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13/2/17

Habilidades sociales, recreo y juego.



El recreo del colegio es un contexto social que supone un gran desafío para la persona con síndrome de Asperger y, a la vez, es el momento ideal para trabajar sobre las habilidades sociales del niño o niña.
De ahí que esta guía que presentamos a continuación nos parezca un documento imprescindible tanto para docentes como para los familiares de niños en edad escolar diagnosticados con Asperger o algún otro trastorno del espectro autista. Esta guía es de difusión gratuita y descargable en formato digital.

Autora Natalia de Francisco Nielfa Colaboradores Marcos Zamora Herranz Luis Arenas Bernal Ruth Galindo Villalobos Leticia Giraldo Escobar Rocio Zambruno Barajas Maquetación y diseño Pepe Martín Álvarez Edita Asociación Autismo Sevilla Depósito Legal: SE-xxxx-2016 Publicación no venal Autismo Sevilla: Avenida del Deporte s/n – www.autismosevilla.org asociacion@autismosevilla.org -
Telf.: 954 40 54 46 - 41020 (Sevilla)
Dentro de la jornada escolar, los momentos en los que no hay una estructura clara que establezca “qué debo hacer” o “cómo debo relacionarme con los demás” son los momentos en los que los alumnos con Trastorno del Espectro del Autismo (en adelante TEA) suelen tener mayores dificultades.
   El recreo es el momento dentro del contexto escolar donde más se ponen en juego las habilidades sociales y se favorece el desarrollo de las interacciones con otros iguales, con el fin de compartir momentos de diversión e intercambio que harán que poco a poco se vayan creando lazos de amistad si se dan de forma más o menos frecuente y estable, y que el paso de un alumno por el centro, genere relaciones significativas.

DESCARGUE AQUÍ LA GUÍA:

APRENDO EN EL COLEGIO:
De Autismo Sevilla.

Dadas las dificultades de las personas con TEA en lo que se refiere a las habilidades socio-comunicativas y de inflexibilidad mental, el recreo se convierte en el momento de la jornada escolar en el que se pueden poner de manifiesto sus dificultades, especialmente por la falta de estructura que suele tener este contexto y de lo complejo que resulta socialmente para ellos la comprensión de las interacciones sociales.
   Así, los alumnos con TEA pueden llegar a tener en los momentos de recreo (u otros momentos no estructurados de la jornada escolar, como podrían ser los intercambios de clase y de profesor) uno de los mayores retos de la jornada lectiva. Esto plantea dificultades para presentar un comportamiento ajustado a las situaciones del día a día con otros iguales, derivando en actividades poco funcionales en unos casos o en comportamientos hacia otros iguales poco ajustados socialmente, que influyen de forma directa en su nivel de inclusión en la comunidad educativa en general, y con los iguales de su grupo de referencia en particular.


   Diversos autores apuntan que “el foco no debe limitarse sólo a las habilidades que pueda desarrollar el niño/a con TEA para interaccionar con los demás, sino también en ´como mejorar las competencias de los otros niños y cómo disponer de entornos sociales para facilitar su comprensibilidad y la inclusión del niño con TEA” (Zamora y Vidriales, 2014). La inclusión educativa para cualquier alumno con diversidad funcional es un derecho, de eso ya no hay duda, tal y como lo refleja la Autismo Sevilla y la Convención Internacional de los Derechos de Personas con Discapacidad (ONU, 2006) donde se establece la necesidad de inclusión de las personas con TEA desde los primeros años de su desarrollo.
   Dentro de este marco inclusivo aceptado por todos, el recreo es una parte más de la jornada, donde existen las mayores oportunidades de socializar y desarrollar relaciones significativas, pero donde también existen las mayores dificultades para las personas con diversidad funcional, y en concreto, con TEA, así como los mayores riesgos para encontrarse con situaciones de abuso y discriminación.
   El recreo entendido como un momento de descanso, alejado de los contenidos curriculares y académicos, ha hecho que en algunas ocasiones, no fuera un periodo donde se continuara fomentando el aprendizaje y el desarrollo personal del alumnado. Sin embargo, diferentes normativas nacionales y autonómicas, establecen que “el horario lectivo del alumnado en el segundo ciclo de educación infantil, educación primaria y en los centros específicos de educación especial será de veinticinco horas semanales que incluirán dos horas y media de recreo distribuidas proporcionalmente a lo largo de la semana”.


