1/6/15

EL PROBLEMA DEL ACOSO ESCOLAR.




Síndrome de Asperger. Síndrome Invisible. Ed. Psylicom
Sacha Sánchez-Pardíñez
(Páginas 107 a 113)

 El acoso escolar consiste en un continuado y deliberado maltrato verbal o modal que recibe un niño por parte de otro u otros, con el objeto de someterle, amilanarle, intimidarle, amenazarle u obtener algo mediante chantaje. Atenta contra la dignidad del niño y sus derechos fundamentales.
Es necesario entender que las relaciones sociales en el medio escolar se encuentran entre las más significativas del proceso de socialización. Estas relaciones tempranas determinarán aspectos importantes de la personalidad y de los recursos psicológicos del individuo. Por tanto sufrir acoso escolar puede generar importantes daños sobre el desarrollo de la autoestima y la personalidad. Algunos de los daños generados por el acoso escolar pueden cronificarse llevando a cambios permanentes de la personalidad.
El acoso escolar está constituido por la repetición y la continuidad de distintas conductas de acoso o violencia escolar. Por tanto ha de establecerse en función de la existencia de conductas de acoso y nunca en función de los daños. La evaluación de lesiones psicológicas será importante cuando se busquen otros objetivos, como puede ser el tratamiento psicológico de las víctimas. En los restantes casos no es necesaria la evaluación del daño ni su existencia para determinar que hay acoso escolar. La repetición de conductas de maltrato contra un niño victimizado en un proceso de acoso escolar es suficiente como para generar esa vivencia de amenaza y peligro que luego genera el Síndrome de Estrés Postraumático, caracterizado por:
-        Disminución de la capacidad para concentrarse y prestar atención.
-        Problemas de memoria.
-        Pesadillas
-        Dificultades para conciliar el sueño e insomnio.
-        Depresión.
-        Ansiedad y nerviosismo.
-        Invasión de visualizaciones o recuerdos violentos.
-        Vivencia de terror o pánico ante estímulos asociados con el trauma.
-        Incapacidad o dificultad para experimentar alegría.
-        Aislamiento social e introversión.
-        Irrupción en consciencia de pensamientos focalizados en el trauma.
-        Aislamiento social e introversión.
-        irritabilidad y sensibilidad a la crítica.
-        Hipervigilancia (mantenerse en constante estado de alerta).
Este síndrome tiende a cronificarse y no disminuir con el paso del tiempo, si no es tratado adecuadamente. Su cronificación puede llevar a cambios permanentes en la personalidad.
Las últimas estadísticas aseguran que aproximadamente el 90% de los niños con Síndrome de Asperger sufren alguna forma de acoso escolar al menos una vez por semana[1]. La cifra es abrumadora y éste se ha convertido en el mayor de los problemas de los niños en edad escolar con este diagnóstico.
Teniendo en cuenta que los niños Asperger suelen ser víctimas de acoso escolar suscribimos el comunicado de la Federación Asperger España[2] en el que se manifiesta su repulsa y profunda preocupación por la lacra en nuestro paí­s de la violencia entre iguales, el acoso escolar o bullying, y la falta de respuestas rápidas y eficaces por parte de las autoridades y administraciones competentes, sobre todo en materia de educación, incluidos los responsables de los centros escolares, que muchas veces minimizan el problema, cuando no lo niegan abiertamente, e incluso tienden a culpar a las ví­ctimas del maltrato y a las familias de éstas, sin tomar medidas efectivas que atajen el acoso.
Los estudiantes con Síndrome de Asperger son especialmente vulnerables al acoso escolar por sus caracterí­sticas, especialmente por la falta de entendimiento de las reglas implí­citas de los juegos y de las relaciones de grupo o sociales, y su ingenuidad y credulidad (pueden ser engañados, inducidos a cometer acciones inapropiadas).
Reclamamos la supervisión responsable y especí­fica del profesorado y personal no docente de los centros educativos, tanto en clase como en espacios no estructurados (recreo, transporte escolar, comedor, excursiones, salida y entrada del centro educativo), y una intervención preventiva por parte de docentes, tutores, equipos directivos y orientadores de colegios e institutos, así­ como de la inspección educativa en todos sus niveles.  Por eso suscribimos el comunicado de la Federación Asperger España que manifiesta su repulsa y profunda preocupación por la lacra en nuestro país de la violencia entre iguales, el acoso escolar o bullying: Los estudiantes con Síndrome de Asperger son especialmente vulnerables al acoso escolar aunque su apariencia física y su cociente intelectual sean perfectamente normales; (…)  Esto les convierte en presa fácil para los acosadores de todas las edades y niveles educativos, aunque es en la adolescencia (la Secundaria Obligatoria) cuando este problema se agrava hasta alcanzar cotas dramáticas de sufrimiento e indefensión, máxime si tenemos en cuenta que las personas con Asperger pueden llevar años padeciendo en silencio e impunemente la burla, el desprecio, la exclusión social e incluso agresiones físicas sin saber o poder comunicarlo a sus padres o familias. El Síndrome de Asperger supone un factor de riesgo para ser víctima de acoso escolar.
