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22/3/16

Diferencias y similitudes entre TDAH y Asperger.



La problemática para diferenciar un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el síndrome de Asperger surge en los primeros años de vida, cuando el niño o la niña muestra dificultad para interpretar los pensamientos de los demás y, a veces, padece cierto problema para centrar su atención o muestra una conducta hiperactivo-impulsiva.
Durante la etapa prescolar muchos menores con Asperger o TDAH pueden tener un desarrollo casi idéntico. Según los especialistas:
- Son niños y niñas a los que les cuesta interrelacionarse con otros tanto en el caso del Asperger como en el del TDAH. - A ambos les resulta difícil realizar tareas escolares como las de recortar y colorear. - No utilizan convenciones sociales como “hola” y “adiós” a la hora de saludar o despedirse. - Algunos/as suelen tener rabietas que a los adultos nos parecen incomprensibles y desmesuradas.
Al mismo tiempo estos pequeños/as destacan en algunas áreas: - Suelen ser muy buenos con los puzzles y juegos de construcción y muchos son excelentes en el área de conocimiento musical, por ejemplo. - No tienden a pedir ayuda. - No les gusta el colegio porque sufren rechazo... Si bien el TDAH y el síndrome de Asperger son entidades independientes ambas condiciones tienden a presentarse asociadas con una frecuencia significativamente alta. (Gillberg, C. & Ehlers, S., 1998, 'High- Functioning People with Autism and Asperger Syndrome: A Literature Review', in E. Schopler) . Así, no es extraño encontrar una alta proporción de niños y niñas con Asperger que también presentan TDAH.


Los pacientes con síndrome de Asperger son personas que, generalmente, no tienen habilidades sociales, muestran obsesión por algún tema en particular, rutinas muy marcadas y sobre todo carecen de capacidad para interpretar el lenguaje no verbal. Además, los dos trastornos comparten algunos síntomas hasta el punto de que algunos menores con el síndrome de Asperger son inicialmente diagnosticados con TDAH.
Los casos fronterizos entre TDAH y síndrome de Asperger pueden presentar serias dificultades para orientar la intervención y sobre todo para matizar la información que van a recibir la familia y los educadores. Dada la significativa interrelación entre ambos trastornos es crucial en todos los casos clínicos que el proceso de diagnóstico diferencial sea llevado a cabo de una forma precisa.
   El curso de desarrollo de ambos trastornos sigue caminos divergentes. Así, y durante la segunda etapa de la infancia, el niño hiperactivo continúa experimentando problemas severos de atención, los cuales suelen afectar su rendimiento escolar de forma significativa. Sin embargo, durante la infancia, el niño con el síndrome de Asperger muestra la capacidad generalmente adecuada para el aprendizaje independiente. Pero, a medida que la persona se acerca a la adolescencia, el déficit social se manifiesta de una forma más marcada y el patrón restringido de intereses se intensifica.


En el TDAH los síntomas más frecuentes son impulsividad, falta de memoria, cierta incapacidad crónica para concentrarse o enfocarse en una cosa particular a la vez y que se distraen fácilmente. No supone falta de inteligencia y no son niños o niñas necesariamente vagos ni desmotivados. Aunque no se puede obviar que es habitual que presenten conducta disruptiva lo cierto es que su propia inquietud se confunde a menudo con un mal comportamiento. Son menos eficaces en los procesos de autorregulación conductual porque las tareas lingüísticas requieren niveles altos de atención, inhibición, memoria de trabajo, planificación y organización, que son aspectos en los que estas personas se presentan deficitarias.

   De todos modos los síntomas o rasgos que presentan los/las pacientes con TDAH son tan abiertos a la interpretación que es difícil de precisar quién lo tiene y quién no. 
   Al final resulta que muchos niños y niñas con TDAH tienen rasgos clínicos de Asperger como complicaciones en la interacción social (empatía, relaciones con otros menores) y en la comunicación (fallos en la comunicación no verbal y carencia de conversación).
   A veces el propio TDAH se presenta con trastornos comórbidos. Los más comunes incluyen: trastorno negativista desafiante (TND), trastorno de conducta (TC), trastornos de ansiedad/estado de ánimo y tics. 
   El niño/a hiperactivo/a presenta un temperamento difícil y un nivel de inatención general e impulsividad elevada al principio de la infancia. También muestra un interés activo en el juego con otros niños, aunque a menudo tienen problemas en la interacción social. Estas dificultades sociales son secundarias al patrón de inatención y consecuencia de una falta de internalización de las reglas necesarias para la autorregulación de la conducta.
   En cambio, el niño o niña con el síndrome de Asperger a menudo presenta problemas de atención selectiva, es decir, que muestra una capacidad adecuada para concentrarse en las actividades de su interés. Su incapacidad para interactuar de forma recíproca viene acompañada de una dificultad para entender y utilizar las pautas de comunicación no verbal. Además, la capacidad del menor con el síndrome de Asperger para participar en el juego social y cooperativo está poco desarrollada. A diferencia del menor hiperactivo, que tiene dificultades en el juego por la falta de atención sostenida y la impulsividad, el niño/a con Asperger tiene poca habilidad creativa y rigidez y/o falta de interés en la experiencia social del juego. 


Respecto al lenguaje, el pequeño/a con TDAH interrumpe las preguntas mientras que el niño con síndrome de Asperger no las entiende. El niño/a con TDAH presenta una atención dispersa y no puede detenerse ante los estímulos, no los filtra, mientras que en el niño/a con síndrome de Asperger si la atención es deficiente es porque el tema no le interesa.

   Las respuestas de ambos trastornos a diferentes tratamientos son también opuestos. Así mientras que los síntomas primarios del TDAH responden con éxito al tratamiento farmacológico no existe un tratamiento específico capaz de erradicar la alteración en el desarrollo social del niño o niña con síndrome de Asperger y, en la etapa adulta, el trastorno de la interacción social normalmente persiste, lo que conduce a una alta proporción de adultos y adultas a experimentar dificultades importantes para iniciar y mantener relaciones sociales.

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Fuentes:
- A través de la Clínica Neurometrics y la Fundación Cadah: R. Caballero Andaluz, “Comorbilidad y diagnóstico diferencial en el Sindrome de Asperger“.
- J. Artigas-Pallares, K. Gacria Nonell. E. Rigau Ratera. “Comorbilidad en el TDAH”.
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-  Síndrome de Asperger. Síndrome invisible. 2013, Sánchez-Pardíñez, S., Psylicom Ediciones, colección de materiales para TEA.
- Mundo Asperger y otros mundos. Sacha Sánchez-Pardíñez. Valencia, 2016. sección de trastornos comórbidos. 


1 comentario:

  1. Excelente artículo, conciso y acertado. Desde niña fui diagnósticada TDAH y con el tratamiento adecuado he logrado un sin fin de éxitos en mi vida (y los que faltan). ; ) Me han motivado a investigar sobre el Asperger. Enhorabuena!

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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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