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20/11/15

Trastornos de la comunicación y síndrome de Asperger.






Los trastornos de la comunicación se caracterizan por tener un comienzo temprano. Esto dificulta su detección pues las primeras manifestaciones de déficits pueden ser confundidas bajo la consideración de un posible retraso madurativo o enlentecimiento en la adquisición de habilidades comunicativas. 
Estas dificultades pueden revertir en alteraciones funcionales presentes a lo largo de la vida, viéndose afectadas tanto conductas verbales como no verbales que repercuten en el comportamiento, las ideas o las actitudes cara a los demás. 
   La pragmática y sus alteraciones surgen como campo de estudio del lenguaje, en un primer momento desde la logopedia, bajo la etiqueta de trastorno semánticopragmático (TSP). Bajo esta etiqueta se ha descrito a un conjunto de alteraciones relacionadas con los usos sociales del lenguaje y la comunicación pero, con el tiempo, acabaría por convertirse en una categoría diagnóstica independiente del trastorno específico del lenguaje (TEL) y de los trastornos del espectro autista (TEA) llamándose  trastorno de la comunicación social (TCS).  
En la actualidad el TCS se caracteriza por déficits con la pragmática. Dichos déficits se expresan a modo de limitaciones funcionales en la eficacia comunicativa, la participación social, el desarrollo de relaciones sociales, logros académicos o resultados laborales. (En la actualidad el TCS se caracteriza por déficits con la pragmática y dichos déficits se expresan a modo de limitaciones funcionales en la eficacia comunicativa, la participación social, el desarrollo de relaciones sociales, logros académicos o resultados laborales). 


Los trastornos de la comunicación son trastornos del discurso y del lenguaje que se refieren a problemas en la comunicación y áreas relacionadas, como la función motora oral. Los retrasos y trastornos pueden ir desde la sustitución de sonidos simples a la incapacidad de comprender o utilizar su lengua materna. Generalmente se diagnostican en la infancia o la adolescencia, aunque pueden persistir hasta la edad adulta. El diagnóstico implica rendimiento comunicativo sustancialmente inferior a las expectativas de desarrollo y que interfiere significativamente en el rendimiento académico, las interacciones sociales y/o la vida diaria. e deben delimitar los criterios bajo los cuales cabe establecer el diagnóstico de TCS de los sujetos que presentan signos de disfuncionalidad pragmática, considerando los distintos contextos, sociales, situacionales o comunicativos en los que se pueden dar. 
La problemática observada en las diversas clasificaciones está en sus límites difusos, encuadrándose como sintomatología de otros trastornos, principalmente dentro de TEA y del TEL. 
   Esta evaluación también puede determinar si la característica es desviada o retrasada. Los trastornos de la comunicación serían los siguientes:
   1) Trastorno del lenguaje expresivo: caracterizado por la dificultad para expresarse más allá de oraciones simples y un vocabulario limitado. Es un trastorno de la comunicación en el que hay dificultades de expresión tanto verbal como escrita. Está caracterizado por la capacidad de uso expresivo del lenguaje hablado, que está muy por debajo del nivel adecuado para la edad mental, pero con una comprensión del lenguaje que está dentro de los límites normales. Además puede haber problemas con el vocabulario, la producción de oraciones complejas y el recuerdo de las palabras y no puede haber anomalías en la articulación. El trastorno del lenguaje expresivo ahora se clasifica como un trastorno específico del lenguaje cuando un niño no ha podido adquirir el lenguaje expresivo normal, a pesar de que ha sido debidamente expuesto a la lengua, cuando hay una ausencia de notables causas médicas o genéticas. Además de la producción del habla actual, muy a menudo, tienen dificultad para recordar cosas. 


