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7/8/17

La teoría afectiva revisada por Peter Hobson y su interrelación con la teoría de la mente, las funciones ejecutivas y la empatía.





   Las personas con trastornos del espectro autista (TEA) parecen sufrir un déficit específico en la habilidad para representarse los estados mentales de sí mismos, y de los demás, y entender y predecir conductas en función de dichos estados. Si no son capaces de atribuir estados mentales a los demás, y sus estados mentales se circunscriben a lo observable en el contexto físico concreto, las dificultades sociales, las dificultades en el desarrollo simbólico y los problemas comunicativos de origen pragmático (uso del lenguaje en el contexto social) serían la consecuencia de un desarrollo meta-representacional inadecuado.


   Christopher Gillbert, investigador sueco cuyos criterios son unos de los que más se usan para orientar el diagnóstico del síndrome de Asperger (SA) ha llamado al síndrome de Asperger “la enfermedad de la empatía” porque estas personas, dice, no saben leer la mente de los demás para averiguar qué piensan o cómo se sienten.
   Peter Hobson, por otro lado, ha replanteado la “teoría afectiva”, inicialmente propuesta por Kanner, según la cual las personas con trastornos del espectro autista carecerían de la capacidad innata (emocional) para interactuar con los demás desde el mismo momento del nacimiento. De acuerdo con los experimentos sobre reconocimiento de emociones Hobson sugirió que la ausencia de una teoría de la mente en el autismo es el resultado de un déficit emocional primario en la relación interpersonal. Ese déficit emocional primario podría provocar que el niño no recibiera las experiencias sociales necesarias para desarrollar las estructuras cognitivas de la comprensión social.




   La empatía es un mecanismo psicológico a través del cual el bebé se vincula con los padres y percibe actitudes en las personas a las que más tarde atribuirá estados mentales. El reconocimiento de las actitudes de los otros y el desarrollo de la imitación posibilitan el acceso a la mente del otro. Desde esta concepción, en los trastornos de tipo autista parece existir dificultades con el procesamiento de estímulos afectivos, así que, de acuerdo con Hobson, las personas con autismo carecerían de los componentes de acción y reacción necesarios para el desarrollo de relaciones personales recíprocas.
   La carencia de participación de estas personas en la experiencia social conllevaría un fallo en el reconocimiento de sentimientos, pensamientos, deseos, intenciones, etc. en otras personas y una grave alteración en la capacidad de abstraer y en la de sentir y pensar simbólicamente. Así, los niños con TEA tendrían dificultades en apreciar, entender y asimilar las claves que regulan las relaciones interpersonales. Sin embargo, en el autismo de alto funcionamiento y el síndrome de Asperger no se observan muchas de estas limitaciones debido al buen nivel de competencias cognoscitivas y el dominio del lenguaje formal.
   Otros déficits diferentes se han intentado explicar con la teoría del “déficit de coherencia central” por Fith y Happè o la teoría  del “déficit de funciones ejecutivas” de Ozonoff. Por un lado Fith y Fappè, pertenecientes a una corriente que defiende que la etiología del autismo es de naturaleza cognitiva, proponen que las personas del espectro autista muestran un procesamiento centrado en los detalles, sin integrar información proveniente de varias modalidades sensoriales, de forma que captan y retienen los detalles a costa de una configuración global y un significado contextualizado. Uta Frith mantenía la firme creencia de que tanto las capacidades como las deficiencias del autismo emergen de una única causa en el nivel cognitivo y se caracteriza por un desequilibrio específico en la integración de información.
   Una característica del procesamiento normal de la información parece ser la tendencia a conectar la información diversa para construir un significado de más alto nivel dentro del contexto, la llamada “coherencia central”. Fith sugirió que una falta de coherencia central podría aclarar algunas de las capacidades y déficits que la Teoría de la Mente no podía explicar. En el desarrollo de la Teoría de la coherencia central las investigaciones y las evidencias empíricas demostraron que las personas con autismo presentaban un doble rasgo: las capacidades que el hecho de percibir de manera notable las partes sobre el todo les confería y los déficits en la interpretación de estímulos individuales en función del contexto y del significado global.



