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5/8/17

El autismo y el pensamiento visual, por Temple Grandin. Descarga gratuita.



Ensayo escrito por Temple Grandin donde nos revela cómo genera ideas y los lleva a la práctica a través de su particular forma de pensamiento. Les dejamos a continuación una muestra de las primeras páginas del texto para que puedan leer un trozo. Más abajo encontrará el enlace para descargar todo el ensayo en formato .pdf que ocupa aproximadamente unas 15 páginas en total.
"A veces me intriga pensar qué habría sido de mí
si no hubiese sido capaz de visualizar mi
camino en el mundo". Pero Grandin, que ha dedicado
buena parte de su vida a diseñar mataderos dignos
para ganado, lo consiguió. Tardó mucho tiempo
en darse cuenta que no pensaba como los demás;
que, a diferencia de ellos, su pensamiento no se
articulaba con palabras, sino con imágenes. 

La Dra. Temple Grandin, posiblemente la persona con autismo más famosa en la actualidad, es profesora de la Universidad Estatal de Colorado y diseñadora de mataderos. Se doctoró en Ciencia Animal en la Universidad de Illinois. Actualmente es profesora de comportamiento animal en psicología en la Universidad de Colorado. Además, es autora de varios libros. Es una gran defensora de los animales y ha reformado mataderos y ranchos a lo ancho y largo de los Estados Unidos en defensa de una vida y una muerte digna de los animales. Tengamos en cuenta que Grandin es una psicóloga peculiar debido a su condición de autista, y que considera que el pensamiento autista es una especie de apeadero entre el pensamiento animal y el humano. Esto la ha llevado a realizar experimentación y a profundizar en la neuropsicología.
   Temple Grandin, diagnosticada con autismo de niña, habla en este ensayo de cómo funciona su mente compartiendo su capacidad de pensar en imágenes, que le ayuda a resolver problemas que los cerebros neurotípicos podrían no tener. Ella sostiene que el mundo necesita de la gente del espectro del autismo: los pensadores visuales, los pensadores de patrones, los pensadores verbales, y todo tipo de niños genios. Diferencia muy bien desde el autismo severo hasta el genio y no engaña ni da falsas esperanzas sino que explica lo que ha vivido y lo que sigue viviendo ella misma.


Pienso en imágenes. 

Las palabras son como un segundo idioma para mí. Traduzco las palabras, tanto las habladas como las escritas, a películas de cine a todo color, acompañadas de sonidos, que pasan por mi mente como una cinta de vídeo. Cuando alguien me habla, sus palabras se me traducen instantáneamente en imágenes. Quienes piensan básicamente por medio del lenguaje suelen encontrar que este fenómeno es difícil de entender, pero el pensamiento visual significa una enorme ventaja en mi trabajo como diseñadora de equipos para la industria ganadera.
   Esta forma de pensar me ha permitido construir sistemas completos de manejo animal en mi imaginación. Durante mi carrera, he diseñado todo tipo de equipos, desde corrales para el trabajo ganadero en ranchos hasta sistemas para el manejo de vacunos y porcinos durante los tratamientos veterinarios y la matanza. He trabajado para muchas de las principales empresas ganaderas. De hecho, la tercera parte del ganado vacuno y porcino de los EE.UU. se maneja con equipos diseñados por mí.
Ilustración de Doble Equipo.

Algunas de las personas para quienes he trabajado ni siquiera saben que sus sistemas fueron diseñados por alguien que es autista. Valoro mi aptitud para pensar visualmente, y no querría perderla por nada en el mundo.

Uno de los misterios más profundos del autismo ha sido la notable capacidad de la mayoría de los autistas para sobresalir en su habilidad visual espacial, al mismo tiempo que su desempeño verbal es muy pobre. Cuando yo era niña y adolescente, creía que todos pensaban en imágenes. No tenía idea de que mis procesos de pensamiento eran diferentes. En verdad, no me di cuenta del real alcance de estas diferencias hasta hace muy poco tiempo, cuando comencé a preguntar a otras personas, ya sea en reuniones o durante el trabajo, detalles sobre la forma en que accedían a sus recuerdos. De sus respuestas saqué la conclusión de que mi capacidad de visualización excedía ampliamente la de la mayoría de la gente.



