2/6/20

¿La formalidad podría ser un rasgo mayoritario en las personas con síndrome de Asperger?



El síndrome de Asperger fue oficialmente reconocido en el Manual Estadístico de Diagnóstico de Trastornos Mentales (DSM) en su cuarta edición, en 1994. 
Este manual, que se usa a nivel internacional para el diagnóstico de enfermedades y problemas psicológicos, psiquiátricos y mentales, se revisa con cierta regularidad, ya que constantemente se describen nuevos trastornos. Está actualmente en su quinta edición, en la que la categoría de “síndrome de Asperger” ha desaparecido como entidad diferenciada pasando a formar parte de los trastornos del espectro autista, en los que el nivel de afectación y las ayudas que se requieran determinarán la gravedad del trastorno (nivel 1, nivel 2 y nivel 3).
Los trastornos del espectro autista y el síndrome de Asperger tienen en común las dificultades en el área de comunicación y lenguaje, lo que no quiere decir que estas personas tengan problemas para hablar, sino que los tienen para regular socialmente lo que dicen. Les cuesta trabajo adaptar su lenguaje y por eso pueden hablar de la misma manera a un compañero de clase, a un profesor o a sus padres (hablan igual de formales con independencia del interlocutor) . Además, sobre todo los más jóvenes en el espectro autista, no entienden de dobles sentidos del lenguaje, ironías o refranes así que se incomodan cuando alguien utiliza estas expresiones. De todos modos esta dificultad, si se trabaja, suele superarse con relativa rapidez. Es más difícil superar las dificultades con la entonación o aprender a comprender la carga emocional de los mensajes.
Entre otras cosas a las personas en el espectro autista les cuesta adaptar el volumen de la voz al contexto en el que se encuentran (por eso es importante la terapia de integración auditiva), tienen dificultades para iniciar conversaciones o mantenerlas de forma adecuada, tienen pensamiento literal y rígido, pegado al significado textual, por lo que les resulta muy complicado extraer ideas o conclusiones que no se muestren de manera explícita. 
También presentan dificultades en las relaciones sociales y en la reciprocidad: tienen importantes problemas en esa capacidad de imaginar pensamientos, sentimientos y opiniones de otras personas pero es un mito que no les guste relacionarse: como casi todas las personas tienen la necesidad de pertenecer a un grupo pero estando en el espectro autista carecen de las habilidades para involucrarse. Para ellos éste es un mundo impredecible, en el que se sienten vulnerables e inseguros.

Las normas sociales y comunicativas las terminan aprendiendo y empleando, pero de manera mecánica, a través del entrenamiento. Intentan compensar sus carencias comportándose de forma excesivamente formal, s esfuerzan por ser sociales y acercarse a las personas, pero terminan haciéndolo con torpeza ya que, entre otras cosas, no saben interpretar las señales no verbales que infican lo que se espera de ellos, por lo que pueden terminar comportándose de manera inadecuada.
Debido a su inflexibilidad mental y comportamental las personas en el espectro autista no tienen las herramientas para generar alternativas o improvisar. Por eso las rutinas y ambientes predecibles les dan seguridad y tranquilidad, prefieren normalmente juegos mecánicos que juegos imaginativos y son inflexibles en las reglas.
Las personas con síndrome de Asperger generalmente tienen afectada el área de la coordinación motriz, fina y gruesa. Esto se manifiesta en rutinas y praxis de precisión como la escritura, subir y bajar cierres o amarrarse los cordones. En cuanto a la gruesa se observa falta de coordinación generalizada, forma inestable de caminar o correr y pocas habilidades deportivas en general. Estas dificultades no aparecen normalmente en otros niveles del espectro autista. Es vital la terapia ocupacional en estas dificultades concretas, en coordinación con otros especialistas.



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