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7/2/18

Bidireccionalidad en la intervención en niños con trastorno de espectro autista, por Isabel Monfort.







Comunicación y lenguaje: bidireccionalidad en la intervención en niños con trastorno de espectro autista. Isabelle Monfort en Revista de Neurología:
 http://faros.hsjdbcn.org/adjuntos/293.1-comunicacion_lenguaje.pdf



   Resumen
   Las relaciones entre habilidades formales del lenguaje y habilidades sociales están alteradas de forma específica en las personas con trastorno de espectro autista (TEA) en una dimensión muy diferente a la que ocurre en otras patologías que provocan alteraciones en su adquisición. Esto debería tener implicaciones en los modelos de intervención en el lenguaje en niños con TEA. 
   Desarrollo:
   Se argumenta que en estos niños no basta con la referencia al desarrollo ‘normal’: es necesario establecer modelos alternativos de adquisición del lenguaje que tengan en cuenta tanto las peculiaridades del perfil cognitivo, perceptivo y social de los niños con TEA como la naturaleza de los mecanismos de compensación, espontáneos o inducidos. 
   Conclusión.:
   El desarrollo de habilidades del lenguaje depende de las aptitudes para la comunicación social, pero parece posible aprovechar habilidades específicamente lingüísticas (a veces, bien conservadas en niños con TEA) para incidir en la mejoría de las habilidades sociales: es el sentido que se quiere dar a la bidireccionalidad existente entre lenguaje y comunicación. ↓ 




  Los trastornos de espectro autista (TEA) constituyen, quizá, el grupo de alteraciones del desarrollo que más publicaciones, investigaciones y modelos de intervención ha suscitado en los últimos años. Estos trabajos, además, proceden de distintos ámbitos profesionales: médicos, psicológicos, educadores y asistenciales, entre otros. Este interés no se debe a que haya un número mayor de casos que en otras patologías, sino más bien a que la intervención en niños con TEA supone un reto muy complejo para los profesionales y difícil de abordar desde un solo campo de intervención. A esto se añade el hecho de que la observación y el trabajo con niños con TEA nos obligan a replantear muchas cuestiones sobre los modelos de desarrollo general.


 

 

   La comunicación es uno de los tres ejes que definen el cuadro autista y las habilidades pragmáticas (limitaciones funcionales, ecolalias, etc.) se van a ver afectadas de manera sistemática. Sin embargo, se registra una gran variabilidad en los niveles lingüísticos estructurales, lo que ha suscitado una importante controversia acerca de la especificidad de los trastornos del lenguaje en niños con autismo. Otros autores, con los que coincidimos, defienden que dicha variabilidad puede explicarse en función de las características del propio cuadro sin recurrir a procesos propios de los trastornos específicos del lenguaje, aunque evidentemente no se puedan descartar casos puntuales de comorbilidad. ↓ 

   Los profesionales que intervenimos de manera ‘específica’ sobre el lenguaje en niños con TEA debemos también incorporar los datos de nuestro trabajo a un modelo de intervención general más allá de las técnicas específicas del trabajo de cada día.
   La evaluación objetiva de la validez de un determinado tipo de intervención es muy compleja y no siempre sirve de referencia para determinar la metodología que podemos seguir. Esto no significa que la experiencia tenga que ser el único criterio que nos guíe; se trata de desarrollar modelos de intervención coherentes con los datos empíricos, pero también con nuestra experiencia clínica.
En el caso concreto de los niños con TEA, las preguntas fundamentales que nos hacemos los logopedas o terapeutas que trabajamos el lenguaje son: ¿podemos ‘enseñar’ a un niño a comunicar? y ¿qué papel puede tener la intervención en el lenguaje para el desarrollo de la comunicación? ↓ 




   (...) Sabemos que, en el desarrollo "normal", la relación entre comunicación y lenguaje es bidireccional y que se trata de una relación de interdependencia. Esta relación que provoca, en principio, efectos secundarios (dificultades comunicativas en niños con TEL y problemas de lenguaje en niños con autismo) se puede convertir en una ventaja a la hora de intervenir. El concepto de ‘desarrollo alternativo’ trata de aprovechar los mecanismos existentes de conexión para desarrollar caminos compensatorios. 
   La intervención en el lenguaje de niños con TEA no puede derivarse de los modelos generales aplicados a otras alteraciones del desarrollo del lenguaje sin trastornos primarios de la comunicación. El trabajo formal y estructurado no es sinónimo de falta de sentido siempre que los contenidos que trabajemos se extraigan de situaciones significativas para el niño. La generalización a un contexto natural no puede darse si lo que trabajamos de manera individual no comporta en sí un componente de comunicación. 
   A pesar de seguir insistiendo en la necesidad de un mayor peso de la comprensión en las terapias de lenguaje, el entrenamiento en el uso de contenidos lingüísticos específicos, aprovechando las capacidades cognitivas de algunos de estos niños, puede ser un camino alternativo para llegar, quizá también, a un lugar diferente pero con condiciones de vida mejores para las personas con TEA y su entorno.



   Isabelle Monfort es psicóloga y terapeuta en el campo de la educación y la logopedia, donde entre otros contenidos abordará cómo estimular la comunicación en niños con trastorno del espectro autista.  Desarrolla su labor como terapeuta en el Centro Entender y Hablar de Madrid y como miembro del equipo psicoeducativo del Colegio de Integración Tres Olivos de Madrid. Su actividad docente la desarrolla en la Universidad Camino José Cela en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Universidad La Salle como profesora de Máster. Imparte charlas sobre intervención en niños con trastornos de la comunicación y el lenguaje tanto en universidades e instituciones de España como de Argentina. Isabelle es autora de numerosas publicaciones y desarrolla una intensa labor docente, requerida por numerosas organizaciones. ↓ 










Sigue en: http://faros.hsjdbcn.org/adjuntos/293.1-comunicacion_lenguaje.pdf
Original publicado en la revista de Neurología:  2009; 48 (Supl 2): S53-6. "Comunicación y lenguaje: bidireccionalidad en la intervención en niños con trastorno de espectro autista".  por Isabelle Monfort.





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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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