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2/12/19

El acoso escolar y la falta de inclusión real de las personas con algún tipo de discapacidad.



El desenlace del acoso, en buena parte de los casos, es que las víctimas acaban abandonando el centro educativo y los agresores se quedan en él (victimización secundaria del niño o niña acosados).
Todavía tiene vigencia esa especie de argumento que justifica determinadas acciones porque la víctima 'es un chico raro'.
Pese a la existencia de protocolos contra el acoso escolar la realidad es que poca gente en los centros educativos conoce cómo aplicarlos; además, resultan especialmente ineficaces en los casos de acoso relacional o psicológico, “el que no deja marca y que tiene mucho que ver con el sexismo que vemos en la sociedad” según Amnistía Internacional en el informe «Hacer la vista… ¡gorda!: El acoso escolar en España, un asunto de Derechos Humanos», de 2019.
El 'no pasa nada, estas cosas endurecen y curten' es un error gravísimo porque, en realidad, el acoso puede destruir la vida de un niño o de una niña.  
Hay que llevar a cabo una transición integradora que permita al alumnado diferente ser partícipe de todos los ámbitos sociales. Los protocolos existen y tenemos profesionales muy preparados para hacerlo, además de familias muy interesadas y participativas, implicadas y con las ganas y fuerzas suficientes como para exigir y reivindicar que la integración sea efectiva. 


La exclusión y la segregación invitan al rechazo por parte de los demás, convirtiendo de facto a quienes son diferentes en víctimas potenciales de acoso escolar.
 "Ningún niño o niña se hace fuerte por soportar las agresiones y el hostigamiento de los demás. Al contrario, las personas van a poder defenderse en la adultez en tanto sean felices en la infancia. Por eso hay que pensar en educar a los peques para que no disfruten lastimando al otro, educar en la tolerancia y erradicar el acoso" dice Maite Garaigordobil, catedrática de psicología y experta en acoso, asegura que sufrir acoso escolar no endurece ni curte, solo sirve para destrozar la vida.

El acoso escolar y la falta de inclusión real de las personas con algún tipo de discapacidad se abordan en el documento para dar una visión de la situación terrible que se da en España al respecto. Bajo el título La educación inclusiva como mecanismo de garantía de la igualdad de oportunidades y no discriminación de las personas con discapacidad, de la autora Marta Medina García, se aborda en profundidad el paradigma de la educación inclusiva y se contrasta con su aplicación práctica, enormemente deficitaria, en España. La tesis de Marta Medina, calificada con la máxima puntuación académica, ha sido dirigida por Esperanza Alcaín, secretaria de Inclusión y Diversidad de la Universidad de Granada y miembro fundamental de la Fundación Derecho y Discapacidad.  Aúna el análisis y la reflexión de un contexto teórico y normativo abundante y la resolución de una serie de hipótesis y problemas de investigación a través de un estudio empírico, construyendo así un dispositivo metodológico que aporta rigor científico a este candente asunto y da respuesta a los planteamientos indagatorios de base. Además, el trabajo presenta la novedad de unir dos disciplinas como son las Ciencias de la Educación y el Derecho de las Personas con Discapacidad, disciplinas ambas imprescindibles para garantizar este derecho e instaurarlo con solvencia pedagógica sobrada. 


La educación inclusiva garantizaría la igualdad de oportunidades y no discriminación de las personas con discapacidad. Así lo expone la tesis de Marta Medina, pedagoga que se declara fascinada por el mundo de la discapacidad. Su trabajo concluye que una ley educativa que apela a la calidad no puede dejar al margen la inclusión ni puede discriminar o etiquetar a los alumnos favoreciendo la segregación.
Se sigue confundiendo integración con inclusión y no tiene nada que ver soltar a un alumno con discapacidad en un aula ordinaria, sin cambiar la estructura de las clases y programaciones, con rediseñarlo todo para que todos brillen y para que todos tengan cosas que ofrecer y aprender.
Educación inclusiva es escolarizar a los menores en centros ordinarios, con los ajustes razonables que hagan falta, y no en los centros específicos de educación especial aunque sean alumnos con necesidades educativas especiales (NEE).


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Fuentes y otros textos para consulta:
- Amnistía Internacional ha iniciado una campaña bajo el título «Pupitres libres de acoso escolar»
-  Sufrir acoso escolar no endurece: solo sirve para destrozar la vida. Entrevista a Maite Garaigordobil, catedrática de psicología y experta en acoso:
-  Sufrir acoso escolar no endurece: solo sirve para destrozar la vida. Entrevista a Maite Garaigordobil, catedrática de psicología y experta en acoso: http://www.mundoasperger.com/2017/08/sufrir-acoso-escolar-no-endurece-solo.html



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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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