MuNDo AsPeRGeR: Definiendo las autolesiones, por sabina Barrios.

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Aviso: se emplea en este blog, ocasionalmente, el neutro o masculino (acabado en -o) en los términos que admiten ambos géneros, sin que ese uso gramatical esconda una discriminación sexista sino porque, dado que la lengua castellana no proporciona expresiones neutras para indicar ambos sexos, así se evita la tediosa lectura que podría suponer el uso de ambos términos en todas las ocasiones (niño/a, los hombres y mujeres, los alumnos y las alumnas, etc.)

10/7/18

Definiendo las autolesiones, por sabina Barrios.





Todo lo relacionado con las autolesiones… es complicado. Tanto su comprensión, manejo o gestión despiertan muchas emociones en todos los que hemos tenido cerca a alguien que las ha realizado. Incluso el mero hecho de verlas en la televisión, en una película, aún sabiendo que es una situación ficticia, puede llegar a angustiarnos. Si para un profesional no saber qué hacer ante una situación como ésta puede resultar tremendamente duro… ¡¿cómo de angustioso puede llegar ser para la persona que las realiza y para su familia?!




La autolesión puede darse por diversas causas y éstas pueden variar a lo largo del tiempo, por eso se necesita de un equipo interdisciplinar y una alianza con la persona y su familia, para poder ir ajustando el tratamiento. Una conducta autolesiva se define como “todo acto con resultado no fatal que, siendo sancionable culturalmente, un individuo realiza de manera deliberada contra sí mismo para hacerse daño” (Hawton, Rodham, Evans y Weatherall, 2002 citados por Frías, 2012). 
   Con esto, nos referimos a envenenamientos, sobreingesta de medicamentos, quemaduras, golpes, arañazos o mordeduras, entre otros. Sin embargo, en este post vamos a hablar sobre las denominadas autolesiones no suicidas, que son aquellas que engloban “actos que implican un daño directo y deliberado contra uno mismo (cuerpo), en ausencia de intencionalidad suicida” (Nock, Joiner, Gordon, Lloyd-Richardson y Prinstein, 2006, citados por Frías, 2012). 



Las Autolesiones en el Autismo.
Las autolesiones en el autismo se denominan autolesiones estereotipadas y repetitivas para diferenciarlas de las que se producen en otros trastornos psiquiátricos, que son las llamadas autolesiones compulsivas. Algunas de las características de las conductas autolesivas en el autismo serían (Paula, 2016, 2018): - En mayor medida se producen daños en los tejidos corporales. Así, son comunes los golpes, arañazos, pellizcos, mordeduras o tirarse de las uñas, del pelo o de los dientes.
- Algunas de las zonas del cuerpo donde más frecuentemente se producen pueden ser en cara, cabeza y extremidades.
- Se produce, fundamentalmente, a través de movimientos repetitivos (p.e. golpearse con la mano en la cabeza varias veces).
- No suelen ser actos planificados.
- Pueden volver a producirse después de largos períodos sin autolesiones.
- Se puede pensar que se llevan a cabo en ausencia de dolor (ojo con este pensamiento, ahora lo vemos).



Sobre la percepción del dolor y la comunicación.
Hablar sobre autolesiones implica hablar sobre el dolor y hablar sobre dolor implica tratar el procesamiento sensorial y la interocepción. Os dejo el enlace al post que escribí sobre ella por si queréis repasarlo. Es importante recalcar que algunas personas tienen el umbral del dolor más alto y otros más bajo. Es decir, algunas personas son más sensibles al dolor y otras lo son menos. Así, en ocasiones, pueden ser lentos a la hora de procesar estas sensaciones, de tal forma que pueden pasar de “estar bien” a “tener un dolor insoportable” de una forma muy rápida, porque a sus interoceptores les cuesta notar estas sensaciones, lo que desde fuera nos podría resultar como algo chocante o difícil de entender (Mahler, 2015).
   Pero también debemos tener en cuenta otra cuestión, y es que, si nos ponemos a pensar, todos hemos tenido alguna vez dolor. Si analizamos esa situación, las personas actuamos en consecuencia para intentar aliviarlo: nos tomamos algún medicamento, vamos al médico, nos tomamos algo caliente, avisamos de que no vamos a ir a trabajar, nos tumbamos en la cama… ¿Os imagináis que no pudierais decir que algo os duele, de forma que no podéis adoptar medidas para intentar paliarlo? ¿Asusta, verdad? Pues imaginad el dolor más terrible que hayáis tenido y que tenéis un esparadrapo en la boca que os impide pedir ayuda. No se puede asumir que todas las personas con autismo que parezca que no sientan dolor sea porque tengan dificultades en la sensibilidad, puede que, simplemente, no sean capaces de comunicarlo.





