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31/3/19

Civismo. Respeto hacia los demás, comportamiento ético y responsable para el bienestar de todos.



Hablar de inclusión, integración e igualdad es algo con lo que se nos llena la boca. Sin embargo muchas de las personas que expresan ser inclusivas o equitativas no se dan cuenta de que en su día a día repiten constantemente comportamientos incívicos, con muy poca consideración hacia los demás, y muy molestos e incluso problemáticos.
Algunos de esos comportamientos uno los tiene sin siquiera darse cuenta de lo problemáticos que son. Otros los hacemos pese a saber que son un problema. Cada persona, de acuerdo a su educación, a su concienciación y a su entorno, realiza más o menos comportamientos incívicos regularmente, pero dudamos que nadie se libre de hacerlo, sin darse cuenta, en su totalidad. 


   
El civismo es un comportamiento de respeto hacia el prójimo, una forma de tratar a los demás que incluye el respeto hacia todos y todas además de otros valores como la ética, la educación o la sensibilidad. Ser incívico significa molestar a los demás por despreocupación, por egoísmo básicamente, porque aunque a veces se es incívico intencionadamente (para dañar o molestar a otros) lo más frecuente es que las personas estén pensando en su bienestar propio y sencillamente se olviden de empatizar con los otros (no se dan cuenta que sus actos molestan a los demás o pueden resultar un problema para alguien) o directamente con las necesidades de las demás personas.
   Pondremos ejemplos para que se comprenda mejor: En las grandes ciudades, que en general están masificadas y tienen un parque de vehículos circulando muy grande, es muy poco cívico aparcar ocupando dos plazas ya que suele ser difícil encontrar aparcamiento. Que tú ocupes dos plazas significa que otra persona no pueda aparcar. Hay quien procura apurar en el hueco para dejar libre espacio suficiente a otro vehículo pero hay quien, una vez metido su coche, simplemente lo deja ahí (y agradece su suerte) sin pensar en que en el espacio que está ocupando pueden entrar dos vehículos y que alguien que no tiene tanta suerte y lleva rato dando vueltas podría compartir ese lugar con el vehículo que se ha dejado sin más preocupación. Por la misma razón es muy poco cívico, de hecho es un comportamiento casi malvado, dejar el coche en un aparcamiento para personas con diversidad funcional cuando tú no tienes tarjeta de aparcamiento que lo permita (porque no tienes diversidad).
Si analizamos este acto es fácil darse cuenta de que no solo se trata de que estás forzando a una persona que necesita ese espacio a dar vueltas buscando otro lugar en el que dejar su vehículo, sino que, además, es posible incluso que estés imposibilitando que la persona con diversidad pueda realizar la acción o el trámite que iba a hacer, a causa de que no pueda dejar su coche cerca del lugar al que se dirige. Imagina que vas al cine un día en el que a todo el mundo le ha dado por ir al cine. Está en un centro comercial lleno de coches, con pocas plazas de aparcamiento libres, que tiene algunas zonas reservadas para personas con discapacidad en un lugar cercano a la entrada. Si tú dejas ahí tu coche puede que una persona con una gran lesión de espalda, que apenas puede dar unos pasos, tenga que volverse a casa sin ver la película que tú disfrutarás tan cómodamente. ¿Por qué? Pues porque esa persona, aunque no va en silla de ruedas, camina con mucha dificultad y soporta mucho dolor al hacerlo. Eso significa que si éste que tiene una lesión aparca cerca de la entrada de los cines puede llegar poco a poco, pasito a pasito, a la sala a ver la película, pero si aparca lejos le va a resultar imposible recorrer la distancia que queda entre su coche y el cine y, por tanto, no va a poder acceder al mismo, pese a que no va en silla de ruedas. Bueno, si hablamos de ocio aún podríamos pensar que no es importante (aunque sí lo es en realidad) pero ahora imagina que a esa persona le sucede lo mismo cuando va a Hacienda a presentar su declaración de la renta, cuando va al médico a por sus recetas, cuando va a hacer la compra diaria, cuando intenta ir a su Ayuntamiento a pedir un documento de padrón, cuando lleva a sus hijos al colegio... Tu comportamiento incívico está obligando a esa persona a permanecer recluido en su casa, a no poder hacer nada, por culpa de algo tan simple como necesitar un aparcamiento cercano al lugar al que necesita ir que tú le quitas tan despreocupadamente.
   Otro comportamiento incívico muy frecuente es el de no recoger las heces de tu mascota. Se nos viene a la mente que luego cualquier peatón puede pisarlas, incluso resbalar, pensamos en el olor que queda en la acera o en la calle, la suciedad y la cantidad de virus y bacterias que se acumulan ahí, etc., pero vamos a pensar más allá... ¿Imaginas que una persona que va en silla de ruedas pisa los restos de tu perro con una de las ruedas? ¿Sabes que esas heces pasan directamente a sus manos? ¿Cómo te sentirías tú si, no pudiendo caminar, las ruedas de la silla que te permite desplazarte se llenaran de excrementos? Bien, ahora que lo sabes... ¿Por qué no recoges lo que su perrito va dejando por ahí?


