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5/2/17

Trastorno semántico-pragmático del lenguaje.



El autismo no solo presenta trastornos referidos a aspectos formales del lenguaje (sintaxis, léxico, fonología, prosodia) sino que el uso social o comunicativo del mismo también suele estar alterado.
Los trastornos de la comunicación se caracterizan por tener un comienzo temprano, lo cual dificulta su detección, pues las primeras manifestaciones de déficits pueden ser confundidas con un retraso madurativo o enlentecimiento en la adquisición de habilidades comunicativas. Estas dificultades pueden revertir en alteraciones funcionales presentes a lo largo de la vida, viéndose afectadas tanto conductas verbales como no verbales que repercuten en el comportamiento, las ideas o las actitudes cara a los demás.

Sensibles a este problema, Rapin y Allen describieron en 1983 el llamado síndrome semánticopragmático. El síndrome semánticopragmático, enmarcado dentro de los trastornos del desarrollo, se caracteriza por (Rapin y Allen, 1983):
− Fluidez expresiva, pero lenguaje poco comunicativo.
− Adecuada morfosintaxis y fonología.
− Déficits en la interpretación y extracción del significado relevante de las conversaciones, así como en la integración en los discursos comunicativos.
− Adecuada comprensión de frases cortas y palabras aisladas, pero dificultades para la comprensión del discurso completo.
− Respuestas no ajustadas o desvinculadas de las preguntas formuladas.
− Cambios repentinos en los temas de conversación.
− Ecolalia y repeticiones.
Más tarde Bishop y Rosenbloom (1987) rechazaron la etiqueta de síndrome y  retomaron la de trastorno definido por las dificultades de comprensión y de producción como dar respuestas poco ajustadas a las preguntas, el empleo de expresiones irrelevantes y también dificultades para interpretar la información recibida durante una conversación.


Estos investigadores prefirieron la denominación de «trastorno semánticopragmático» o TSP al considerar que se trataba de un problema muy ligado al autismo. Hicieron notar que muchos menores con alteración semánticopragmática, a los cuales de ningún modo se les habría considerado con autismo en una valoración superficial, sometidos a un análisis minucioso evidenciaban problemas de relación social que los podían aproximar al Asperger o al entonces conocido como trastorno general del desarrollo no especificado (TGD-NE).


Los rasgos clínicos del trastorno semántico-pragmático serían, pues, los siguientes:
− Retraso en el desarrollo del lenguaje.
− Detección de más errores de comprensión que de expresión.
− Atracción por los sonidos sin tener en cuenta su significado.
− Alteraciones en las percepciones de objetos o situaciones.
− Dificultades para encontrar la palabra idónea en un contexto concreto.
− Planteamiento de preguntas de las cuales no se esperan ni se desea respuesta.
− Problemas para producir y comprender gestos, expresiones faciales, o la prosodia.
− Fluidez expresiva pero déficits en sintaxis y fonología.
− Comprensión literal no detectando la ironía, el sarcasmo y/o las metáforas.
− No se manifiesta o se da escasamente o juego imaginativo.
− Problemas de comprensión lectora.
− Falta de atención.
− Problemas de conducta.
− Posibles problemas de motricidad gruesa.
− Dificultades para comprender una conversación o un hecho cuando se enmarca o hace referencia a situaciones espontáneas y no estructuradas.
Esta caracterización como trastorno, pese a surgir de descripciones clínicas y basarse en hipótesis diagnósticas, no tenía criterios objetivos ni existía una evaluación estandarizada y específica. El TSP tenía unos límites poco precisos siendo complicado, en ciertos casos, establecer la diferencia con otros trastornos como el síndrome de LandauKleffner o el síndrome de Williams.
Bishop empezó a difundir la idea de que los trastornos específicos del lenguaje y los trastornos autísticos no son excluyentes sino que se ubican en un continuo. Partiendo de dicha idea Bishop y Adams (1989) diseñaron un procedimiento semiestructurado de evaluación de habilidades pragmáticas, basado en la grabación, transcripción y análisis de conversaciones entre niños y adultos en el que se considera que los niños con trastorno semántico pragmático interrumpen a menudo, presentan gran cantidad de inicios conversacionales, inadecuaciones conversacionales y dificultades para la comprensión del significado no literal.


Los niños con recursos comunicativos relativamente buenos, pero con falta de habilidades sociales, se aproximarían al Asperger; los niños con relativamente buena relación social pero con mayor trastorno del lenguaje estarían ubicados en el trastorno semántico-pragmático y, por último, los niños con alteración en los dos sentidos, social y lingüístico, constituirían el grupo del conocido como “autismo de Kanner". En este modelo predominan las formas intermedias, ubicadas en cualquier punto de un continuo.
En 1996 Shields comparó niños con trastorno semánticopragmático con niños con autismo de alto funcionamient valorando los resultados en baterías de test neuropsicológicos y de cognición social. Encontró similitudes entre ambos grupos y en los dos grupos los resultados indicanron disfunción de hemisferio derecho y disfunción cognitiva social.

En una revisión de Gagnon el año siguiente (1997) al comparar personas con un trastorno del espectro autista de tipo 1 (o Asperger) y niños con síndrome semánticopragmático concluyó que no se pueden establecer diferencias sintomáticas que marquen la frontera entre los unos y los otros.



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Fuentes: 
- Revista de estudios e investigación en psicología y educación, eISSN: 2386-7418, 2015, Vol. Extr., No. 9. DOI: 10.17979/reipe.2015.0.09.132. Caracterización y delimitación del trastorno de la comunicación social (pragmático).
- Trastorno semántico pragmático: https://www.mundoasperger.com/2017/02/trastorno-semantico-pragmatico-del.html
- Trastornos de la comunicación: http://www.mundoasperger.com/2015/11/trastornos-de-la-comunicacion-y.html
- Shields J, Varley R, Broks P, Simpson A. Social cognition in developmental language disorders and highlevel autism. Dev Med Child Neurol 1996; 38: 48795.
- "Trastorno específico del lenguaje y autismo/Asperger", en MuNDo AsPeRGeR: http://www.mundoasperger.com/2017/01/trastornos-especificos-del-lenguaje-y.html 
- Mundo Asperger y otros mundos, sacha Sánchez pardíñez,: http://www.amazon.es/Mundo-Asperger-otros-mundos-trastornos-ebook/dp/B017IMQFYW

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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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