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29/2/20

Acoso escolar. Prevención de la violencia y promoción de la convivencia pacífica en los centros educativos.



"Bullying" es una palabra anglosajona que se ha puesto de moda para referirse al acoso escolar y/o intimidación de un abusador sobre una víctima dentro del ámbito escolar. Hasta el momento se han tipificado 6 tipos de acoso o bullying, dándose frecuentemente situaciones de varios tipos de acoso contra la misma víctima durante mucho tiempo: meses, todo un curso escolar e incluso varios años. Los seis tipos de acoso referidos serían el físico, psicológico, verbal, sexual, social y ciberacoso o ciberbullying.
Sería recomendable incorporar la psicología como una especialidad más, en el campo de la orientación, para apoyar al equipo de dirección y a tutores de los centros educativos en prevención de violencia y en la promoción de la convivencia pacífica. El conocimiento y la sensibilización cada vez mayor de la opinión pública y de los medios de comunicación han propiciado el desarrollo de una labor coordinada más activa que implique a las administraciones públicas, las familias y los docentes. Por ello, se está desarrollando una gran labor en la elaboración de programas de prevención y de resolución de conflictos. No olvidemos que el personal docente y no docente del centro está amparado por una ley que impide que sobre ellos recaiga ningún tipo de abuso o acoso. Pero donde, en cambio, el alumnado depende de que el centro tome una iniciativa y cree unos protocolos que garanticen sus derechos y su integridad.

Por eso, es fundamental que las AMPAs incluyan dentro de sus objetivos prioritarios la supervisión y el impulso de planes de convivencia que garanticen que ningún niño o niña pueda sufrir acoso. No debería existir, en ningún caso, un centro escolar donde no esté aprobado y consolidado un plan de convivencia real llevado diariamente a la práctica. La integridad física y psicológica del alumnado no debería depender de la arbitrariedad del centro ante la puesta en marcha o no de un plan de convivencia. El acoso escolar debe abordarse desde un enfoque multidisciplinar.

El psicólogo José Antonio Luengo advierte en una entrevista (realizada por Agustina Sangüesa para www.sociedadcivil.com) del aumento del acoso escolar y de la violencia por diversión. Luengo es autor de la publicación gratuita ‘Ciberbullying, prevenir y actuar’, un proyecto de Atresmedia y el Colegio de Psicólogos de Madrid, y es un psicólogo convencido de que los adolescentes están normalizando las situaciones de violencia porque, entre otras cosas, pasan mucho tiempo solos y porque tienen acceso sin control adulto a redes e Internet. Es uno de los expertos que han colaborado en la elaboración de los materiales que ofrece la nueva web de convivencia de la Comunidad de Madrid y autor del blog Educación y Desarrollo Social y recomienda invertir más en convivencia y conciliación familiar. Una situación que merma la salud mental de los niños y sobre la que podemos actuar con celeridad y evitando males mayores.

Esther Arén, inspectora Jefe de la Policía Nacional: «Si tiran a un niño por la escalera, el colegio es responsable civil, y el profesor, responsable penal». Esta experta en acoso escolar pide a los docentes que hablen de él como un "delito" y nunca tapen un caso. Octubre de 2016.

Se requiere investigación adicional para validar clínicamente la correlación entre el diagnóstico psiquiátrico de un niño y el comportamiento de intimidación. Diseños longitudinales del estudio también ayudarán a proporcionar información sobre la secuencia de eventos relacionados con las conductas abusivas y los problemas psicológicos y físicos. 
Los investigadores esperan que con mayor información sobre los comportamientos de intimidación y las consecuencias del acoso escolar en los niños y niñas y en los adolescentes los padres, personal escolar, maestros y profesionales de la salud puedan proteger mejor a la población infantil. Los padres también deben obtener más información sobre cómo se puede trabajar para prevenir el acoso escolar y ayudar a los niños que participan en la intimidación.
El niño/a necesita saber que alguien le cree y le apoya. Aunque no podemos ignorar las quejas de un chico o chica que sufre maltrato pero tampoco tenemos que dar de entrada una credibilidad excesiva a sus “historias” si no hay una base e indicios . Por eso este asunto es tan complejo.

A menudo los niños explican las cosas a su manera para causar el efecto que les conviene; en este caso corremos el riesgo de magnificar un hecho irrelevante y producir una escalada del conflicto. Por tanto es imprescindible hacer una valoración ajustada de la situación. Es muy importante detectar el abuso escolar para frenarlo cuanto antes y reconocer conductas que, repetidas, pueden indicar acoso. Es importante detectar a la víctima y detectar al acosador. ¿Y si fuera nuestro propio hijo el que está acosando? Los niños que acosan también necesitan ayuda, de otro tipo, pero la necesitan o el problema se perpetuará.
El acoso no es una situación fácil y genera gran sufrimiento a las víctimas pero aún son muchos los padres que caen en la tentación de negar el problema de acoso escolar de sus hijos o que optan por trivializar su importancia. Muchas víctimas de acoso escolar se analizan a sí mismas buscando defectos que expliquen porqué son acosados pero no hay ninguna característica que explique o justifique el acoso.

El acoso es injustificable.. Mirar a otro lado ante las señales que deberían alertarnos puede derivar en graves consecuencias para la salud de nuestros hijos y la relación que tenemos con ellos.

Aquellos niños que no se sienten escuchados y creídos por sus padres en materias de acoso pueden terminar ocultando el problema, un problema que a la larga puede generar daños severos sobre la autoestima del niño, así como cuadros de somatizaciones, estrés postraumático, depresión, etc. Las víctimas de acoso escolar no suelen contarlo a sus padres o madres, sobre todo a partir de los 10 o 12 años. Sentimientos como la vergüenza, la inseguridad o el sentirse inferior hacen que el niño o niña sufra las agresiones en silencio. Por eso, es muy importante que los adultos seamos capaces de ponernos en guardia ante determinadas conductas que pueden darnos pistas de que está siendo víctima de algún acosador escolar.

CEAPA distribuye una guía de descarga gratuita (PULSE AQUÍ PARA DESCARGA) con el título "Acoso Escolar: guía para padres y madres", insistiendo en que las relaciones y las experiencias que viven los niños y adolescentes en la familia, escuela y el barrio son imprescindibles para un buen desarrollo emocional, social y cognitivo. El objetivo de esta guía es intentar responder algunas de las preguntas que padres y madres podemos tener acerca del acoso escolar, y ofrecer información sobre lo que necesitamos saber y qué podemos hacer para ayudar a vuestros hijos e hijas. Además, también quiere proporcionar información para que desde el Consejo Escolar y las AMPAS podamos trabajar con la escuela para ayudar a asegurar que ésta garantice la convivencia del centro escolar, a través del diseño y desarrollo de planes de convivencia.





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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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