9/5/20

Filipek. El diagnóstico de autismo se produce a los 9 años de edad o incluso más tarde.



La familia es fundamental en el proceso de identificación de signos de alarma en la evolución del niño o la niña con un trastorno del espectro autista y, su temor o resistencia para evitar la etiqueta, no limitan el reconocimiento de los síntomas ni las acciones para buscar un diagnóstico. 
Por esto se considera primordial que cuando una familia exprese sus preocupaciones por algún síntoma atípico del niño/a los profesionales utilicen una herramienta de cribado como el M-CHAT, u otra que esté disponible, para asegurarse de si es conveniente o no comenzar con un proceso diagnóstico. 
Las características que generan más sospecha de la presencia de algún problema del desarrollo en los cuidadores duelen ser las siguientes: 
- En cuanto a lo social el 92% de los padres observan que el niño se ve ausente y 51.7% que se mantiene aislado de las demás personas.
- En lo relacionado con la comunicación la ausencia de lenguaje es lo más observado (50%).
- En el comportamiento el 35.7% de los padres perciben a sus hijos agresivos
- Finalmente, en el 52.4% de los casos se presenta un retraso motor que alerta a la familia de que hay algún problema en el desarrollo del menor.
Filipek y sus colaboradores encontraron (1) que más de la mitad de los padres de niños con un posterior diagnóstico de TEA manifestaron preocupaciones por el desarrollo de su hijo desde los 18-24 meses y que, sin embargo, en la mayoría de las ocasiones los profesionales de la salud lo obviaron y les intentaron tranquilizar planteando que podría tratarse de ansiedad materna o la diversidad en el desarrollo normal en los niños y niñas de esas edades.


En el 59.5% de los casos se identificó a los padres como las primeras personas que sospecharon la presencia de algún problema en los niños, en el 21.4% de casos fueron los docentes (maestros y profesores) y solamente en 2.4% de la muestra el médico fue la primera persona en sospechar el trastorno. Es más, solamente el 5% de las familias encuestadas identificaron a su pediatra como la persona que inició el proceso de diagnóstico y cerca de 20% reportó que habían tenido que presionar para que les remitieran a especialistas o tuvieron que buscar consultas privadas.
Los profesionales, tanto de la salud como de la educación, deben escuchar las preocupaciones de la familia y tener presente que la convivencia con el niño/a y los referentes externos les proporcionan información sobre su desarrollo que no es equiparable con los indicadores obtenidos en un entorno artificial y restringido como es una consulta pediátrica o psicológica.



(1) Filipek PA, Accardo PJ, Ashwal S, Baranek GT, Cook EH Jr, Dawson G, et al. Practice parameter: screening and diagnosis of autism. Report of the Quality Standards Subcommittee of the American Academy of Neurology and the Child Neurology Society. Neurology 2000;55:468-479.




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