   Esta realidad justifica que el recreo sea un espacio y un entorno lectivo donde los objetivos de aprendizaje y la acción tutorial promuevan de forma individualizada aquellos contenidos que cada alumno pueda necesitar para su pleno desarrollo social y afectivo, especialmente aquellos con Necesidades Educativas Especiales. Recientemente también ha quedado reflejado en la Estrategia Española de Trastornos del Espectro del Autismo (2015) que una buena práctica educativa para los alumnos con TEA (recogida por Charman en el año 2011) sería la “Búsqueda de fórmulas para mantener relaciones estrechas con el alumnado con TEA, asegurando que participan activamente en la vida de la comunidad educativa”.
    El propósito de este documento es guiar a los profesionales del entorno educativo en este tipo de momentos de la jornada escolar, para que puedan ofrecer apoyos efectivos a los alumnos con TEA, que favorezcan principalmente: o El desarrollo de habilidades socio-comunicativas en los alumnos con TEA. o La imitación de modelos de interacción ajustados que ofrecen los adultos por parte de otros alumnos del centro a la hora de relacionarse con su compañero con TEA. o El desarrollo de apoyos naturales por parte de otros iguales del centro escolar, a través de una mejor comprensión de las características de su compañero con TEA, y el respeto y aceptación de las mismas.
   Dado el carácter no estructurado de otros momentos de la rutina diaria, como podría ser ir a un parque o jugar con otros iguales en casa o en el barrio, las recomendaciones que aquí se exponen también podrían servir a la familia de un niño con TEA para mejorar la interacción con otros iguales en esos contextos comunitarios.
Además, esta forma de intervenir en el recreo potencia y ayuda a fortalecer las relaciones interpersonales dentro del aula, puesto que el resto de alumnos gracias a esta intervención comprenden a su compañero con TEA, sabiendo comunicarse y relacionarse con él y prestándole los apoyos necesarios cada vez de forma más espontánea en diversas situaciones y contextos.
   "Según Jed Baker (*) las habilidades sociales implican dos tipos de actividades, habilidades comunicativas y habilidades de manejo de emociones. Dentro de las habilidades comunicativas podemos encontrar las habilidades conversacionales, que están relacionadas con el manejo del sujeto en una conversación, tanto desde el aspecto corporal o el tono de voz, como desde los modos adecuados. Es saber como unirse a una conversación o interrumpir a alguien mientras habla, que hacer para terminar una conversación. También está relacionado con que voy a hablar con diferentes personas teniendo en cuenta sus intereses y motivaciones.
   Por otra parte encontramos las habilidades de juego cooperativo, en donde se ponen en juego las habilidades  necesarias para invitar a alguien a jugar, unirse al juego de otros, tomar turnos, otorgarle importancia al ganar y manejar el hecho de que a veces se pierde. Por último dentro de las habilidades comunicativas se encuentran las habilidades de manejo de la amistad, saber cuando ofrecer ayuda o consolar a un amigo, diferenciar entre hechos y opiniones para evitar conflictos con el otro o llamar la atención de una manera positiva.
   Dentro de las habilidades de manejo de emociones encontramos las habilidades de autorregulación, esto es reconocer y poder graduar las emociones propias , ser capaz de resolver problemas, afrontar los errores y perseverar cuando la tarea es difícil. Otro aspecto es el de la empatía, es decir comprender los sentimientos del otro y poder actuar en consecuencia.
   En último lugar se encuentran las habilidades para la resolución de conflictos, dentro de las cuales podemos mencionar el hecho de  aceptar un “no” como respuesta, aceptar las críticas y aprovechar el lado positivo de las mismas, manejar situaciones de burlas o de ser dejado de lado, en forma asertiva." (Biblioteca Brincar, http://biblioteca.brincar.org.ar/habilidades-sociales/ ).
   En sus conferencias el Dr. Baker ofrece las herramientas para tratar las conductas desafiantes, prevenir brotes/estallidos temperamentales y aumentar las habilidades sociales para todos los estudiantes. Comparte la manera / las vías de motivar tanto a estudiantes verbales como no verbales para que participen voluntariamente en las interacciones sociales. Asimismo, esboza un enfoque global del entrenamiento en habilidades que incluye la instrucción tanto de los estudiantes con autismo como de sus compañeros sin trastorno autista.
Dichas habilidades incluyen:
  - la atención conjunta / compartida (con otros compañeros),
  - la conversación,
  - el juego,
  - trabajo cooperativo / en equipo,
  - la gestión / el manejo de la frustración,
  - las relaciones afectivo-sexuales,
  - y el empleo.


 
(*)Jed Baker es psicólogo clínico desde 1992. Es consejero de comportamiento / conductual en varios sistemas/programas escolares de New Jersey, en los que ofrece entrenamiento en habilidades sociales / capacitación social para los estudiantes con trastornos generalizados del desarrollo y discapacidades de aprendizaje. Dirige y supervisa la enseñanza de habilidades sociales para estudiantes en las Escuelas Públicas de Millburn. Además, escribe, da conferencias, y ofrece capacitación / formación en todo el país sobre el tema de la entrenamiento de habilidades sociales para personas con Síndrome de Asperger y otros Trastornos Generalizados del Desarrollo relacionados con SA.

La guía completa se puede descargar en formato pdf en el enlace: http://www.autismosevilla.org/descargas/Aprendo-en-el-Recreo.pdf



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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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