Atribuyo a mi capacidad de visualización el haberme ayudado a entender a los animales con los que trabajo. Al comienzo de mi carrera, utilizaba una cámara fotográfica para tratar de captar la perspectiva de los animales cuando avanzaban por la manga para su tratamiento veterinario. Me agachaba y tomaba fotografías a lo largo de la manga a la altura de los ojos de una vaca. Mediante esas fotos, pude darme cuenta de las cosas que asustaban al ganado, como las luces y las sombras. En ese entonces, usaba películas de blanco y negro, porque hace veinte años los científicos creían que los bovinos carecían de visión cromática. Hoy en día, la investigación ha demostrado que pueden percibir los colores, pero esas fotos me aportaron la ventaja singular de ver el mundo desde el punto de vista de la vaca. Me ayudaron a descubrir por qué los animales se resistían a entrar a una manga mientras aceptaban de buen grado hacerlo en otra.

Cada uno de los problemas de diseño que he podido resolver ha sido por mi capacidad de visualizar y de entender el mundo a través de imágenes. Comencé a diseñar cosas cuando era niña, y me la pasaba experimentando con nuevos tipos de cometas y aeromodelos. En la escuela primaria, hice un helicóptero con los restos de un avión de madera balsa roto. Cuando enrollé la hélice y lo lancé, el helicóptero voló hacia arriba unos 30 metros. También hacía cometas con formas de pájaros, que remontaba detrás de mi bicicleta. Estas cometas las hacía plegando una hoja gruesa de dibujo y las arrastraba con un piolín. Hacía pruebas con formas diferentes de doblar las alas para mejorar el vuelo de estos modelos. Por ejemplo, aprendí que las cometas volaban más alto si les doblaba hacia arriba las puntas de las alas. Este mismo diseño comenzó a aparecer treinta años después en los aviones comerciales.
   En mi trabajo actual, antes de empezar a construir cualquier instalación, la examino y pongo a prueba en mi imaginación. Visualizo mis diseños siendo usados en todas las situaciones imaginables, con ganado de distintos tamaños y razas, bajo condiciones climáticas diferentes. Al hacer esto, puedo corregir fallas antes de construir el sistema. Hoy en día, cualquiera se entusiasma con los nuevos equipos de computación que presentan realidades virtuales, en los que el usuario se pone unas anteojeras especiales y se sumerge de lleno en la acción de los juegos de vídeo. Para mí, esos programas son como unos dibujos animados rudimentarios. Mi imaginación trabaja como los programas de animación computada que crearon esos dinosaurios que parecían reales en Parque Jurásico. Cuando hago una simulación de un equipo en mi imaginación o trabajo sobre un problema de ingeniería, es como si lo viera en una cinta de vídeo en mi mente. Puedo verlo desde cualquier ángulo, ubicándome por encima o por debajo del equipo y haciéndolo rotar al mismo tiempo. No necesito un programa sofisticado de computación gráfica que me genere diseños simulados en tres dimensiones. 
  

Lo puedo hacer más rápido en mi cabeza.
Continuamente creo nuevas imágenes tomando muchos pedacitos de las imágenes que tengo en la videoteca de mi imaginación, y reagrupándolos en algo distinto. Tengo recuerdos visuales de cada cosa con la que haya trabajado en mi vida: portones de acero, cercas, cerraduras, paredes de cemento, y así sucesivamente. Para crear nuevos diseños, extraigo piezas y componentes de mi memoria y las combino en un conjunto nuevo. Mi capacidad para el diseño mejora a medida que agrego más imágenes visuales a mi archivo mental. Voy almacenando imágenes semejantes a un vídeo, ya sea de experiencias concretas o de mis traducciones de informaciones escritas en imágenes. Puedo visualizar el funcionamiento de cosas tales como mangas de compresión, rampas de embarque para camiones, y todos los distintos tipos de equipamientos ganaderos. Cuanto más trabajo concretamente con ganado y hago funcionar equipos, más poderosos se hacen mis recuerdos visuales.



