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Aviso: se emplea en este blog, ocasionalmente, el neutro o masculino (acabado en -o) en los términos que admiten ambos géneros, sin que ese uso gramatical esconda una discriminación sexista sino porque, dado que la lengua castellana no proporciona expresiones neutras para indicar ambos sexos, así se evita la tediosa lectura que podría suponer el uso de ambos términos en todas las ocasiones (niño/a, los hombres y mujeres, los alumnos y las alumnas, etc.)

29/4/18

¿Cómo es tu hijo/a dependiendo de su edad? Vía Save The Children.



Conoce a tu hijo o hija y comprenderás mejor su comportamiento y cómo es dependiendo de su edad. En muchas ocasiones, los adultos vemos comportamientos en los niños que no entendemos y podemos vernos desbordados por no saber actuar correctamente.


    A medida que crecen los niños manifiestan conductas y actitudes relacionadas con los cambios físicos, cognitivos, emocionales y de desarrollo social que están experimentando. Entender el comportamiento de tu hijo o hija implica conocer los aspectos principales de cada etapa de su desarrollo, sus necesidades y cómo responder ante ellas adecuadamente. 
   Es importante tener presente que cada niño o niña es único y diferente a los demás y tiene su propio proceso evolutivo y desarrollo (algunos empiezan a hablar antes que otros o pueden empezar a caminar sin haber gateado antes, por ejemplo). Las características que exponemos a continuación responden a patrones generales de desarrollo evolutivo que pueden aparecer antes o después, dentro de unos márgenes temporales determinados. Es importante estar atentos a retrasos (que podrían estar indicando algún tipo de déficit sensorial o físico que provoque problemas madurativos) con el fin de consultar con especialistas lo antes posible.
   La Convención sobre los derechos del niño de Naciones Unidas reconoce a las familias como un grupo fundamental de la sociedad y el medio idóneo para el crecimiento de los niños y las niñas. Crecer en un entorno familiar que les proporcione seguridad, amor y comprensión es la mejor manera de asegurarles su normal y pleno desarrollo físico, emocional y social. La socialización primaria en la familia es clave para la formación de futuros ciudadanos adultos, responsables y comprometidos con la sociedad. Esta socialización se consigue ejerciendo una parentalidad positiva y responsable, basada en los derechos del niño, en el afecto y también en el establecimiento de normas y límites. Educar en positivo y desde el buen trato significa educarles sin recurrir a gritos, insultos, amenazas, humillaciones, azotes o cachetes. Estos castigos causan en los niños y las niñas dolor, tristeza, miedo, soledad, culpabilidad y baja autoestima, y está demostrado que no son eficaces en la educación de los hijos. La parentalidad positiva exige paciencia, dedicación y esfuerzo. No siempre es fácil, pero educar en positivo es posible. La parentalidad positiva se basa en tres condiciones: conocer, proteger y dialogar.
   - Conocer y entender a los niños y las niñas: cómo sienten, piensan y reaccionan según su etapa de desarrollo.
   - Ofrecer seguridad y estabilidad: los niños y las niñas tienen que confiar en sus padres y madres, sentirse protegidos y guiados.
   - Optar por la resolución de los problemas de manera positiva: sin recurrir a castigos físicos y humillantes.
   Es importante tener presente que cada niño o niña es único y diferente a los demás y tiene su propio proceso evolutivo y desarrollo (algunos empiezan a hablar antes que otros o pueden empezar a caminar sin haber gateado antes, por ejemplo). ↓ 


