17/1/16

Clasificación de Asperger en el DSM y en el CIE.


Las clasificaciones internacionales más usadas son el manual diagnostico y estadístico de los trastornos mentales y la clasificación internacional de enfermedades (DSM y CIE). Ambas ubicaron el Asperger en el eje correspondiente a los “trastornos de inicio en la infancia, niñez y adolescencia” con el nombre de “trastornos profundos del desarrollo”, que se tradujo posteriormente como “Trastornos Generalizados del desarrollo” (en adelante TGD). El reconocimiento del síndrome de Asperger ha conducido, pues, a su ubicación entre los trastornos del desarrollo en general y en el espectro autista en particular. Algunas personas argumentan que hay un estigma social respecto al autismo que no tiene el síndrome de Asperger y les incomoda que se describa como trastorno del espectro autista. Sin embargo los tratamientos, los enfoques educativos y las terapias son similares pese a que hay algunos rasgos como la edad de comienzo y la falta de destrezas motoras que pueden diferenciar estas condiciones.
DSM-V es el manual diagnóstico usado en U.S.A, de reciente actualización, en el que la categoría diagnóstica de 'síndrome de Asperger' ha sido eliminada de modo que ahora refieren a 'trastornos del espectro autista' con diferentes grados de afectación. No obstante hay profesionales también fuera de América del Norte que prefieren usar dicho sistema en lugar del promovido por la Organización Mundial de la Salud (conocido como CIE).




El síndrome de Asperger fue oficialmente reconocido en el Manual Estadístico de Diagnóstico de Trastornos Mentales (DSM) en su cuarta edición, en 1994. Este manual[1], que se usa a nivel internacional para el diagnóstico de enfermedades y problemas psicológicos, psiquiátricos y mentales, se revisa con cierta regularidad, ya que constantemente se describen nuevos trastornos, y está actualmente en su quinta edición, en la que la categoría de “síndrome de Asperger” ha desaparecido como entidad diferenciada pasando a formar parte de los trastornos del espectro autista (TEA) en los que el nivel de afectación y las ayudas que se requieran determinarán la gravedad del trastorno (grado 1, grado 2, etc.). La anterior edición del citado manual diagnóstico recogía como trastornos diferentes, pero agrupados en la categoría de “trastornos generales del desarrollo,” el Asperger, el autismo de Kanner, el síndrome de Rett, el desintegrativo infantil y el trastorno general del desarrollo no especificado y, por ello, se aproximaba más a la clasificación internacional de la Organización Mundial de la Salud, conocida como CIE, que en su actual edición (la décima) agrupa bajo un epígrafe genérico de Trastornos Generales del Desarrollo (TGD) el autismo infantil; al autismo atípico; el síndrome de Rett; otros trastornos desintegrativos de la infancia; el trastorno hipercinético con retraso mental y movimientos estereotipados; el síndrome de Asperger; otros trastornos generalizados del desarrollo y el trastorno generalizado del desarrollo sin especificación. Para el CIE-10 los trastornos generales del desarrollo (que aparecen con el código F84) se definen como un grupo de trastornos caracterizados por alteraciones cualitativas de las interacciones sociales recíprocas y modalidades de comunicación así como por un repertorio de intereses y de actividades restringido, estereotipado y repetitivo. De forma general se considera que los trastornos autistas presentan importantes alteraciones en la comunicación verbal y en la interacción social aunque específicamente el SA presenta poca alteración verbal y mucha en la interacción social. El DSM establecería que las diferencias entre las personas con SA y con AAF serían, pues, de tipo cuantitativo, relacionadas con el nivel de funcionamiento o con la severidad de los síntomas, pero no de tipo cualitativo.
Estas anomalías responden a la asociación de síntomas conocida con el nombre de Tríada de Wing: trastornos de la comunicación verbal y no verbal, trastornos de las relaciones sociales y áreas de interés restringidas y/o conductas repetitivas[2]; distinguiendo el síndrome de Asperger de otros trastornos autísticos la riqueza de vocabulario, la dificultad que estas personas parecen tener en la comprensión de cómo los demás piensan o sienten y, más raramente, la coexistencia del desorden con cierta torpeza de movimientos; y compartiendo con esos otros trastornos la dificultad en la comunicación de sentimientos y el fracaso en entender las manifestaciones no verbales de los otros.

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[1] En muchas ocasiones el diagnóstico inicial de la persona con Asperger no está especificado como tal y se pasa antes por una época en la que el dictamen es más genérico (como trastorno general del desarrollo) o por lo menos poco específico (trastorno del espectro autista). El trastorno generalizado del desarrollo o TGD (en inglés Pervasive Developmental Disorder) está definido por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (actualmente el DSM-V) desde 1981 (cuando aún era DSM-III). Este manual (en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) contiene una clasificación de los trastornos mentales y proporciona descripciones claras de las categorías diagnósticas para que los clínicos y los investigadores de las ciencias de la salud puedan diagnosticar, estudiar y tratar los distintos trastornos mentales. La publicación del DSM-V no estaba carente de controversia entre los profesionales en cuanto a su uso diagnóstico. Para evitar polémicas la Organización Mundial de La Salud (OMS) recomienda el uso del sistema internacional denominado CIE-10 (Clasificación internacional de enfermedades) como alternativa al DSM.

[2] Con independencia de su nivel cognitivo las personas con TEA suelen alterarse con facilidad si hay cambios en la rutina diaria. Esa inflexibilidad de pensamiento es un rasgo nuclear en todo el colectivo con TEA pero tiene diferentes manifestaciones según el nivel de funcionamiento. La consideración de las dificultades de anticipación de este colectivo supone uno de los principales enfoques actuales en los programas de intervención.