Muchas víctimas de acoso escolar se analizan a sí mismas buscando defectos que expliquen porqué son acosados pero no hay ninguna característica que explique o justifique el acoso. El acoso es injustificable. 
Los niños acosados no son distintos al resto de los niños, de hecho, en ocasiones tienen características que les hacen sobresalir positivamente (pueden ser los más brillantes del aula, los más divertidos o los más justos). Es muy frecuente encontrar que los niños acosados no son aquellos con menos capacidades sino aquellos que más destacan por su bondad, su inteligencia, su belleza, su sentido del humor o su capacidad para hacer amigos. Por ejemplo, es común que la niña más guapa de la clase sea acosada por otras niñas que se vean a sí mismas como menos agraciadas. En estos casos, detrás del acoso está la envidia.
Otras veces los niños acosan porque han descubierto que a través del acoso pueden conseguir cosas (pueden conseguir que otros niños les den sus juguetes, su material escolar, su dinero o su bocadillo del recreo, por ejemplo).
Los acosadores tienden a sacar defectos a sus víctimas como forma de herirles y de justificar sus actitudes de maltrato pero generalmente estas atribuciones de supuestos defectos son posteriores al inicio del acoso. Los acosadores siempre encontrarán motivos para meterse con cualquiera de las personas que tengan a su alrededor por tanto la causa del maltrato NUNCA está en la víctima de acoso, siempre está en el acosador.
Los niños acosadores siempre acosan por los mismos motivos: o bien para conseguir algo o bien porque sienten una envidia profunda ante alguna característica del niño acosado. Acosar es la forma que tienen para conseguir sentirse populares. Desafortunadamente, hay niños que aprenden a una corta edad que a más violento sea uno más fácil le resulta controlar, manipular y dirigir a los demás. Descubren que cuanto más acosen y maltraten a otros más miedo tienen los demás en contradecirles y consiguen a través del acoso erigirse como líderes en sus centros educativos.
Los síntomas principales a los que todo padre debe prestar atención para detectar acoso escolar son[3]:
-        Miedo del niño a ir al colegio.
-        Reticencia del niño a ir al colegio.
-        Evitación de actividades con sus compañeros.
-        Quejas y malestar físico antes de ir al colegio.
-        Pérdidas de material escolar o juegos en el colegio.
-        Cambios del estado de ánimo: tristeza y apatía.
-        Cambios de personalidad: retraimiento.
-        Comienzo del niño de morderse las uñas.
El acoso y la violencia escolar generan en las víctimas daños psicológicos graves cuando las conductas de maltrato y hostigamiento se mantienen durante cierto tiempo. El tiempo necesario para que se manifiesten estos daños puede variar en función de variables como el apoyo afectivo que reciban las víctimas en su entorno familiar.
Ni los  padres ni los profesores pueden permitirse esperar hasta que un niño desarrolle secuelas psicológicas para tomar medidas ante el acoso, entre otras cosas porque las secuelas psicológicas más habituales que deja el acoso escolar son:
-        Sintomatología clínica de estrés postraumático (53% de las víctimas).
-        Sintomatología de distimia.
-        Presencia de flashbacks.
-        Disminución de la autoestima.
-        Sintomatología de ansiedad.
-        Somatizaciones.
-        Autoimagen negativa.
La ley hace responsables a los colegios de proteger a los niños de cualquier peligro que puedan sufrir estando en el centro escolar. Mandamos a nuestros hijos a centros educativos, no a campos de batalla, así que si se detecta acoso escolar debe exigirse al centro que tome medidas de protección de las víctimas y que sancione a los agresores por sus conductas de maltrato.
En aquellos casos en que los centros educativos no garantizan la seguridad de los alumnos y no protegen a las víctimas de acoso escolar es posible denunciar a los centros educativos por omisión de su responsabilidad. Ya existen sentencias que obligan a los centros a indemnizar a aquellos niños que han sido dañados por el acoso escolar. Cuando no se toman medidas aumenta el número de alumnos que participan de conductas violentas y aumenta la probabilidad de que el centro tenga que responder a demandas judiciales, indemnizando económicamente a las víctimas.
Hay veces que los centros no saben cómo reaccionar ante estas situaciones para garantizar la seguridad de los menores. Por eso se recomienda que informe al centro por escrito de manera que quede constancia de los hechos ocurridos con la finalidad de, en casos extremos en que el problema persista y el centro no tome medidas efectivas,  poder adoptar medidas extremas como dejar de llevar al niño a clase, cambiar de colegio y/o interponer una demanda contra el centro educativo.
