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Aviso: se emplea en este blog, ocasionalmente, el neutro o masculino (acabado en -o) en los términos que admiten ambos géneros, sin que ese uso gramatical esconda una discriminación sexista sino porque, dado que la lengua castellana no proporciona expresiones neutras para indicar ambos sexos, así se evita la tediosa lectura que podría suponer el uso de ambos términos en todas las ocasiones (niño/a, los hombres y mujeres, los alumnos y las alumnas, etc.)

22/7/18

Cuando las emociones nos controlan a nosotros y no al revés.





La falta de autocontrol hace que no fiscalicemos nuestras emociones o, dicho de otro modo, que las emociones nos controlen a nosotros. Las personas, como actores de nuestra propia existencia, manejamos nuestra felicidad de acuerdo a la interpretación subjetiva que hacemos de nuestra vida.



Se trata de un proceso constante en el que nos vemos forzados a tomar decisiones o a elegir entre opciones diferentes una vez tras otra. Si las sensaciones y los sentimientos provienen de las emociones el control de los pensamientos supondría el control emocional. Falta saber si esto no es más que una utopía.
   Los desequilibrios emocionales retrasan el propio crecimiento personal y solo finalizan con la aceptación. Que una circunstancia nos haga felices o nos resulte dura e insuperable es el resultado de nuestra propia apreciación sobre la circunstancia misma (*). Además, la inestabilidad emocional suele producirse por los altibajos de ánimo a veces sin motivo o por causas insignificantes. Al final el sentimiento destructivo que provoca la inestabilidad emocional se irradia hacia cualquier parcela de la vida poniendo a prueba el umbral de tolerancia a la frustración. Las personas inestables oscilan fácilmente entre la alegría y la tristeza, la aceptación y el rechazo e incluso entre la sorpresa y la ira. Los cambios de ánimo pueden ser progresivos o pueden producirse radicalmente. De una forma u otra provocan, al final, ansiedad.


La capacidad para reconocer que se han cometido errores define al ser humano igual que le determina su capacidad de hablar para comunicarse pero reconocer el error es más difícil para unas personas que para otras. Una educación poco acertada, por ejemplo, predispone a la inestabilidad, igual que el tránsito traumático hacia la madurez personal. La seguridad en uno mismo es, entonces, la capacidad para defenderse con confianza y honestidad. Así las cosas, cada uno es su peor enemigo y a la vez su mejor amigo: si la mente no se domina te anula.


(*) Se profundiza en esta dificultad en los relatos y narraciones del libro No le vengas con cuentos a quien sabe de leyendas. Si quiere saber más del mismo PINCHE AQUÍ y si quiere adquirirlo (15 euros sin gastos de envío, solo en España) escriba a mundoasperger@hotmail.com.