23/6/20

Diagnóstico diferencial del síndrome de Asperger y sus comorbilidades.




El diagnóstico del síndrome de Asperger es diferencial. Esto supone que el síndrome de Asperger es aquello que no encaja con cualquier otro trastorno. Es decir, que Asperger es lo que no es hiperactividad, déficit de atención, trastorno semántico-pragmático, etc.
Que sea así ha convertido el síndrome de Asperger en una especie de saco roto en el que caen todos aquellos de los que no se sabe bien qué tienen, del mismo modo que sucede con el trastorno general del desarrollo no especificado o, de acuerdo con la última revisión del DSM, con el trastorno de la comunicación social (Social Communication Disorder) (SCD). Así que, igual que es frecuente que una persona con Asperger haya recibido antes un diagnóstico erróneo, es bastante habitual que se diagnostique a alguien con Asperger cuando al final tiene otro problema diferente.
Los trastornos comórbidos son aquellos que aparecen asociados al trastorno principal. No existen en todos los casos pero sí que son muy frecuentes en las personas que tienen como diagnóstico de síndrome de Asperger.


De forma general los más habituales son los siguientes:
- Problemas del estado de ánimo como depresión o ansiedad.
- Tics nerviosos o síndrome de Tourette.
- Superdotación intelectual o altas capacidades como oposición a la capacidad intelectual disminuida, el bajo cociente intelectual o el retraso cognoscitivo.
- Otros trastornos relacionados con el aprendizaje como por ejemplo la discalculia o la disgrafía.
- Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o, a veces, trastorno atencional o hipercinesis (es decir: una sola de las ramas del TDAH).
- Comportamiento disruptivo, trastorno negativista desafiante (TND), síndrome del pequeño tirano (o síndrome del emperador), etc. como oposición al síndrome de Solomon.
Trastorno obsesivo compulsivo (TOC).
- Trastornos del lenguaje y la comunicación.



Es importante identificar y reconocer la comorbilidad psiquiátrica porque tratándola mejora sustancialmente el funcionamiento psicosocial de estas personas. Para esto puede requerirse una mejor formulación diagnóstica puesto que estos otros problemas suponen dificultades añadidas para la persona con síndrome de Asperger, junto a otras consideraciones como la discalculia, disgrafemia, hipersensibilidad sensitiva, etc. Lógicamente cuantos menos trastornos asociados se tengan mejor pronóstico de futuro se tiene también. Es muy importante tener esto en cuenta ya que a veces las familias olvidan que además del Asperger debe atenderse las otras dificultades y aunque ofrecen terapias y ayudas para mejorar, por ejemplo, en sus habilidades sociales, descuidan esos otros aspectos que en el futuro pueden llegar a convertirse en grandes problemas.
La persona con Asperger debe recibir atención especializada para atender todas y cada una de las dificultades que presenta y para los trastornos asociados al principal que padece. Solo atendiendo de forma global todos los problemas el desarrollo será óptimo.
Por otro lado, aunque la psicoterapia dirigida hacia el conocimiento de uno mismo no ha resultado ser de mucha ayuda, parece que una terapia de consejo claramente orientada y estructurada puede ser muy útil para las personas con síndrome de Asperger, particularmente en el contexto de experiencias importantes de tristeza o negativismo, ansiedad, frustración en lo que se refiere a metas vocacionales y trabajo, y ajuste social progresivo.









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