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7/12/18

Camuflaje social en las niñas en el espectro autista. Dean, Harwood y Kasari.




«Como profesional he observado el aumento de los niveles de ansiedad y desregulación emocional que las mujeres jóvenes con trastorno del espectro autista (TEA) experimentan a menudo cuando camuflan sus dificultades sociales.» Dean, M., Harwood, R., y Kasari, C. (2017). 


«Esto suele ser más pronunciado en los entornos escolares y parece haber diferencias cualitativas en los comportamientos sociales de afrontamiento entre hombres y mujeres jóvenes con trastornos del espectro autista (TEA). Hasta la fecha pocos estudios han investigado estas diferencias de género e históricamente hubo evidencia empírica limitada para apoyar la noción de camuflaje social para las personas con TEA.»
   Recientemente Dean, Harwood y Kasari (2017) estudiaron el camuflaje social en niñas con un diagnóstico verificado de TEA. Analizaron el comportamiento social de 96 niños en edad escolar primaria durante su hora de almuerzo y descubrieron que las niñas con TEA tienden a permanecer cerca de sus compañeros y se entretejen y se quedan fuera de las actividades en las que sus compañeros estaban participando. Los investigadores interpretaron estos comportamientos como rasgos de enmascaramiento ante los desafíos sociales. Explicaron, además, que cuando se observaban a distancia las niñas con TEA parecían ser sus compañeras con un desarrollo típico. Sin embargo, cuando analizaron la calidad de sus compromisos sociales, ellas intentaban mantener relaciones recíprocas con sus compañeros pero experimentaban dificultades para reconocer e interpretar las señales sociales (por ejemplo poner los ojos en blanco, compartir miradas, reírse o sonreír) y con frecuencia malinterpretaban las emociones de sus compañeros durante la interacción.
Los investigadores concluyeron que las niñas con TEA enmascaran sus retos sociales de manera más efectiva y cualitativamente diferente a los niños con TEA. Aunque las niñas con TEA están más enfocadas en los compromisos sociales en comparación con los niños con TEA ellas tienden a ser menos exitosas en sus habilidades sociales.


«En mi propia práctica clínica - afirma M.Dean- he observado que las niñas con TEA experimentan los siguientes desafíos a diario:
- Mayores niveles de ansiedad tras tener experiencias sociales prolongadas.
- Un enfoque excesivo en las emociones de otras personas que tiende a ser interiorizado e interpretado como una emoción negativa.
- Mayores interés en analizar sus propias relaciones sociales y evaluar continuamente si han cometido un error social.
- El agotamiento de la energía al final del día que a menudo afecta negativamente la calidad del sueño.
- Dificultad para identificar, comprender y describir las emociones que están sintiendo.» 


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Referencia: Dean, M., Harwood, R., y Kasari, C. (2017). El arte del camuflaje: diferencias de género en los comportamientos sociales de niñas y niños con trastorno del espectro autista. Autismo, 21 (6), pp. 678-689. Artículo original en el siguiente link:
https://attwoodandgarnettevents.com/2018/11/22/social-camouflaging-in-girls-on-the-autism-spectrum-a-peer-reviewed-study-by-lizaan-schwartz-provisional-psychologist/

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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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