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5/1/17

Principios generales en la intervención en niños con diagnóstico de TEA








Seguir la iniciativa del niño:
Todo el mundo aprende mejor cuando se interesa por la materia y cuando tiene la oportunidad de participar directamente en nuevas experiencias; esto es especialmente cierto en el caso de niños pequeños. Están continuamente experimentando para averiguar el efecto de sus acciones en su entorno. Su motivación para aprender se deriva de su éxito al tratar de influir en su entorno físico y social. Debemos combinar los ejercicios de la intervención con los intereses más inmediatos y las actividades del niño Es importante esperar a que el niño muestre de alguna forma interés por el material antes de intentar enseñarle a hacer algo con éste.

Permitir al niño que elija entre diferentes posibilidades
En el curso normal del desarrollo, los niños empiezan a escoge entre diferentes posibilidades poco después de nacer y continúan indicando sus preferencias a lo largo de su vida. El niño se hace más consciente de las elecciones que realiza y les atribuye cada vez más importancia. poder indicar preferencia constituye un aspecto importante del desarrollo (el sentido de control - dominio sobre el entorno). También representa una base importante para la comunicación, que suele aflorar como un deseo de conseguir o rechazar algo. A menudo los adultos caemos en la trampa de hacer lo que creen mejor para el niño sin ofrecerle ninguna opción. Esto puede dar lugar a un niño pasivo, que no sienta la necesidad ni el deseo de comunicarse con otros. Los cuidadores deben realizar un esfuerzo consciente para hacerle elegir entre diferentes posibilidades a lo largo del día y deben respetar sus decisiones. Por ejemplo, ofrecerle su zumo con una mano y una cucharada de comida con la otra, a la hora de comer. Darle lo que mira o intenta tocar. Aún en el caso de que su acción sea accidental y no constituya una "verdadera elección", el niño aprende que sus actos tienen una repercusión; de esta forma se ponen los cimientos para que más tarde sepa realizar elecciones deliberadas.
Es imprescindible que aceptemos la elección del niño una vez ofrecida la posibilidad de escoger entre dos o más opciones. Por lo tanto, se le deben presentar alternativas aceptables y no tener una idea preconcebida sobre lo que debe ser la elección 'correcta". Muchos problemas de comportamiento del niño pueden evitarse ofreciéndole la posibilidad de hacer elecciones. Si el niño tiene la oportunidad de elegir entre realizar una actividad u otra, es poco improbable que rechace ambas, incluso cuando ninguna de ellas represente su pasatiempo preferido.

Las consecuencias son importantes:
Uno de los preceptos fundamentales de la enseñanza es que las consecuencias son importantes para mantener o cambiar el comportamiento de un individuo. Una consecuencia es sencillamente un acto que sigue a otro como resultado o efecto del primero. Las consecuencias pueden tener mucha importancia para fortalecer o debilitar conductas específicas. Dicho de manera sencilla, esto significa que cuando una acción deseable o interesante es el resultado de algo que el niño hace, será más probable que continúe con esa conducta o la repita. Asimismo, si un comportamiento va seguido por una experiencia desagradable o que parezca no influir en absoluto en el entorno del niño, probablemente se repetirá con menos frecuencia. Este es el principio subyacente al hecho de que algunos comportamientos se pueden cambiar mejor ignorándolos, con una suave reprimenda o llevando al niño a otro lugar durante un corto periodo de tiempo. Por ejemplo, si se separa al niño de sus compañeros durante dos minutos cada vez que intente morder a uno de ellos es probable que esa conducta disminuya o desaparezca por completo.

Hacer que las consecuencias sean eficaces:
Fomentar el aprendizaje utilizando las consecuencias parece muy sencillo, y lo es. No obstante, hay que tener en cuenta algunos aspectos cruciales para poder emplear las consecuencias de modo eficaz:
Las consecuencias que suceden de modo natural son las más eficaces para enseñarle a que puede influir en su entorno. Esto es especialmente cierto en el caso de niños de corta edad. Considerar la diferencia entre el niño que puede hacer que un móvil se mueva tirando de un cordel y otro que recibe un caramelo por haber colocado un bloque encima de otro. Ambos pueden repetir estas actividades y, por lo tanto, "aprenderlas". Sin embargo, el primero ha aprendido cómo influir en su entorno físico (esto es, mover el móvil), y no sólo repetirá esta acción sino que experimentará con ella durante otras actividades a lo largo del día. El segundo niño ha aprendido a completar una tarea para recibir un caramelo de un adulto, pero puede demostrar poco interés en esa actividad o en otra similar, a menos que esté presente un adulto para proporcionarle un premio.