¿Qué podemos hacer?
En primer lugar, comprender que no es una conducta desafiante cuya meta sea “sacarnos de nuestras casillas”, es una forma de decirnos que algo no va bien. Así que toca sacar la lupa de detectives para intentar averiguar que puede estar pasando. Ya sabes que esto es complicado y que las causas que lo motivan pueden cambiar, así que manos a la obra lo antes posible.
   ¡Descartar problemas médicos! Detrás de golpes en la cabeza puede haber dolor de cabeza o migraña, detrás de golpes en las orejas una otitis, detrás una gran agitación puede haber gases, detrás de daños en la piel, picores o alergias… así que siempre al médico a descargar causas orgánicas.
   ¡Analizar la situación! Como hemos dicho, nos toca trabajar en equipo y analizar qué puede estar pasando. Os dejo enlace a otro post donde tenéis varios modelos para hacer el análisis funcional de conducta, teniendo en cuenta que hay que analizar tanto los factores internos de la persona como los factores externos del entorno y de la situación. También debemos estar atentos a los momentos previos antes de que se produzca una autolesión, para así poder identificar esa conducta antes de que se produzca. De esta forma se podrá tratar de reconducir dicha conducta hacia otras alternativas. Recordad que no hay soluciones mágicas ni recetas universales, pero os dejo el enlace a los maletines antiestrés por si os sirven de pista.
   Si tenéis sospechas de que el procesamiento sensorial o una dificultad a nivel interoceptivo está siendo determinante, podéis valorar el trabajo de estos aspectos. Podéis leer más sobre las dietas sensoriales en este post, y el siguiente post que escriba tratará sobre el tema de mejorar la conciencia corporal.


Hay escalas estandarizadas para valorar tanto el dolor como la autolesión. Esto nos va a permitir tomar una medida más objetiva y para así poder elaborar la futura intervención. Paula (2018) recomienda las siguientes:
Dolor en niños:
   - The Non-Communicating Children’s Pain Checklist – NCCPC (Breau, 2002a y 2002b).
   - El Douleur Enfant San Salvadour (DESS) (Collignon, 2001).
   - The Face Legs Activity Cry and Consolability – FLACC-R (Malviya, 2006).
   - The Pain Indicator for Communicatively Impaired Children – PICIC (Stallard, 2002).
   - The Checklist Pain Behaviour (CPB) (Terstegen, 2003).
   - Pediatric Pain Profile – PPP (Hunt, 2002).
   - Otras escalas visuales, numéricas o mixtas.
 Autolesión:
   - Escala de valoración de la motivación (Durand, 1988).
   - Questionnaire About Behavioral Function – QABF (Matson, 1999).
   - Functional Analysis Screening Tool – FAST (Iwata, 2013).
   - Diagramas de dispersión. 


   La prevención de las conductas autolesivas son uno más de los motivos por los que desde pequeños hay que trabajar para conseguir una comunicación efectiva, si puede ser a través del lenguaje oral o si no, mientras este llega, a través de los Sistemas Aumentativos y Alternativos de Comunicación (SAAC). Recordemos que ninguna investigación apoya que el uso de los SAACs vaya a volver a un niño “vago” a la hora de producir lenguaje oral. Éste es un mito, por desgracia, todavía muy extendido. ¡Necesitamos que se puedan comunicar, de forma que resulte funcional y efectivo!. Os dejo con un ejemplo de un tablero para entrenar/comunicar dolor.



Tablero para entrenamiento o comunicación del dolor. Imágenes de internet, pictogramas de Arasaac.

Si creemos que los factores externos están apoyando la aparición de autolesiones, debemos vigilar la información que estamos dando al niño, cómo son los niveles de exigencia de las actividades o tareas que desencadenan dichas conductas y comprobar si el ambiente está adaptado a sus necesidades. Tanto la estructuración ambiental como los apoyos visuales pueden ayudar.
   También es importante recordar que las estrategias conductuales siempre van a sernos útiles. Cuando todo lo anterior no sea suficiente, puede que que se necesiten, de forma temporal, aplicar medidas restrictivas (medicación, equipos de protección, contenciones). Obviamente hay que evitar que se hagan daño, pero el fin de su uso debe ser siempre ese y no usar estas estrategias como si fuera un castigo (recordemos el supuesto caso de un centro donde se dejaba sólo a un niño en una sala blanca).
Y recuerda… (Paula, 2018):
   No existen soluciones mágicas, hay que estudiar a cada persona, sus circunstancias y realizar un trabajo todos unidos: la propia persona, la familia y los profesionales educativos y sanitarios. Lo primero es respirar muy profundo y hacer el esfuerzo de “querer comprender”. La forma de expresarlo no es adecuada, pero nos quieren comunicar algo, y esa es la manera que han encontrado para hacerlo. Es un tema lo suficientemente importante y complicado para que nadie se cuelgue capas de héroes… el trabajo en equipo va a ser siempre mucho más efectivo. Si ahora las estás viviendo, mucho ánimo, pide ayuda y a por ello. Si eres profesional, manos a la obra y a estudiar.





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Referencias bibliográficas:
- Frías A., Vázquez M., del Real, A. y Sánchez, C. (2012). Conducta autolesiva en adolescentes: prevalencia, factores de riesgo y tratamiento. Cuadernos de Medicina Psicosomática y Psiquiatría de Enlace, 103: 33-48. 
- Mahler, K. (2015). Interoception the eight sensory system. Kansas: APC Publishing. 
- Paula-Pérez I., Artigas-Pallarés J. (2016). Vulnerabilidad a la autolesión en el autismo. Revista de Neurología, 16; 62 (Supl.1):27-32. 
- Paula-Pérez, I. (2018). La autolesión en el Autismo. Madrid: Alianza editorial.




La autora de este artículo es Sabina Barrios Fernández.
Licenciada en Ciencias del Deporte. Diplomada en Terapia Ocupacional. Doctora y Profesora en la Universidad de Extremadura. Formación en Pediatría, Psicomotricidad e Integración Sensorial, entre otros.
Editora del blog Ocupa-TEA

El artículo en su blog lo puede encontrar pinchando AQUÍ.