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18/1/17

Notas sobre las autolesiones en los trastornos del espectro autista.



 
Los trastornos en el espectro autista producen una complicación profunda en la vida de los pacientes, y en la de sus familias, que hace necesario emplear un método interdisciplinario para ayudarles, que sea amplio y con estrategias de aprendizaje neurocognitivo, conductual, lingüístico y psicológico además de programas específicos de educación.
El nivel de angustia que siente alguien que se está haciendo daño a sí mismo es muy alto. La autolesión es, pues, un problema subyacente a esa angustia, por lo que la contención física o la terapia farmacológica a veces no bastan. En todo caso la aplicación de la contención mecánica deber ser evaluada en cada caso particular. Decidir si es o no necesaria, evaluar las consecuencias y los riesgos, y aplicarla solo como última opción, después de una correcta contención verbal y farmacológica, es muy importante para una buena praxis, ya que son una medida terapéutica extrema. "La aplicación de la contención física o mecánica supone el fracaso de las demás acciones terapéuticas tradicionales, así como la marginación de otras acciones que ofrecen las nuevas vías en el trato con personas con enfermedad grave". Antonio Victoria, abogado especialista en casos de (dis)capacidad.
    La autolesión debería interpretarse como una inadecuada estrategia de afrontamiento para gestionar una variedad de estímulos y sentimientos negativos y abrumadores.
   Cabe diferenciar la autolesión relacionada con alteraciones del neurodesarrollo, como el autismo, y la autolesión vinculada a otras condiciones psiquiátricas oero saber que en todos los casos de autolesión es necesaria la evaluación de un especialista en salud mental, que nos permita ahondar en las emociones del paciente y buscar una estrategia terapéutica, la cual debe intentar solucionar el conflicto de origen, ya sea con ayuda de los fármacos, de la psicoterapia o de ambos.
La alexitimia (un trastorno neurológico que consiste en la incapacidad del sujeto para identificar las emociones propias y, consecuentemente, la imposibilidad para darles expresión verbal) también es una característica común en las personas que se autolesionan. Al ser menos propensas a reconocer estados de malestar, y lo que les conduce a ellos, hacen un uso insuficiente de estrategias para pedir apoyo enfrascándose en comportamientos que denominados ‘disruptivos’, pero que en realidad son signos con los que transmiten que están angustiados, al mismo tiempo que actúan como mecanismos autorregulatorios para recuperar un cierto nivel de bienestar físico y emocional.
   A veces las personas en el espectro autista se autolesionan y dañan a sí mismos. Algunas de las hipótesis explicativas de la autolesión en el autismo están centradas en el procesamiento sensorial atípico, en alteraciones de la comunicación, en problemas médicos y en la desregulación emocional, pero los resultados de distintos trabajos de investigación sugieren que los factores psicológicos, cognitivos y de comportamiento por sí solos no explican adecuadamente el comportamiento autolesivo y ponen de relieve la necesidad de seguir investigando. Debe tenerse claro, pues, que la autolesión de la persona con autismo no es un comportamiento disruptivo (no es una cuestión de "portarse mal") sino una inadecuada respuesta autorregulatoria al estrés. Influye la predisposición biológica, determinados estados psicológicos de estrés, un procesamiento sensorial atípico, alteraciones en la comunicación, problemas médicos o limitaciones en la regulación emocional, entre otros. "Es muy importante diferenciar los berrinches de las crisis".(Daniel Comin, editor de Autismo Diario). ↓



Entre las posibles causas de las autolesiones está la sensorial. Los receptores sensoriales de las personas actúan en la piel, el epitelio, los músculos, los huesos y articulaciones, los órganos internos y el sistema cardiovascular. El sistema somatosensorial comprende un complejo organismo consistente en centros de recepción y proceso, cuya función es producir modalidades de estímulo tales como el tacto, la temperatura, la propiocepción (posición del cuerpo) y la nocicepción (dolor). Para que se produzcan autolesiones por causas sensoriales hay dos posibles hipótesis:
   - El procesamiento somatosensorial atípico se asocia con una posible hiperactividad del sistema opioidérgico. Con la autolesión la persona libera y aumenta la producción de endorfinas, provocando la analgesia y la reducción de la percepción de los estímulos sensoriales. Es decir, que se provoca un efecto anestésico a corto plazo de manera que la persona deja de sentir dolor al autolesionarse. La hipótesis sostiene que hay una sensación de placer que refuerza el comportamiento autolesivo y da lugar a un aumento de la probabilidad de recurrencia (si se obtiene placer lo más probable es que la conducta se repita en adelante).
   - La autolesión aumenta la conciencia de la posición del cuerpo en el espacio producto de una pobre sensación propioceptiva; por ejemplo, dándose pellizcos en la piel, frotándose o rascándose hasta hacerse sangre. Una autolesión repetitiva puede aumentar la conciencia somatosensorial por lo que la persona con autismo busca activamente esa estimulación propioceptiva y táctil. Dicha autoestimulación puede acabar convirtiéndose en autolesión. Esto se relacionaría también con la hiporreactividad a estímulos sensoriales, que conduce a la persona con autismo a sentir la necesidad de buscar estimulación sensorial, especialmente en casos en los que hay ausencia de factores desencadenantes ambientales. ↓


