solicitar tutorías, también se mantiene como uno de los puntos a tratar en las reuniones de los docentes. Por tanto, es esta una cuestión que requiere de una propuesta diferente que, sin dejar de tratar los valores fundamentales mencionados anteriormente, plantee un enfoque distinto que favorezca que los valores sean, más que un contenido que trabajar, un hábito que adquirir, asimilar y, progresivamente, incorporar como parte de la personalidad de cada individuo. ↓




   De manera más concreta, el planteamiento que aquí se propone pretende una transformación metodológica que requiere de un cambio de perspectiva por parte del profesorado, que permita un proceso de enseñanza-aprendizaje social, afectivo y emocional diferente al conocido y practicado por maestros y alumnos que, a su vez, cuente con el apoyo y participación de las familias.
   Aun siendo consciente de que iniciar un proyecto novedoso y desconocido puede plantear ciertas incertidumbres en el profesorado responsable de su ejecución, la necesidad de responder a una situación que genera tensión y preocupación en las aulas, los centros de enseñanza y los hogares justifica la importancia de apostar por nuevos proyectos.
   Un proyecto de estas características requiere del compromiso compartido de todo el profesorado ya que, si bien es cierto que los valores son una cuestión que cada individuo ha de adquirir y consolidar de manera individual, ese proceso de aprendizaje a nivel ético, moral y actitudinal solo adquiere sentido y significado en el seno de un entorno social compartido, en las entrañas de un espacio en donde las interacciones entre unos y otros han de regirse por unas normas comunes cuyo establecimiento, conocimiento, comprensión y cumplimiento aseguren unas conductas comportamentales basadas en unos valores éticos, morales y sociales respetuosos. Un planteamiento de trabajo sobre educación en valores que no tenga en cuenta este aspecto o que no lo lleve a la práctica no solamente actuará de manera desigual sobre el conjunto del alumnado (unos se verán beneficiados por el programa mientras que otros, no), sino que, además, dificultará el cumplimiento de las normas sociales debido al desconocimiento e
incomprensión de estas por parte de aquellos que no hayan participado en el programa.
   En este sentido, la Educación Infantil dispone de una doble justificación que da explicación a la necesidad de que los niños de esta etapa educativa sean considerados como una población importante en un programa de educación en valores: por un lado, se trata de un periodo de desarrollo fundamental en donde se sientan las bases sobre las que se fundamentará el desarrollo integral y posterior del individuo; y, por otro lado, el hecho de que se encuentren en una etapa educativa inferior a la primaria o la secundaria, no va a impedir su contacto y relación con otros niños, otros maestros y otros espacios escolares, dado que forman parte de ese espacio social compartido en el que conviven todos (profesores y alumnos). ↓




   Las normas sociales establecidas en el entorno escolar han de ser un derecho y una obligación para todos aquellos que formen parte del centro. A modo de ejemplo, ¿quedaría garantizada la seguridad vial en las carreteras si las normas de circulación solo fueran conocidas y respetadas por los conductores más adultos? Otro aspecto a tener en consideración es la falta de recursos ante la que muchos profesores dicen encontrarse cuando se presentan determinados conflictos en sus aulas u otros espacios del centro.
   Aunque la falta de recursos materiales puede ser también una demanda, no es precisamente ese tipo de recurso al que hago referencia en este momento, sino a los recursos metodológicos. Si una cosa es evidente para el profesorado en General es la importancia y necesidad de que los alumnos conozcan qué es la paz, el compañerismo, la tolerancia o el respeto, pero donde más dificultades,  desacuerdo y desconocimiento pueden encontrarse es en el modo más apropiado de que los alumnos conozcan esos valores. Es por ello que un proyecto de educación en valores debe dotar al profesorado de la formación y experiencia convenientes para adquirir no sólo conocimientos teóricos, sino también, y sobre todo, para disponer de recursos metodológicos que facilitan su puesta en práctica, adaptándolos a las características de su alumnado y a la realidad educativa de su aula, pero siempre bajo unos principios comunes y compartidos por el centro en su conjunto.
   Finalmente, un programa de educación en valores que aspire a la adquisición de estos como un hábito comportamental requiere de métodos de trabajo que permitan un trato diario, habitual, continuo y permanente de los mismos. De la misma manera que no es posible generar hábitos de higiene saludables dedicando un día al año o un día a la semana, en el caso de un programa de valores que persiga una solución definitiva ante las situaciones conflictivas, el tratamiento puntual de contenidos y la realización de actividades puntuales, parecen insuficientes, como ya se ha indicado. Es momento de apostar por un proyecto innovador de educación en valores que, además de formar al profesorado y apoyar a padres y madres, permita un verdadero y real desarrollo integral del niño en donde los valores sean comprendidos como parte esencial de las normas sociales y adquiridos como una parte más de la personalidad. ↓











   María Dolores Poveda Martínez, Diplomada en Magisterio de Educación Infantil y Premio Extraordinario Fin de Carrera de su promoción por la UMU. Graduada en la misma especialidad por la UCAM, y Máster Universitario en Sociología Aplicada: Realidades y Dinámicas Sociales en la Universidad de Murcia, en el que obtuvo una Beca de colaboración para la investigación con el Departamento de Sociología y Trabajo Social. Inició su labor docente en la Región de Murcia, como maestra de Infantil y Primaria, desde 2011; y se ha formado de manera complementaria en ámbitos como los idiomas, la educación emocional, las TIC aplicadas a la educación y en metodologías activas como el ABP y ABN.