Esta memoria no es sólo un problema preocupante para el habla, la memoria no-verbal o no-lingüística se ve afectada también. Los trastornos del lenguaje expresivo pueden ser clasificados en dos grupos: trastorno del desarrollo del lenguaje expresivo y trastorno adquirido del lenguaje expresivo. Trastorno del desarrollo del lenguaje expresivo en la actualidad no tiene causa conocida, se observa por primera vez cuando un niño está aprendiendo a hablar, es más común en niños que en niñas, y es mucho más común que la forma adquirida de la enfermedad. El Trastorno adquirido del lenguaje expresivo está causado por una lesión específica en el cerebro, como por ejemplo por un derrame cerebral, lesión cerebral traumática o convulsiones. Se debe tener cuidado para distinguir trastorno del lenguaje expresivo de otros trastornos de la comunicación, sensoriales y motores, discapacidad intelectual y / o privación ambiental. Estos factores afectan al habla de una persona y por escrito a ciertas extensiones predecibles, aunque con ciertas diferencias. El diagnóstico adecuado también es importante debido al hecho de que el desarrollo atípico del lenguaje puede ser una característica secundaria de otros problemas físicos y de desarrollo que puede manifestarse por primera vez como problemas de lenguaje.
   2) Trastorno mixto del lenguaje receptivo-expresivo, con problemas para comprender los demandas de los demás. es un trastorno de la comunicación en el que tanto en las áreas de recepción y expresión de la comunicación pueden verse afectadas en algún grado, de leve a grave. En la Escala de Inteligencia Wechsler para Adultos, por ejemplo, pueden aparecer en puntuaciones relativamente bajas para la información, vocabulario y comprensión. Si la persona tiene dificultad con los conceptos espaciales (tales como 'más', 'bajo', 'aquí' y 'no') puede tener dificultades aritméticas también. Tienen dificultades para entender los problemas de palabras y las instrucciones. También pueden tener un problema más general con las palabras o frases, o de comprensión y expresión oral. La mayoría de los tratamientos son de corto plazo y se basan en adaptaciones realizadas en el entorno de la persona.



   3) Tartamudeo es un trastorno del habla caracterizado por una ruptura en la fluidez, en el que los sonidos, sílabas o palabras puede ser repetida o prolongada. La tartamudez es un trastorno de la comunicación (no un trastorno del lenguaje) que se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla que se acompañan de tensión muscular en cara y cuello, miedo y estrés. Se trata de la expresión visible de la interacción de determinados factores orgánicos, psicológicos y sociales cuyos efectos psicológicos pueden ser graves, afectando el estado de ánimo de la persona de forma continua. Además, la tartamudez es una discapacidad muy estigmatizada donde continuamente se cuestiona la inteligencia y habilidad emocional. Sentimientos que son comunes, y muchas veces severos, en las personas que tartamudean son vergüenza, miedo, ansiedad, enojo y frustración. Comienza entre el segundo y cuarto año de vida, aunque se suele confundir con las dificultades propias de la edad a la hora de hablar. 
Al final, solo uno de cada 20 niños acaba tartamudeando y muchos de ellos superan el trastorno en la adolescencia (menos del 1% de los adultos tartamudea). La tartamudez es de tres a cuatro veces más común en hombres que en mujeres. Aún no se ha encontrado una causa específica para este desorden: a pesar de creencias populares la tartamudez no está asociada con la ansiedad ni es un efecto de ella para su desarrollo; sin embargo, sí genera ansiedad. La reacción del entorno del afectado es importante para la aparición de numerosos síntomas físicos asociados a la tartamudez, sobre todo en los primeros años de manifestación.
   4) Trastorno fonológico: errores de la producción, utilización, representación u organización de los sonidos tales como sustituciones de un sonido por otro (utilización del sonido /t/ en lugar de /k/ u omisiones de sonidos tales como consonantes finales). Las alteraciones, anomalías, perturbaciones o trastornos dificultan la comunicación lingüística, afectando no solo a aspectos lingüísticos sino también intelectuales y de la personalidad, interfiriendo en las relaciones y rendimiento escolar, social y familiar de los individuos afectados. El origen puede ser variado: en general, cuándo la causa puede localizarse en una lesión o disfunción cerebral o del sistema nervioso, se emplea el término orgánico y, si no es posible descubrir causas similares a las mencionadas, se consideran trastornos funcionales.
   5) Trastorno de la comunicación no especificado: en la que los trastornos dentro de la categoría no cumplen con los criterios específicos mencionados anteriormente.



En la década dos 90 las investigaciones llevadas a cabo relacionan el TSP entre la teoría de la mente y el lenguaje como habilidades vinculadas entre sí. A partir de tareas mentalistas y usando pruebas de creencias falsas se detectó que los niños con TSP tenían dificultades en tareas de creencias falsas de segundo orden, que se relacionan directamente con una falta de atribución de creencias falsas en los demás (Sullivan, Zaitchik & Tager-Plusberg, 1994), siendo comparables estas problemáticas con las dificultades que presentan los niños autistas o con trastornos que limitan con el espectro autista, como el síndrome de Williams (Sullivan & Tager-Plusberg, 1999). Este hecho hizo que el TSP pudiese considerarse como un trastorno intermedio entre trastorno específico del lenguaje (TEL) y autismo, recogiendo síntomas de ambos, pero sin cumplir con todos sus criterios diagnósticos específicos. 
Bishop (2000), ya en el S. XXI, fija una etiqueta más precisa y concreta, introduciendo la etiqueta de trastorno pragmático del lenguaje (TPL) que incluye tan solo dificultades de tipo pragmático. Así separa los ámbitos pragmático y semántico, puesto que en sus estudios se detectaron casos de individuos que presentaban alteraciones de tipo comunicativo, pero con plenas competencias a nivel semántico. 
   Al final el trastorno semántico pragmático (TSP) se ha convertido en una categoría clínica particular en el DSM-V llamada trastorno de la comunicación socialEl trastorno de la comunicación social (pragmático) según el DSM-5 se describe bajo el epígrafe de los trastornos de la comunicación y estos, a su vez, forman parte de los trastornos del desarrollo neurológico. El trastorno de comunicación social lo presenta un número significativo de sujetos, por lo que conocer sus características, la forma en la que se manifiesta y las consecuencias que puede tener emparejadas es realmente importante. En la actualidad no existen datos sobre la incidencia concreta del TCS. 



