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27/2/16

Trastornos de conducta: una de las principales demandas en salud mental.



   Adolescentes con trastornos de comportamiento. Cómo podemos detectarlos y qué se debe hacer.
   Tanto pediatras como profesionales de la salud mental afirman, en un porcentaje superior al 90%, que los trastornos de conducta suponen una de las principales demandas en el ámbito de la salud mental en niños y adolescentes. La mayor parte de las familias entrevistadas apuntan al trastorno negativista desafiante y al TDAH como los más prevalentes, la mayoría de los profesionales educativos señalan como casos más frecuentes las dificultades del aprendizaje y el TDAH.
  Los cambios sociales vividos en los últimos años han contribuido al incremento de los problemas de conducta en los niños y adolescente probablemente porque las familias han perdido capacidad económica en los últimos años y la pérdida de recursos afecta especialmente a la clase media (mayoría de la población). Asimismo, a pesar de que ha habido un incremento en el número de hogares con todos o alguno de sus miembros en paro –sobretodo las madres-, la principal queja de las familias es la disminución del tiempo para compartir con sus hijos. Todas estas circunstancias influyen en la idiodincrasia de la población adolescente y juvenil y, en la misma línea que profesores y pediatras, un alto porcentaje de los profesionales de salud mental afirma que las familias de sus pacientes con trastornos de conducta se sienten desbordadas por los problemas de sus hijos, ejercen un pobre control parental y algunas se lamentan de no disponer de tiempo para estar con sus hijos. 



  Los profesionales advierten entre estos jóvenes una serie de rasgos en común como la pérdida de valor por la autoridad, muy baja tolerancia a la frustración y un bajo rendimiento académico. No obstante, sus opiniones difieren en cuanto a la franja de edad en la que aparecen. Así, mientras los pediatras afirman que la mayoría de casos que acuden a consulta se dan entre los 8 y 14 años los profesionales de la salud mental consideran que el porcentaje es mayor en el intervalo de los 13 a los 16, encontrando en raras ocasiones trastornos de conducta en menores de 8 años.
  En relación con las actividades extraescolares que realizan los jóvenes la mayoría de los padres admite que sus hijos pasan una hora diaria -o más- viendo la televisión, entre 30 minutos o una hora al día jugando a la consola y entre media hora y dos horas haciendo los deberes escolares. Por otro lado, se observa que la mayor parte de los jóvenes no realiza actividades de refuerzo escolar y que muchos de ellos dedican menos de 30 minutos diarios a la lectura. Los datos anteriores evidencian tanto el relevante papel que juegan todos estos profesionales en la detección e intervención de estas problemáticas como la importancia de la detección y preocupación de las familias. A este respecto, recomiendan dar más información a los padres, así como más recursos para atender sus preocupaciones y evitar posibles falsos negativos dadas las graves consecuencias que esta situación podría causar a nivel personal, familiar y educativo para estos jóvenes.
  Con respecto al momento de detección cerca del 50% de los padres asegura que la escuela no había detectado los problemas de sus hijos y la mayoría de ellos reconoce no haberlos comunicado tampoco al centro educativo al considerar que no es un problema escolar, o por desconfiar de la capacidad de la escuela para gestionar estos casos, buscando con frecuencia una solución fuera del centro, principalmente en el pediatra o en salud mental. Esta situación podría ser un reflejo de la falta de coordinación entre los dos agentes más relevantes en la detección precoz de estos problemas de conducta: familia y escuela.
  Por su parte, tanto psicólogos como psiquiatras afirman que la mayoría de los jóvenes vienen diagnosticados previamente, derivados de la escuela o del pediatra y en menor medida observan padres que consultan por el problema de su hijo por primera vez. En cuanto a los pediatras, ellos mismos se consideran profesionales clave para la detección y el manejo de los niños y adolescentes con problemas de conducta que, en un elevado porcentaje, acuden a consulta sin haber sido diagnosticados por profesionales de la salud mental.




  Cuando se aborda el tema de los recursos, todos los profesionales concuerdan nuevamente, afirmando que los recursos con los que se cuentan para poder intervenir, ya sea desde la escuela como desde el ámbito de la salud mental, son buenos aunque insuficientes, siendo necesario incrementarlos y mejorarlos. A pesar de realizar frecuentes derivaciones a otros recursos especializados -entre los que destacan los recursos escolares y los de salud mental públicos y privados-, los propios pediatras admiten que conocen poco los recursos disponibles en los centros educativos y afirman que es necesario mejorar la formación de los profesionales de la educación en la detección y abordaje de estos problemas. El tipo de recursos en los centros educativos difiere dependiendo de su titularidad: mientras que aquellos profesores que trabajan en centros públicos indican que cuentan con más recursos de adaptación curricular los que lo hacen en centros privados disponen de un mayor respaldo de psicólogos y gabinetes psicopedagógicos. Sin embargo, las estrategias propias del normal funcionamiento de las actividades docentes son poco conocidas por estos profesionales.

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Fuentes:
- Informe completo disponible en la página Web de FAROS San Joan de Déu: http://faros.hsjdbcn.org/es/cuaderno-faro/adolescentes-trastornos-comportamiento-como-podemos-detectarlos-debe-hacer .
- http://www.infocop.es/view_article.asp?id=6046&cat=50

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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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