6/3/16

Consideraciones sobre el cociente intelectual en personas con trastornos del espectro autista.






Bajo el concepto de TGD (trastorno general del desarrollo) se pretendía en su momento crear una categoría que se distanciase tanto de la ‘esquizofrenia infantil’ o ‘psicosis infantil’ (1) como de los trastornos específicos del desarrollo (TED).
La diferencia con los TED venía determinada por el hecho de que en los TGD estaban afectadas diversas funciones mientras en los TED se afectaba preferentemente una sola función. Hoy por hoy en los sistemas clasificatorios de trastornos y enfermedades (DSM5 y CIE11) se han rebuscado y reasignado los diferentes trastornos antes agrupados en el epígrafe de TGD y el grueso de los mismos se conoce como TEA en DSM5 (trastornos del espectro autista) y como «trastornos del neurodesarrollo» en CIE11 .
Muchos estudios que han establecido que hasta un 70% de las personas con un trastorno del espectro autista presentan una discapacidad intelectual que puede oscilar desde tener un cociente intelectual afectado en el rango de ligero hasta un grado profundo.
Las nuevas investigaciones sugieren un porcentaje menor que el citado, pero esto podría deberse a que se ha incluido el Asperger y el autismo de alto funcionamiento en un solo espectro (trastornos del espectro autista) y, por tanto, ya que en estos trastornos la inteligencia no se ve afectada, el porcentaje global de discapacidad intelectual en el conjunto ha disminuido.
Por lo general se entiende que en el espectro autista hay trastornos en los que el cociente intelectual se ve gravemente afectado y otros en los que no hay afectación o ésta es mínima. Así, en el caso del síndrome de Asperger, la persona presentará una inteligencia normal, a veces incluso superior a la media, y el cociente se verá disminuido así como aumente el grado de afectación en el espectro, siendo menor en los casos de autismo de Kanner que en los autismos de alto funcionamiento, etc.


La discapacidad intelectual y el trastorno del espectro de autismo con frecuencia coocurren; para hacer un diagnóstico de comorbilidad de trastorno del espectro de autismo y discapacidad intelectual, la comunicación social debe estar por debajo de lo esperado en función del nivel general de desarrollo.
La capacidad intelectual en el autismo puede ser armónica o disarmónica, con “picos” aislados de marcada competencia.
Las Matrices Progresivas de Raven (RPM) y las escalas Wechsler son los instrumentos más utilizados para la estimación de inteligencia.
Las matrices progresivas de Raven son 60 ítems de prueba de razonamiento que minimizan la necesidad de instrucciones de la tarea, pero no necesariamente reflejan la inteligencia de una persona, sobre todo si la persona es tiene un desarrollo distinto. Se trata de una prueba sin límite de tiempo en la que cada elemento tiene solamente una respuesta correcta. En el campo de la inteligencia humana, RPM tiene desde hace mucho tiempo singular importancia como prueba de las construcciones de la inteligencia fluida y de la inteligencia general. También es reconocida como la única prueba más compleja de la inteligencia (Snow et al., 1984). Además hace demandas sobre una amplia gama de habilidades, como control de la atención y la integración de alto nivel o el razonamiento abstracto, que durante mucho tiempo se han presumido deficientes o incluso inexistentes en el autismo.
La Escala Wechsler implica la administración individual de varias subpruebas, algunas de ellas específicas para cada cultura, que evalúan un número limitado y concreto de habilidades que reflejan las capacidades generales latentes. Es, en cierta medida, subjetiva y depende de cómo se administra.
En la población típica estos dos enfoques (muy diferentes) proporcionan estimaciones similares del potencial intelectual. Esto no es, sin embargo, necesariamente cierto para adultos o niños en el espectro del autismo, cuyas puntuaciones de RPM se han reportado como significativamente superiores a su escala completa Wechsler IQ.


(1) Se logró diferenciar el autismo de la discapacidad intelectual cuando el doctor Kanner (en el año 1943) describió unas características específicas a las que denominó «autismo precoz infantil». Hans Asperger en esa misma época describió un cuadro similar que llamó «psicopatía autista», indicando claramente que no se trataba de un déficit cognitivo sino de una «anomalía» de su constitución psicológica.
El término psicosis quedó relegado a un concepto que incluía síntomas y conductas que se expresan como delirios, alucinaciones, lenguaje incoherente o conducta catatónica.

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