Información sobre otros trastornos que cursan habitualmente con síndrome de Asperger disponible AQUÍ.
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Fuentes: 
- Trastorno semántico pragmático del lenguaje: https://www.mundoasperger.com/2017/02/trastorno-semantico-pragmatico-del.html
- Revista de estudios e investigación en psicología y educación, eISSN: 2386-7418, 2015, Vol. Extr., No. 9. DOI: 10.17979/reipe.2015.0.09.132. Caracterización y delimitación del trastorno de la comunicación social (pragmático).
- Trastorno semántico pragmático: https://www.mundoasperger.com/2017/02/trastorno-semantico-pragmatico-del.html
- Trastornos de la comunicación: http://www.mundoasperger.com/2015/11/trastornos-de-la-comunicacion-y.html
- Shields J, Varley R, Broks P, Simpson A. Social cognition in developmental language disorders and highlevel autism. Dev Med Child Neurol 1996; 38: 48795.
- "Trastorno específico del lenguaje y autismo/Asperger", en MuNDo AsPeRGeR: http://www.mundoasperger.com/2017/01/trastornos-especificos-del-lenguaje-y.html 
- trastorno de la comunicación social (DSM5): https://www.mundoasperger.com/2018/06/trastorno-de-la-comunicacion-social-tcs.html
- Mundo Asperger y otros mundos, sacha Sánchez-Pardíñez,: http://www.amazon.es/Mundo-Asperger-otros-mundos-trastornos-ebook/dp/B017IMQFYW




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Redefiniendo el síndrome de Asperger::

Técnicamente el síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno que se manifiesta con la incapacidad para comunicarse convencionalmente, dificultades para asumir habilidades sociales de forma natural y también dificultades para comprender la conducta social de los demás.
Por ejemplo, en el lenguaje de las personas con Asperger están presentes una serie de alteraciones como el uso excesivamente formal, rebuscado o pedante; las dificultades para iniciar una conversación o para dejar de hablar y ceder el turno a otros cuando la conversación gira en torno un tema de interés restrictivo de la persona en cuestión; etc.

Las personas con síndrome de Asperger normalmente sienten la necesidad de tenerlo todo estructurado en su cabeza para poderlo comprender. prácticamente todos tienen intereses peculiares, restrictivos, único o incluso obsesivos; muchos son torpes debido a problemas de motricidad; la mayoría no juegan en grupo y tampoco se les dan bien los deportes (aunque insistimos en que siempre hay excepciones).

Tener síndrome de Asperger, y/o un hijo/a con síndrome de Asperger, incide en las relaciones personales de la unidad familiar, dificulta la socialización de todos sus miembros, la educación del menor resulta estresante y genera ansiedad, sobre todo si el centro escolar no colabora para cubrir sus necesidades educativas especiales y son alumnos que mayoritariamente padecen acoso escolar.

El Asperger no tiene consideración de enfermedad sino de síndrome (conjunto de síntomas) y la diversidad de funcionamiento va a estar ahí por siempre aunque, gracias a terapias, intervención y la ayuda familiar y profesional, sus dificultades pueden aminorar con el tiempo (y mucho trabajo y esfuerzo) y mantener lo que se llama "una vida normal". La media de edad ronda los 5 o 6 años cuando se produce el diagnóstico (mucho más tarde en el caso de las chicas porque sus rasgos son más sutiles y los diagnosticadores aún no están suficientemente entrenados para percibirlos) aunque sus rasgos especiales suelen hacerse patentes a partir de los 3 años de edad. Algunos de estos niños y niñas presentan comportamientos “especiales” casi desde su nacimiento (por ejemplo hiperactividad y déficit de atención en alguna época, un comportamiento excesivamente infantil para su edad, aprenden a leer solos (hiperlexia), no miran a los ojos al hablar (mirada anómala), tienen rabietas que para los demás son incomprensibles y desmesuradas, son muy literales, etc. y cuándo no, ni sobre qué temas es apropiado hacerlo según el contexto, ni cuándo intervenir o cómo iniciar una conversación. Los gestos, el rostro y las expresiones corporales de los demás les resultan confusos a menudo porque la mayoría de personas con síndrome de Asperger solo interpretan el lenguaje verbal (las palabras) y no comprenden bien el no verbal. Por tanto, aunque su semántica sea rica (normalmente tienen un vocabulario incluso mucho mejor que la de sus iguales) y su sintaxis correcta (saben perfectamente construir una oración y expresarse de forma normativamente correcta a nivel sintáctico y semántico) fallan estrepitosamente en la pragmática. Eso hace que su comportamiento social parezca “anormal”.