   El primer caso a abordar es el del recién nacido. La dependencia del bebé hacia el adulto es total y en esta etapa se desarrolla el vínculo afectivo con la persona que ofrece los cuidados. Su equilibrio y bienestar emocional y físico y el adecuado desarrollo de sus capacidades cognitivas (memoria, atención, razonamiento y lenguaje) dependerán en buena medida de la respuesta protectora del adulto. Si el bebé no recibe continuamente afecto y cuidados es probable que sufra ansiedad o miedo y desarrollará un fuerte sentimiento de desconfianza hacia su figura de apego.
   Hasta que adquiere el lenguaje, el bebé se comunica con movimientos y expresiones. Al no disponer de herramientas de comunicación verbales durante sus primeros años de vida necesita que sus padres sean muy observadores y atiendan sus demandas lo antes posible. Esto se consigue mediante un contacto cercano y continuo. Es muy positivo que interactúes con él cuando empiece a gorjear (hacer ruidos con la garganta); de esta manera estimulas el desarrollo de su lenguaje. A veces puede llorar sin razón aparente después de haberle alimentado o cambiado los pañales. Es importante no ignorar su llamada de atención, intentar tranquilizarle y averiguar qué le pasa, ¡no nos lo puede contar con palabras! Existen formas de calmarle cuando está irritable como mecerlo suavemente, ponerle música suave, darle masajes o susurrarle palabras tranquilizadoras.
   Un aspecto imprescindible en el cuidado del bebé y, más adelante, del niño o la niña, es establecer y mantener rutinas o hábitos estables de sueño, alimentación e higiene. Un entorno previsible y estructurado con pautas fijas aporta sensación de seguridad y plenitud al bebé y favorece su desarrollo.

   De los 12 a los 36 meses es muy importante para el desarrollo del bebé permitirle explorar, pero debe ser en un entorno seguro, ya que no conoce los peligros que puede correr (si cruza solo la calle, si juega con objetos punzantes o tóxicos) y tiende a meterse las cosas en la boca. Es importante estimular su lenguaje: hablarle, contarle cuentos, tener paciencia cuando trate de expresarse. Debes ayudarle a manejar su frustración. En esta etapa los padres están muy preocupados por protegerle de peligros y el niño o la niña se sentirá muy frustrado porque diariamente oye muchas veces la palabra “no”. A veces será difícil que deje de hacer ciertas cosas porque se mostrará obstinado y tendrá rabietas. Será necesario armarse de paciencia, ayudarle a verbalizar lo que siente y contarle cómo te sientes tú. ↓ 


   A partir de los 3 años es importante introducir normas de convivencia en casa (no se pinta las paredes, ni se pega a los demás, después de jugar se recoge la habitación) y explicarle los motivos de estas normas con un lenguaje adecuado a su edad porque ha alcanzado la habilidad de captar la relación causa-efecto. Mediante normas e instrucciones claras y simples, podemos empezar a enseñarles a controlar su impulsividad y a asumir responsabilidades.

   De los 3 a los 6 años de edad estamos en una etapa en la que los padres y Padres podéis agotaros con el alto nivel de energía de los hijos. Es muy importante no censurar su curiosidad, interesarse por sus dudas y tratar de contestar a sus preguntas. Esta actitud le motivará a aprender, a comprobar que conocer cosas es divertido, a buscar información y a saber que no siempre tenemos respuestas para todo. El niño y la niña en esta etapa quiere ayudar, pero su coordinación motora fina aún no está del todo desarrollada, por lo que derrama las cosas y ensucia mucho. Debemos dejarle colaborar, enseñarle cómo hacer las cosas y tener paciencia, no regañarle o impedir que haga cosas por sí mismo que no sean peligrosas (servirse alimentos, vestirse). También es fundamental poner límites y normas para que entienda que no puede conseguir todo lo que quiere, cuando quiera. De esta manera, desde muy pequeño le enseñamos a tolerar sus frustraciones. Es importante también que entienda que sus padres están interesados en él o ella, pero no siempre pueden estar disponibles, también necesitan descansar. Enseñarle autocontrol es un proceso lento en el que el niño, poco a poco, aprenderá a aceptar desilusiones y a posponer recompensas.
   Puede empezar a desarrollar miedo a muchas cosas: a la oscuridad, a monstruos imaginarios, a que le abandonen, etc. Necesita saber que le mantendrás a salvo; que si te ausentas, volverás. No debes avergonzarle por sus miedos o quitarles importancia: esto sólo le hará sentirse más vulnerable. Cuando tenga miedo, escúchale y reconfórtale, ofrece protección y evita exponerle a películas, imágenes o sonidos que puedan provocarle pesadillas. ↓