Otros comportamiento muy poco cívicos son los de no ceder asiento a embarazadas, ancianos o personas con movilidad reducida en el transporte público, la sala de espera del médico o de un hospital, incluso en la zona de espera de la frutería. También lo es cruzar dos carrirles para salir de una rotonda, invadiendo el paso de quien va por el carril de fuera, haciéndole frenar de golpe para no chocar o chocando directamente, porque en lugar de volver a dar la vuelta a la rotonda tú has preferido cruzarte y provocar un accidente para salir por donde tú quieres salir, sin pensar ni mirar si viene alguien circulando por el carril de la derecha o si le vas a obligar a hacer una maniobra peligrosa al cruzarte. Lo mismo ocurre al conducir por el carril del medio en autovía haciendo que te adelanten tanto por la derecha como por la izquierda y, por tanto, forzando a los que te pasan por la derecha a realizar una infracción del código de circulación. Si la recomendación, la norma de hecho, es que circules por el carril de la derecha y uses los otros para adelantar a quien vaya más lento que tú ¿por qué no lo haces? Mucha gente a esta pregunta responde que ellos van por el carril del centro a su marcha, y los demás ya les irán adelantando por ambos lados, pero es que adelantar por la derecha está prohibido y es peligroso. Alguien puede cambiarse de carril mientras estás haciendo ese adelantamiento y sacarte de la carretera, golpearte, chocar... Es muy peligroso además de estar prohibido. Todo sería más fácil si quienes circulan más despacio lo hacen por la derecha permitiendo que se les adelante por la izquierda. Hazlo, que es muy simple.
   También demuestra cierta falta de civismo y consideración poner la música tan alta en casa o en el coche que molestes a los vecinos; comenzar unas obras de reforma sin avisar a los de tu lado, o de debajo, de que vas a estar haciendo ruido unos días; tirar petardos, incluso durante unos festejos, fuera de los recintos preparados para ello, causando muchos problemas a las mascotas y a las personas con hipersensibilidad auditiva; colarte en la caja del supermercado obligando a otros que llegaron antes que tú a esperar más tiempo del necesario... En fin, muchas cosas que mucha gente hace continuamente son, verdaderamente, una falta de civismo para con los demás, muestra de un comportamiento poco ético e intolerante y, si me apuras, una maldad. Tus actos, todos, tienen consecuencias siempre. Piénsalo.
Cuando buscas la palabra "incívico" en el diccionario te remite al término "incivil". Éste se define como falto de civilidad o cultura en su primera acepción y como grosero, maleducado, en la segunda. La palabra proviene del latín "incivīlis" y se usa como adjetivo. En cambio la palabra "cívico", que proviene del latín "civĭcus", de "civis" (ciudadano) tiene 4 acepciones:
   1. adj. ciudadano (perteneciente a la ciudad o a los ciudadanos).
   2. adj. patriótico.
   3. adj. Perteneciente o relativo al civismo.
   4. adj. doméstico (perteneciente a la casa).





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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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