La primera vez que usé mi videoteca mental fue en uno de mis proyectos iniciales de diseño, cuando se me encargó hacer unas instalaciones de trabajo ganadero con un bañadero de inmersión para el corral de engorde que John Wayne tenía en el Río Rojo de Arizona. El bañadero era una piscina larga y estrecha, de 2 metros de profundidad, que el ganado debía atravesar en fila india. El agua tenía un pesticida para librar al ganado de garrapatas, piojos y otros parásitos externos. En ese entonces (1978), los diseños disponibles para bañaderos de inmersión eran muy pobres. Los animales entraban frecuentemente en pánico, pues se los forzaba a deslizarse hacia el bañadero a lo largo de una pendiente empinada y resbaladiza de cemento. El ganado se resistía a zambullirse al agua, y a veces se caían con las patas para arriba y se ahogaban. Los ingenieros que habían diseñado esa pendiente nunca se habían puesto a pensar por qué razón el ganado se asustaba tanto. Lo primero que hice al llegar al corral de engorde fue ponerme en la cabeza de los animales y mirar todo a través de sus ojos. Debido a que sus ojos están a los costados de la cabeza, los vacunos tienen un campo visual muy amplio. Por ello, mi tarea se parecía a recorrer las instalaciones mirando a través de una videocámara con gran angular. Yo había dedicado los seis años anteriores a estudiar la forma en que el ganado bovino percibe su mundo, para lo cual había observado miles de animales moviéndose a lo largo de distintas instalaciones de todo Arizona. Gracias a ese trabajo, para mí fue obvio por qué se asustaban. Esos animales debían sentirse como si se los obligara a saltar por un tobogán de emergencia de un avión, para caer en el mar.
El ganado bovino se asusta ante los contrastes fuertes de luces y sombras, y cuando la gente o las cosas se mueven súbitamente a su rededor. He visto animales siendo manejados en instalaciones idénticas, pero que en un caso las atravesaban sin problemas y en el otro se frenaban constantemente. La única diferencia entre ellas era su orientación respecto del sol. El ganado se resistía a avanzar cuando el sol formaba sombras recortadas a través de la manga. Hasta que hice esta observación, ningún miembro de la industria del engorde a corral había sido capaz de explicar por qué una de estas instalaciones veterinarias funcionaba mejor que la otra. Era cuestión de observar los pequeños detalles que hacían una gran diferencia. Para mí, el problema del bañadero de inmersión era aún más obvio. El paso siguiente para diseñar un sistema mejor fue recolectar toda la información publicada sobre bañaderos de inmersión. Antes de hacer cualquier cosa, siempre reviso lo que se considera más avanzado, para no perder el tiempo reinventando la rueda. En esa oportunidad, busqué en las publicaciones ganaderas, que habitualmente tenían muy poca información, y en mi videoteca de recuerdos, que solamente contaba con malos diseños.


De mi experiencia con otros tipos de instalaciones, como las rampas para desembarcar ganado de camiones, yo sabía que los animales descienden sin problemas si la rampa tiene ranuras que ayudan a que el animal pise con seguridad y no se resbale. Los resbalones les generan pánico y los inducen a retroceder. El desafío era para mí diseñar una entrada al bañadero que los incitara a avanzar de buen grado y a zambullirse en el agua, que era lo suficientemente profunda como para que los animales se sumergieran totalmente, de modo que los parásitos, incluyendo los que se les instalan en las orejas, fueran eliminados.
Comencé a hacer simulaciones visuales tridimensionales en mi imaginación.

 
Experimenté con distintos diseños de la entrada, haciendo que el ganado pasara por ellos en mi imaginación. Tres imágenes se fusionaron para conformar el diseño definitivo: el recuerdo de un bañadero de inmersión de Yuma, Arizona; un bañadero portátil que había visto en una revista; y una rampa de entrada que había visto en un dispositivo de inmovilización de la planta de faena de Swift en Tolleson, Arizona. La nueva entrada al bañadero de inmersión era una versión modificada de esta rampa. Mi diseño contenía tres elementos que nunca habían sido usados antes: una entrada que no asustaría a los animales, un sistema mejorado de filtrado químico, y el uso de principios de comportamiento animal para impedir que el ganado se pusiera demasiado nervioso al salir del bañadero.
   Lo primero que hice fue cambiar el piso de la rampa, que era de acero, a uno de cemento. El diseño definitivo tenía una rampa con piso de hormigón armado, con un ángulo de descenso de 25 grados. Se hicieron surcos profundos en el cemento para darles un piso firme a los animales. La rampa daba la apariencia de entrar gradualmente al agua, pero en realidad tenía una caída abrupta bajo la superficie. Los animales no podían ver esta caída porque el agua del bañadero no era transparente. Una vez que perdían pie dentro del agua, caían suavemente, porque su centro de gravedad había pasado el punto de no-retorno.
(...)



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Para seguir leyendo descargue el documento. Es gratuito. Fuente: El autismo y el pensamiento visual. Temple Grandin. Departamento de Ciencia Animal.Colorado State University. Fort Collins, Colorado 80523-1171
Temple Grandin, Thinking in Pictures, Nueva York, Vintage Press, 1995. Archivo en .pdf en: 


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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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