Las consecuencias sociales tienen gran importancia.
Desde el nacimiento, los niños necesitan atención y repiten aquellas actividades que les aseguran la atención del adulto. El adulto que aprenda a prestar atención a las acciones deseables del niño y a ignorar las no deseables se encontrará con menos problemas de comportamiento.
por ejemplo: darle un abrazo cuando da su primer paso solo constituye un buen suplemento a la sensación interna del niño de haber hecho algo importante. Otras consecuencias eficaces pueden ser dar palmas, acariciar al niño, o indicarle aprobación de otras formas. Todas ellas deben emplearse con prudencia, sobre todo para que sea posible apoyar al niño cuando tenga que aprender a realizar tareas difíciles en las que las consecuencias más naturales puedan apreciarse poco o conseguirse sólo con un esfuerzo grande. Las consecuencias sociales son un resultado natural de la enseñanza de habilidades de comunicación. Sólo se aprende a comunicar algo cuando existe un oyente sensible. Primero es necesario atender a la mirada del niño (por ejemplo, devolverle la mirada, responder a un objeto que reclama su atención); más tarde, se participará en "juegos" de turnarse y finalmente, se conversará con él. Las mismas consecuencias no serán eficaces para todos los niños, porque a cada niño le gustan diferentes tipos de estímulos. Algunos niños responderán mejor y de modo más positivo a las interacciones con juguetes, mientras que a otros les gustaran más los intercambios sociales. El primer paso para identificar las acciones que provocan mejor una respuesta del niño consiste en probar las diferentes consecuencias. Es importante cambiar a menudo las consecuencias positivas eficaces. Igual que los adultos, los niños se aburren, y las experiencias o acontecimientos esperados con anticipación se vuelven menos emocionantes

Para que una consecuencia determinada sea eficaz para estimular o disminuir un comportamiento, tiene que aparecer inmediatamente después de dicho acontecimiento. Esto ayuda al niño a entender la relación entre lo que hace y lo que ocurre en su entorno. Además, para que el niño entienda la relación entre lo que él hace y lo que pasa, la consecuencia tiene que ocurrir siempre. La constancia resulta especialmente importante cuando el niño está aprendiendo algo nuevo y cuando el adulto proporciona consecuencias "indeseables" como respuesta a una conducta infantil negativa. Cuando se intenta eliminar un comportamiento, es preciso emplear la consecuencia cada vez que ocurre la conducta. Por ejemplo, el niño puede confundirse si no se encuentra excluido de las actividades del grupo todas las veces que intenta morder a otros.

Cuando los niños comienzan a entender el lenguaje hablado, se puede aumentar la eficacia de las consecuencias explicándolas con palabras. De esta manera, el niño recibe una pista adicional sobre la forma en que él influye en su entorno (por ejemplo: "Aprieta el botón... ¿ves cómo se enciende la tele?," "Dame tus manos y te levantaré," "Termina de comer y podremos salir").

Dividir una tarea en varias partes cuando sea necesario:
Dentro de las secuencias de los programas se han ordenado los ítems atendiendo a su dificultad prevista para la mayoría de los niños. Los aprendizajes se programan siguiendo un orden lógico de enseñanza. En el caso del niño es necesario dividir la tarea en varias partes para facilitar su aprendizaje.

Proporcionar continuidad y cambio:
Aunque parezca contradictorio, los niños necesitan en su entorno tanto la continuidad como el cambio. La continuidad les proporciona un sentido de seguridad. El educador y las personas que le cuidan habitualmente deben asegurarse de que el niño tenga orden y rutina en su vida; esto le ayudará a entender que, al menos en parte, su entorno se puede predecir. El niño aprende lo que puede esperar de ciertas personas y el orden de sucesión de las rutinas cotidianas tales como bañarse, comer y vestirse. También aprende lo que puede esperar de ciertos juguetes y puede disfrutar repitiendo una actividad muchas veces cuando el adulto ya la encuentre aburrida o incluso molesta. Por supuesto, las rutinas varían a veces, pero la continuidad ayuda al niño a sentirse seguro en su entorno y a confiar en las personas que le cuidan. Dentro de ese mundo seguro, al niño le resulta posible reconocer los cambios e interesarse por provocarlos.

Preparar el éxito
Para que el niño siga queriendo relacionarse activamente con su entorno, es necesario que experimente éxitos en cada una de las pequeñas tareas que se le enseñan. Por ejemplo, si se le está enseñando a tender la mano para tocar un objeto, como una pelota, hay que asegurarse de que pueda alcanzarla. Los niños pueden desanimarse con una tarea demasiado difícil y aburrirse con otra demasiado fácil. La actividad debe suponer un reto, no una imposibilidad.

Incorporar experiencias educativas a las rutinas cotidianas:
Cada día, un niño aprende cosas en todos los campos del desarrollo. Aunque sus avances pueden ser mayores en unos aspectos que en otros, el niño puede aprender algo nuevo en varios campos al realizar cada actividad. Por ejemplo, cuando da palmas acompañando una canción infantil, aprende habilidades cognitivas, sociales, motrices gruesas y motrices finas.

Conceder al niño tiempo para descansar:
Igual que los adultos, los niños necesitan un tiempo para sí mismos (esto es, para jugar solos o con adultos sin que estos últimos les pidan nada). El adulto puede enseñar mucho al niño, sencillamente manifestando sensibilidad y entusiasmo por sus intereses. Se emplearán materiales orientativos, de manera constante y regular, pero hay que recordar que las actividades que aparecen en este programa constituyen sólo algunas de las rutinas importantes realizadas por el niño a diario.


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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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