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Aviso: se emplea en este blog, ocasionalmente, el neutro o masculino (acabado en -o) en los términos que admiten ambos géneros, sin que ese uso gramatical esconda una discriminación sexista sino porque, dado que la lengua castellana no proporciona expresiones neutras para indicar ambos sexos, así se evita la tediosa lectura que podría suponer el uso de ambos términos en todas las ocasiones (niño/a, los hombres y mujeres, los alumnos y las alumnas, etc.)

13/4/16

¿Cuáles son los síntomas característicos del autismo y del Asperger?




No todos las personas presentan todos los síntomas descritos como clásicos y ninguno de ellos es patognomónico o decisivo. Consecuentemente, la ausencia de cualquiera de ellos no es excluyente del diagnóstico de autismo o de Asperger. 
Aunque algunos estudios e informes familiares señalan anomalías observables en los primeros 12–18 meses de vida es a partir de los 24 meses cuando se aprecian con mayor intensidad los síntomas característicos.
   En niños de alrededor de dos años de edad los síntomas más frecuentes son: la ausencia de una mirada normal a los ojos; no compartir intereses con los otros; la falta de respuesta al ser llamado por su nombre; el no “llevar y mostrar” cosas a los demás y no señalar con el dedo índice. 



Se consideran, sin embargo, características propias de un Trastorno del Espectro Autista (TEA) las siguientes:
  a) Alteraciones cualitativas en la interacción social: Las alteraciones sociales son el principal síntoma del autismo. Estas personas encuentran difícil ajustar su comportamiento al de los demás ya que no entienden muy bien las convenciones y normas sociales. Suelen tener problemas para compartir el mundo emocional, el pensamiento y los intereses. No les resulta sencillo apreciar las intenciones de los otros, desarrollar juegos y hacer amigos. En consecuencia, el mundo social no les resulta fácil y en muchas ocasiones no les interesa, mostrando aislamiento. Estas limitaciones sociales son especialmente marcadas en la infancia, atenuándose un poco a lo largo de la vida; ya que su interés social va aumentando espontáneamente y ello favorece el aprendizaje de nuevas competencias.
  b) Alteraciones cualitativas de la comunicación: Los primeros estudios realizados en el autismo identificaban que un 50% de los personas afectadas no desarrollaban lenguaje hablado funcional a lo largo de su vida (si tenemos en cuenta el actual concepto de TEA este porcentaje disminuye sensiblemente). Existen otros casos de niños y niñas que empiezan a hablar y luego pierden su lenguaje. Frecuentemente, aquellos que desarrollan el habla lo hacen con ciertas características peculiares: ecolalia, perseveración, inversión pronominal, entonación anormal, etc. Lo más característico es el que el lenguaje no es utilizado de manera social para compartir experiencias y vivencias; presentando dificultad para iniciar o mantener una conversación recíproca; comprender sutilezas, bromas, ironía o dobles intenciones.
Este fallo de la comunicación verbal se acompaña además de pobreza o ausencia de la comunicación no verbal: gestos, posturas o expresiones faciales que acompañan normalmente al habla o la sustituyen. El desarrollo del lenguaje en los primeros años de vida presenta un retraso significativo o características peculiares en la mayoría de personas con TEA.
  c) Patrones restringidos de comportamiento, intereses y actividades: Las personas con autismo presentan intereses especiales, que no son frecuentes en otras personas de su edad (fascinación por partes de objetos, piezas giratorias, letras o logotipos, etc.), aunque lo más característico es que no comparten sus intereses con los demás. Pueden aparecer movimientos corporales estereotipados (aleteos, giros sobre uno mismo, balanceo, ambulación sin funcionalidad, etc.) que se llaman estereotipias y les ayudan a regularse y controlar sus emociones. El juego tiende a ser repetitivo y poco imaginativo (hacer hileras, agrupamientos, fascinación por contar y repetir, etc.). Muchas personas presentan ansiedad ante los cambios de sus rutinas y/o del entorno (horarios, recorridos, objetos o personas que cambian su ubicación o postura, etc.), etc. En las personas con mayor capacidad intelectual los intereses restringidos son más sofisticados y pueden incluir hacer colecciones, listados, recopilar datos sobre temas específicos como astronomía, monedas, mapas, trenes, programas informáticos, etc. En todo caso, normalmente no están interesados necesariamente en compartir su conocimiento de manera recíproca.
Muchas de estas personas, especialmente durante su infancia, padecen fenómenos de hipo e hipersensibilidad a los estímulos sensoriales. Esta alteración sensorial puede explicar fenómenos frecuentemente observados como por ejemplo taparse los oídos, no tolerar determinados alimentos o tejidos, rechazar el contacto físico, autoestimularse con la saliva o mirando reflejos ópticos, o responder inusualmente al dolor (generslmente con poca sensibilidad al dolor).



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Fuentes:
- Grupo de Estudio de Trastornos del Espectro Autista. Instituto de Investigación de Enfermedades Raras- Instituto de Salud Carlos III
http://www.isciii.es/htdocs/pdf/aut_16ra.pdf
- Baron-Cohen, S. Autismo y síndrome de Asperger. 2010, Alianza editorial.
- Libro Mundo Asperger y otros mundos, de Sacha Sánchez-Pardíñez; 2015.
-  Libro Síndrome de Asperger. Síndrome invisible. 2013, Sánchez-Pardíñez, S., Psylicom Ediciones, colección de materiales para TEA.