   A partir de los 6 años de edad debemos estar atentos a síntomas de inseguridad en la escuela ya que pueden provocar tristeza, apatía o rabia. Es necesario hablar con el niño o la niña de su cotidianidad y apoyarle y motivarle con las tareas escolares (cómo disfrutar de lo que aprenden y la importancia de la educación) para evitar sentimientos de fracaso. Equivocarse forma parte del aprendizaje, pero es necesario que averigües las razones por las que puede presentar un bajo rendimiento en el cole porque pueden ser muchas: problemas para prestar atención, de vista, de audición, de comprensión del lenguaje, de ansiedad.
   Cada niño o niña posee unos rasgos de temperamento particulares que influirán en la manera de adaptarse y responder ante nuevas situaciones. Nunca debes compararle con otros niños o niñas y siempre debes reforzar sus esfuerzos con muestras de cariño y elogios. 
   Es muy positivo que a la hora de poner normas y sanciones contemos con su opinión, así el niño o la niña percibe que nos importa y le hacemos ser consciente de su responsabilidad en sus actuaciones. En esta etapa comienza a desplegar gran parte de las conductas que ha aprendido de nosotros a la hora de resolver conflictos. Ayudarle a expresar verbalmente sus frustraciones contribuirá a que sea capaz de autorregular sus emociones y a que disminuya el nivel de malestar ante situaciones difíciles.
   Es importante para su desarrollo que las rutinas y horarios de sueño, higiene, ejercicio físico regular y alimentación sigan siendo estables. Esa estabilidad sigue siendo fundamental para garantizar su adecuado desarrollo y facilita el establecimiento de normas y la asunción progresiva de responsabilidades por su parte. Es una etapa ideal para transmitir valores de convivencia igualitaria y de justicia social. Los padres y profesores podemos corregir actitudes poco deseables o ideas prejuiciosas relacionadas con el sexo, la etnia, el aspecto físico o las discapacidades.


   De los 10 a los 18 años el sistema de normas y sanciones debe ser revisado y dialogado con ellos. Esto quiere decir que las normas se deben replantear y adaptar a su mayor autonomía. Esto implica necesariamente más libertad de actuación, pero también exige más responsabilidad por su parte. Las normas deben seguir basándose en los mismos principios de diálogo y respeto. El vínculo afectivo establecido previamente y el estilo de comunicación utilizado los años anteriores tendrá una gran influencia en esta etapa de “crisis” y cambios. Es muy importante acompañarles en su propio desarrollo del sentido de lo que está bien y lo que no. Debes hablar con él o ella sobre prácticas que pueden ser dañinas como fumar, tomar drogas u otro tipo de situaciones que puedan ser peligrosas.
   Hay que proporcionarle, además, información afectiva y sexual. Dialogar con él o ella sobre los pros y contras de los temas que nos preocupan es más efectivo que prohibir. Si anteriormente has establecido unas bases de confianza mutua y hablas sin tabúes de distintos temas, le estas dando herramientas de autoprotección, capacitándole para decidir por sí mismo con la seguridad de que pueden acudir a ti si tienen algún problema.
   Tener en cuenta las características de esta etapa ayuda a restar importancia a ciertos comportamientos que no te agradan (que se muestre menos cariñoso o más reservado, que tenga cambios de humor, que se aíslen). Tu hijo o hija no desea llevar la contraria “porque sí”. 
   La necesidad de diferenciarse de sus padres es esencial para el desarrollo de su propia identidad, lo alarmante sería un joven sumiso que no cuestionara nada. El principal reto como padres es aceptar los cambios de esta etapa, ofrecer cuidados y estabilidad, respetando su necesidad de independencia y privacidad y sus nuevos gustos. Es importante mostrar actitud de escucha y reflexionar con nuestro hijo o hija sus puntos de vista y los nuestros. Así estaremos mostrando respeto por él y ofreciendo un buen modelo de comunicación. ↓ 






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Este texto es un extracto revisado de la guía de Save The Children titulada ¿Quién te quiere a ti? Guía para padres y madres: cómo educar en positivo. Autoras: Romina González y Yolanda Román. Hablamos del vínculo afectivo y su importancia en la relación con tu hijo o hija: seguridad y confianza.
Puede descargar la guía completa AQUÍ.


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