   Por otro lado Ozonoff plantea que las funciones ejecutivas de planificación y control son deficitarias tanto en el autismo de alto funcionamiento como en el síndrome de Asperger. Está documentado que las personas con síndrome de Asperger tienen serios problemas con esta función, incluyendo aspectos de la memoria de trabajo, atención y control de sus impulsos. La capacidad de planificar a futuro, la motivación, secuenciación y el concepto de horarios están, a menudo, poco desarrollados en las personas con TEA y, en las personas con SA un pobre concepto del tiempo puede ser un problema discapacitante. Ozonoff define las funciones ejecutivas como el constructo cognitivo usado para describir conductas dirigidas hacia una meta, orientadas hacia el futuro, que se consideran mediadas por los lóbulos frontales. Incluyen la planificación, inhibición de respuestas prepotentes, flexibilidad, búsqueda organizada y memoria de trabajo.


   Todas las conductas de función ejecutiva comparten la necesidad de desligarse del entorno inmediato o contexto externo para guiar la acción a través de modelos mentales o representaciones internas. La capacidad de planificar a fin de alcanzar una meta, mantener una estrategia con ese fin y las acciones necesarias para alcanzarlo, y posponer la necesidad de satisfacción inmediata, son todos componentes importantes de la función ejecutiva-constructiva (Gilberg, 2002). Por todo ello la función ejecutiva sería aquella que está orientada hacia futuras actividades útiles, concibiendo planes o entendiendo la relación de causa - efecto y, en los casos con esta disfunción, sería importante proporcionar la estructura externa a fin de compensar la falta de habilidades de estructuración interna, por ejemplo en el ámbito educativo.
   Las hipótesis no son excluyentes: suele considerarse que, aunque los déficits en las interacciones sociales y los comportamientos excéntricos son características que persisten durante toda la vida, la adaptación a nivel socio-laboral y la interacción familiar, así como el nivel de autonomía, parecen más favorables en el Asperger que en otras formas de TEA como el autismo. Sin embargo, características como el perfeccionismo rígido que lleva a retrasar la realización de las tareas, la desmotivación, la dificultad para comprender términos abstractos, la inatención, los problemas de organización, gestión y uso del tiempo, la escasa comprensión de las normas laborales implícitas, la escasez de habilidades empáticas, las conductas extravagantes, la rigidez mental y comportamental, etc., limitan el éxito académico de las personas con cualquier modalidad de TEA así como su desempeño profesional.



  Por tanto: las funciones ejecutivas son el constructo usado para describir actividades que comprometen un proceso cognitivo de alto nivel e implican la capacidad para operar en el ambiente con las conductas dirigidas a metas y objetivos, incluyendo una planificación y realización de conductas complejas ante cada situación. El sujeto actúa manteniendo el foco de atención en el objetivo, inhibiendo otras respuestas o la reacción ante estímulos que no sean relevantes para la tarea. En las personas con Asperger la dificultad parece encontrarse en la habilidad para generalizar los pasos o estrategias concretas a otras situaciones nuevas, por lo que la generalización de las habilidades ha de ser objeto de procesos explícitos, sistemáticos y programados de enseñanza. Así pues, en un entorno controlado disminuyen las dificultades de planificación de tareas y las de visualización de imágenes globales y mejora la flexibilidad mental, que parecen ser alteraciones primarias y nucleares de todos los TEA con independencia de su nivel cognitivo.



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Fuentes:
- Baron-Cohen, S. Autismo y síndrome de Asperger. 2010, Alianza editorial. Sobre cómo atender las necesidades que supone en niños con autismo el fallo en la Teoría de la Mente puede consultarse: Cornago, Navarro y Collado. Manual de la teoría de la mente para niños con autismo. 2012, Editorial Promolibro.
- Síndrome de Asperger, síndrome invisible, de Sacha Sánchez-Pardíñez. El libro digital está disponible en:  http://www.psyli.com/coleccion-materiales-para-tea/1665-sindrome-de-asperger-sindrome-invisible.html
- Sobre la relación de la teoría de la mente con la pragmática puede consultarse “El conocimiento pragmático: el lenguaje en la mente” de M. Victoria Escandell Vidal, en Introducción a la pragmática, 1996, ed. Ariel lingüística.
Mundo Asperger y otros mundos, de Sacha Sánchez-Pardíñez, publicado por MuNDo AsPeRGeR en 2016. Puede leer las primeras páginas del libro PINCHANDO AQUÍ.  Lo puede adquirir en cualquier parte del mundo enviando un correo electrónico a mundoasperger@hotmail.com Le responderemos explicando cómo lo enviamos, cómo se puede abonar, el precio en su propia divisa, diferentes formas de pago, etc

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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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