   
Algunos pacientes tienen importantes dificultades para manejar sus emociones y desarrollan patrones de afrontamiento de su dolor psíquico que pueden escapar al entendimiento de personas que no están familiarizadas con la salud mental. Así pues, nos encontramos con pacientes que utilizan la autolesión como método para aliviar su ansiedad o su malestar psíquico. En estos casos la conducta autolesiva puede consistir, por ejemplo, en realizarse cortes superficiales en brazos y piernas con una cuchilla, quemarse con la punta de un cigarrillo, etc. y no es raro encontrar este tipo de conductas también en pacientes diagnosticados con trastornos de la personalidad o trastornos de la conducta alimentaria.
   Hay evidencias indirectas que confirman que la persona con autismo también puede autolesionarse cuando siente un malestar o dolor físico y no es capaz de expresarlo, siendo, por tanto, una consecuencia de los problemas de comunicación. Hay dolores internos del cuerpo que son difíciles de explicar, por lo que los problemas de salud y el dolor asociado a éstos son una dificultad añadida para las personas con autismo, especialmente las no verbales. Por ejemplo, los dolores de cabeza o infecciones del oído medio pueden provocar comportamientos como golpearse la cabeza con los puños y las manos o darse cabezazos. Del mismo modo, el dolor ocular puede conducir a la presión en los ojos; una infección de muelas o una sinusitis pueden conducir a presionarse la cabeza, la cara o la mandíbula.... Las dificultades en la comunicación y la frustración que provocan también se consideran generadores de autoagresiones. Se sabe que una comunicación receptiva y expresiva deficitaria está ligada a niveles más altos de autolesión y se cree que muchas veces utilizan este comportamiento por las personas con autismo no verbal para comunicarse con los demás, como refuerzo. Hay dos interpretaciones:
   - el refuerzo social negativo, con el que la persona evita o escapa de una demanda interpersonal;
   - y el refuerzo social positivo, con el que la autolesión ayuda a la persona a obtener la atención de los demás o el acceso a objetos y actividades.
El aumento de las estereotipias, las rabietas antes de una actividad, alteraciones del sueño, mal humor constante, un comportamiento dependiente, etc, son indicadores de que a ese niño esa actividad en concreta la produce estrés y que no desea realizarla por un motivo realmente justificado. Hay que pensar que el miedo nos bloquea y que si tienes sosiego, calma y tranquilidad, es eso lo que transmitirás a los de tu alrededor. La falta de regulación emocional en autismo, o las dificultades para autoregularse, pueden provocar crisis nerviosas, a veces también acompañadas de autolesiones. La ansiedad es la comorbilidad más prevalente en las personas que manifiestan autolesión. Muchas veces existe una sobrecarga cognitiva o sensorial que los hace estallar y después de desregularse, producto de su alta reactividad emocional, vuelven a su línea base de manera más lenta. Por tanto muchos de los que se autolesionan lo harían porque encuentran en la autolesión un alivio para regularse emocionalmente. ↓



«El porqué de la autolesión en las personas con autismo no parece tener una explicación simple ni única. En este momento hay más suposiciones que evidencias científica, por lo que cuando los padres recurren al profesional, es dificil recibir una respuesta segura.» Fundación Brincar. La persona que se está lastimando a sí misma tiene un nivel de angustia alto y la autolesión es un síntoma de un problema subyacente. 
Este tipo de comportamiento se considerar un recurso para expresar que necesita ayuda y no un intento por manipular. La contención, física o farmacológica, no basta. Algunas de las particularidades que caracterizan la autolesión en el autismo son:
   - El comportamiento provoca daño físico como moretones, arañazos, mordeduras, etc.
   - El comportamiento se basa en un movimiento rítmico, repetitivo y constante con el que pueden provocarse varios golpes por minuto; por ejemplo, golpearse con la mano en la cabeza una y otra vez.
   - La autolesión no está predeterminada.
   - Puede producirse una explosión después de largos períodos sin autolesiones
   - A menudo se llevan a cabo en aparenteausencia de dolor
   - Se relacionan con niveles de autismo profundo y/o con discapacidad intelectual. ↓



Si bien aun no hay una explicación clara ni única, es importante que la intervención sea coherente con la causa que provoca el comportamiento autolesivo. Algunas de las estrategias son: una dieta sensorial; autoregulacion de la ansiedad; aprendizaje de sistemas alternativos y aumentativos de comunicación; y, por supuesto, descartar cualquier tipo de problema médico. Cuando la autolesión está fuertemente instaurada y el peligro físico para la persona es muy alto se pueden utilizar dispositivos de protección y, en los casos en los que sea necesario, con control médico, se recurre al uso de psicofármacos.








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Fuentes:
- [Rev Neurol 2016] Paula-Pérez I, Artigas-Pallarés J. 20/04/2016
http://www.neurologia.com/sec/RSS/noticias.php?idNoticia=5593&utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook
- Síndrome de Asperger y ansiedad. Un tándem complejo.  Daniel Comín Alonso – Director de Autismo Diario- enla I Jornada sobre Síndromd de Asperger de Canarias (2016)
- Conducta desafiante: http://www.mundoasperger.com/2011/02/conducta-desafiante.html
- Paula-Perez I, Artigas-Pallarez J. 2006. "Vulnerabilidad a la autolesion en autismo". Rev neurol 62: 527-532
Neira Morales, “La ansiedad”, en:http://neriamoralespsiquiatra.com/services/faqs-ansiedad/

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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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