El conjunto de rasgos (o síntomas) más importantes del síndrome de Asperger son:

1. Deficiencias sociales: carecen de recursos para interpretar las señales sociales y el lenguaje no verbal por lo que su lenguaje pragmático falla. Esto significa que a la hora de interpretar emociones pueden errar o no saber cómo expresar las suyas propias.

2. A menudo no reconocen signos del intercambio de la toma de turno por lo que no saben cuándo pueden hacerlo. Son literales, mucho más cuanto menos edad tengan. Las personas con síndrome de Asperger entienden el lenguaje verbal sin poder interpretar su componente prevaricador (las mentiras, las frases hechas, las metáforas, los juegos de palabras, etc.). Como no comprenden bromas, sobreentendidos, lenguaje metafórico, chistes, etc. y tampoco comprenden conceptos abstractos casi siempre son incapaces de intuir lo que otros piensan o cómo se sienten los demás, lo cual significa que tienen graves problemas en lo que se conoce como "teoría de la mente".

3. Tienen focos de interés absorbentes. Se interesan por cuestiones que a otras personas les podrían parecer irrelevantes y llegan a convertir esos temas en verdaderas pasiones y en intereses exclusivos, focalizando todo su interés en el aprendizaje de tantos datos como caigan en sus manos o en actividades de colección sobre esas áreas de interés. Adquieren conocimientos muy concretos hasta llegar a ser verdaderos expertos y, a la vez, a veces ignoran aquellos otros temas que no les interesan en absoluto (esto puede desembocar en fracaso escolar). Consiguiendo que sus intereses particulares formen parte de su aprendizaje pueden llegar a realizar estudios superiores con éxito y si además esos intereses absorbentes los pueden utilizar en el entorno laboral serán personas eficaces y muy útiles en su trabajo.

4. Establecen rituales muy estrictos: necesitan rutinas, si sus costumbres, sus horarios o sus actividades varían, y no se les ha anticipado que habrá un cambio, experimentan ansiedad. Pequeñas diferencias en su rutina, que aparentemente no tienen importancia, a ellos/as les pueden llegar a alterar muchísimo. Necesitan saber en todo momento qué día de la semana es, qué actividades tienen previsto hacer en ese día, etc. Eso hace necesaria la anticipación de los cambios: si por cualquier causa se van a alterar sus rutinas conviene explicárselo con antelación para no provocarles ansiedad.

5. La mayoría de personas con síndrome de Asperger presentan motricididad dañada en mayor o menor medida: son torpes y patosos. De ahí que por lo general los juegos en grupo y los deportes se les den mal. Eso agrava el problema de socialización porque sus compañeros de juegos les rechazan en sus equipos e, incluso, llegan a prohibirles la participación. Los adultos suelen tropezar, los niños se caen y se golpean a menudo, les cuesta aprender a montar en bici, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse la ropa. Con el tiempo, la práctica y mucha insistencia se mejoran mucho las habilidades motrices pero suele quedar cierta torpeza en la edad adulta.
Por lo demás… son personas con sus capacidades cognitivas intactas. No hay ningún rasgo físico que les diferencie de los otros niños y pasan desapercibidos en el grupo aunque se les suele clasificar como “raritos” o “excéntricos”. La mayoría de personas con síndrome de Asperger tiene una memoria excepcional por lo que suelen aprender muchísimos datos (especialmente sobre sus temas de interés). Su memoria es sobre todo visual-espacial así que recuerdan pequeños detalles que los demás no recordamos. Sin embargo necesitan adquirir habilidades sociales, y requieren apoyo terapéutico/psicológico prácticamente toda su vida, por lo que es importante ponerles en manos de profesionales tan pronto como sean diagnosticados y trabajar individualmente las dificultades concretas que presenta cada persona en particular.
No sirven generalizaciones de cara a la intervención: hay que concretar las dificultades de cada uno y enfocarse en ellas para ayudar de verdad a esa persona.




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