La prevención debe ser un objetivo fundamental. El niño/a necesita saber que alguien le cree y le apoya. El acoso no es una situación fácil y genera gran sufrimiento a las víctimas pero aún son muchos los padres que caen en la tentación de negar el problema de acoso escolar de sus hijos o que optan por trivializar su importancia. Mirar a otro lado ante las señales que deberían alertarnos puede derivar en graves consecuencias para la salud de nuestros hijos y la relación que tenemos con ellos. Aquellos niños que no se sienten escuchados y creídos por sus padres en materias de acoso pueden terminar ocultando el problema, un problema que a la larga puede generar daños severos sobre la autoestima del niño, así como cuadros de somatizaciones, estrés postraumático, depresión, etc. El acoso escolar mina poco a poco la resistencia psicológica de las víctimas y con el tiempo puede dar lugar a síntomas depresivos, trastorno de estrés postraumático, molestias somáticas, disminución de la autoestima y otros problemas. El daño psicológico puede afectar de manera significativa sobre el nivel de rendimiento escolar y a veces puede ser necesaria atención especializada para tratar la sintomatología producida por el acoso escolar.
Controlar los niveles de acoso y violencia escolar puede ser a veces complicado, especialmente cuando por falta de medidas preventivas se hayan podido agravar y cronificar situaciones ya existentes. Es necesario tomar medidas preventivas para evitar los casos de acoso. Así que se hace imprescindible evaluar periódicamente los niveles de acoso escolar con herramientas específicas, debidamente elaboradas y validadas. En la actualidad existen diversas herramientas de medición del acoso escolar que permiten evaluar la situación de cada alumno dentro de un centro.
Medir el acoso escolar regularmente tiene una doble finalidad. En primer lugar permite detectar los casos ya existentes para tomar las medidas necesarias de protección de la víctima y sanción de las conductas de maltrato. En segundo lugar tiene efectos disuasorios, ya que aquellos niños que frecuentemente actúan de manera violenta reciben el claro mensaje de que sus conductas no son bien vistas por el centro y que por tanto serán sancionadas. Al contrario de lo que a veces se cree atajar las situaciones de acoso está al alcance de profesores y orientadores. No obstante es necesaria una firme voluntad para ceñirse a una política de tolerancia cero de la violencia. Debe primar el derecho de la víctima a ser protegida y los centros educativos tienen la obligación de garantizar ese derecho. La forma de garantizar la protección de la víctima consiste en estar abiertos a detectar y descubrir las conductas  de acoso y violencia escolar.
Deberán detectarse, por tanto, conductas específicas de acoso y violencia escolar. Y deberán sancionarse esas conductas. Las sanciones transmiten el claro mensaje de que la violencia tiene un precio. La reincidencia en conductas de acoso escolar debería ir seguida de la reincidencia de las sanciones, con el debido incremento de la magnitud de la misma. Las primeras sanciones serán, por tanto, de carácter más moderado para ir creciendo en relevancia debiéndose tomar medidas importantes como avisar a padres de víctimas y agresores de los hechos ocurridos.
Es imprescindible proteger a la víctima y sancionar las conductas de acoso. Negar al problema o mirar a otro lado puede tener efectos difíciles de remediar. La medida final adoptada en los centros escolares sería, pues, la expulsión permanente del alumno agresor. Puede parecer una medida drástica pero en muchos casos será la única forma efectiva de garantizar la integridad de la víctima.
El acoso puede generar graves daños psicológicos a las víctimas y también a los agresores. Las víctimas de acoso a veces llegan hasta el suicidio. Los agresores aprenden a comportarse violentamente hasta en su vida adulta. Distintos estudios han demostrado que un número importante de los acosadores cuya conducta no ha sido sancionada ni redirigida terminan convirtiéndose en adultos violentos y criminales.


Sacha Sánchez-Pardíñez


[1] Datos estadísticos disponibles en Principio Golden5: documento que expone algunos de los problemas actuales en la educación, como es la falta de motivación, el rendimiento, las interrupciones en clase, la atención a la diversidad, etc.

[2]  Comunicado de Febrero de 2007 contra el acoso escolar a los niños afectados por el Síndrome de Asperger. La Federación Asperger España se adhiere a los principios reivindicativos de otros colectivos y asociaciones que luchan contra el acoso escolar y conforman la Plataforma de Iniciativa Ciudadana Contra la Violencia en la Escuela (PICAVE), para exigir a la Administración la aceptación y reconocimiento de la realidad del acoso escolar en España, y soluciones eficaces.

[3] Mobbing Escolar, (2007) I. Piñuel y A. Oñate.



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