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Aviso: se emplea en este blog, ocasionalmente, el neutro o masculino (acabado en -o) en los términos que admiten ambos géneros, sin que ese uso gramatical esconda una discriminación sexista sino porque, dado que la lengua castellana no proporciona expresiones neutras para indicar ambos sexos, así se evita la tediosa lectura que podría suponer el uso de ambos términos en todas las ocasiones (niño/a, los hombres y mujeres, los alumnos y las alumnas, etc.)

21/3/16

¿Qué es un trastorno?



Un trastorno puede considerarse como la descripción de una serie de síntomas, acciones o comportamientos que suele estar asociado a desordenes relacionados con patologías mentales, aunque también se asocia a alteraciones de los procesos cognitivos y afectivos del desarrollo, considerando que existe una diferencia significativa de la persona en cuestión con respecto al grupo social mayoritario donde se incluye, no existiendo una etiología conocida.
En la mayoría de los casos en los que aparece un trastorno el desarrollo es anormal desde la primera infancia y sólo en contadas excepciones las anomalías se manifiestan por primera vez después de los cinco años de edad.


En el caso de los trastornos del espectro autista (TEA) hablamos de trastornos en tanto refieren un síndrome que se manifiesta patológicamente. No son enfermedades puesto que no existe un origen conocido concreto, aunque se sabe que hay cierto componente genético y que se trata de un trastorno psicobiológico; no existe tampoco tratamiento farmacológico; no hay dos casos iguales; el pronóstico es variable y el diagnóstico es válido como instrumento pero no como solución. Es decir, que los TEA no cumplen los criterios de la Organización Mundial de la Salud (al menos por ahora) para ser considerados enfermedades. En los trasgornos autísticos estamos ante un problema de desarrollo que se sale del concepto de normalidad pero que no implica enfermedad.


Un trastorno, en tanto que afecta al desarrollo de la persona a la que se le diagnostica, se tiene, pero también se sufre, y esto lo expresamos sin ánimo de polemizar con las corrientes que, sobre Asperger y autismo, defienden que se trata de una condición y de una forma diferente y alternativa de interpretar la realidad.
Bueno... No entraremos aquí en discusiones al respecto pero hemos de incidir en que aunque fuese una condición lo cierto es que tiene consecuencias en la persona a la que se le diagnostica (y también en las que no tienen el diagnóstico pero sí el síndrome) y, por tanto, no es falaz afirmar que “se sufre” aun no tratándose de una enfermedad.