Estos tres aspectos básicos pueden presentarse de muy diversas formas, y en diferente medida, de tal modo que más que considerar el autismo como una entidad estrictamente definida se debe contemplar un espectro autista.
Es probable que existan genes de riesgo y factores precoces del entorno que contribuyan a una trayectoria aberrante (en el sentido de "diferente a lo habitual") del desarrollo cerebral y de la conducta. Estas alteraciones llevan, hipotéticamente, a una interacción social alterada y, como resultado, al desarrollo anormal de redes neuronales críticas para la interacción comunicativa y social.
Todo ello amplifica el desarrollo del proceso socio-comunicativo diferente dando lugar a un trastorno del espectro autista (TEA) completo.
Todo ello amplifica el desarrollo del proceso socio-comunicativo diferente dando lugar a un trastorno del espectro autista (TEA) completo.

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