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Aviso: se emplea en este blog, ocasionalmente, el neutro o masculino (acabado en -o) en los términos que admiten ambos géneros, sin que ese uso gramatical esconda una discriminación sexista sino porque, dado que la lengua castellana no proporciona expresiones neutras para indicar ambos sexos, así se evita la tediosa lectura que podría suponer el uso de ambos términos en todas las ocasiones (niño/a, los hombres y mujeres, los alumnos y las alumnas, etc.)




8/6/18

Qué son los TEA desde la perspectiva neuropsicológica.




Javier Tirapu Ustárroz y Raquel Balmáseda explicaban en el I Simposio Nacional de Asperger Femenino que las líneas divisorias entre un trastorno y otro, de todos los que comprenden el espectro autista, no se pueden establecer de manera categórica y que los genes (haciendo referencia al componente genético de estos trastornos) sin experiencias no se activan igual que las experiencias sin genes que se activen tampoco son nada.


Con esto daban a entender que para que aparezca un trastorno del espectro autista han de darse ambas circunstancias: la predisposición genética y un ambiente o entorno que active el componente genético. Somos un 100% genética y también un 100% experiencia por lo que los sentimientos de culpa que desarrollamos algunos padres y madres (por el componente genético transmitido a nuestros hijos e hijas) no es más que un absurdo. Lo padres no tienen EN NINGÚN CASO la responsabilidad del trastorno del espectro autista de su hijo o hija.
   Todo esto lo defiende Tirapu siendo consciente de que "no hay nada más provisional e inestable que el conocimiento científico". Va cambiando, ampliándose, variando de forma continua de modo que lo que en un momento dado se considera una verdad irrefutable poco después queda en nada. Los avances científicos, dice Tirapu, suelen pisar a aquello que se consideraba cierto en un momento anterior y, gracias a eso, hoy sabemos que las teorías de las madres nevera o la confusión entre autismo y esquizofrenia son grandes errores cometidos por la comunidad científica.



La triada del espectro autista desde una perspectiva neurológica (frente a la triada de Wing) estaría compuesta por la cognición social, las funciones ejecutivas y la coherencia central. "La empatía es un componente esencial para la experiencia emocional y la interacción social, y denota una respuesta afectiva a estados mentales directamente percibidos, imaginados o de sentimientos inferidos por otra persona. Nos permite entender, sentir y responder adecuadamente a estímulos sociales, generando una adecuada socialización. La empatía se ha considerado sinónimo del contagio emocional, mimetización, simpatía, compasión e interés empático. Si bien todos ellos son conceptos relacionados y necesarios para el desarrollo de una cognición social adecuada, no son lo mismo, aunque todos son imprescindibles para el desarrollo de la empatía o sus consecuencias. La empatía permite ‘sentir con’, mientras que la simpatía, la compasión y el interés empático se relacionan con el ‘sentir por’ o sentir lo adecuado. Estudios realizados en personas con TEA han demostrado bajo cociente de empatía." Víctor L. Ruggieri en Empatía, cognición social y trastornos del espectro autista.


La literatura ofrece evidencias empíricas, aparentemente contradictorias, sobre la existencia de un retraso evolutivo en la cognición social en los niños y niñas diagnosticados con un trastorno del espectro autista. Establecer si las habilidades lingüísticas son las que influyen en las socio-cognitivas o viceversa no es cuestión sencilla ya que el lenguaje y el pensamiento mantienen una relación estrecha y recíproca durante su desarrollo. Es por ello que en el ámbito de la adquisición del lenguaje, tanto en población con desarrollo típico como atípico, esta cuestión ha dado lugar a un área muy fértil para la investigación (Milligan, Astington y Dack, 2007). 
   La deficiencia en la cognición social se ha relacionado con un déficit en la empatía ya que la teoría del déficit en la empatización e hipersistematización permite una explicación comprensible y coherente para entender, en parte, la génesis de estos trastornos. 
   La empatía es un mecanismo psicológico a través del cual una persona se vincula con las otras y percibe actitudes en los otros a las que más tarde atribuirá estados mentales. 
   Según Tirapu lo que conocemos como empatía tiene dos componentes: la empatía cognitiva y la empatía emocional. 
   La empatía es importante a la hora de obtener resultados en un trabajo, entablar negociaciones y determinar la satisfacción de los empleados o su rendimiento. Hasta ahora poco se sabía acerca de qué modo de pensamiento, intuitivo o sistemático, era el que ofrecía una mayor precisión en la percepción de los sentimientos del otro.
   La empatía nos permite comprender los sentimientos de quienes nos rodean y, por lo tanto, cambiar nuestros patrones de comportamiento para adaptarnos a otro estado emocional. Además la empatía nos permite experimentar lo que el otro subjetivamente siente, sin confundir sus sentimientos con los nuestros.
   Bajo nuestro punto de vista la idea de que las personas con trastornos del espectro autista no son empáticas es errónea. De hecho no solo sienten empatía hacia los demás sino que en algunos casos se podría hablar incluso de hiperempatía.


Las funciones ejecutivas son el constructo usado para describir actividades que comprometen un proceso cognitivo de alto nivel e implican la capacidad para operar en el ambiente con las conductas dirigidas a metas y objetivos, incluyendo una planificación y realización de conductas complejas ante cada situación. El concepto de «funciones ejecutivas» define la actividad de un conjunto de procesos cognitivos vinculada históricamente al funcionamiento de los lóbulos frontales del cerebro. Todas las conductas de función ejecutiva comparten la necesidad de desligarse del entorno inmediato o contexto externo para guiar la acción a través de modelos mentales o representaciones internas.
   La capacidad de planificar a fin de alcanzar una meta, mantener una estrategia con ese fin, realizar las acciones necesarias para alcanzarlo y posponer la necesidad de satisfacción inmediata son, todos, componentes importantes de la función ejecutiva-constructiva (Gilberg, 2002). Por todo ello la función ejecutiva sería aquella que está orientada hacia futuras actividades útiles, concibiendo planes o entendiendo la relación de causa-efecto.
   Las funciones ejecutivas son, pues, el constructo usado para describir actividades que comprometen un proceso cognitivo de alto nivel e implican la capacidad para operar en el ambiente con las conductas dirigidas a metas y objetivos, incluyendo una planificación y realización de conductas complejas ante cada situación. Como hemos comentado el sujeto actúa manteniendo el foco de atención en el objetivo, inhibiendo otras respuestas o la reacción ante estímulos que no sean relevantes para la tarea pero, en las personas con síndrome de Asperger, la dificultad parece encontrarse en la habilidad para generalizar los pasos o estrategias concretas a otras situaciones nuevas, por lo que la generalización de las habilidades ha de ser objeto de procesos explícitos, sistemáticos y programados de enseñanza.
   Suele considerarse que aunque los déficits en las interacciones sociales y los comportamientos excéntricos son características que persisten durante toda la vida la adaptación a nivel socio-laboral, y la interacción familiar así como el nivel de autonomía, parecen más favorables en el Asperger que en otras formas de TEA. Sin embargo, características como el perfeccionismo rígido (que lleva a retrasar la realización de las tareas), la desmotivación, la dificultad para comprender términos abstractos, la inatención, los problemas de organización, gestión y uso del tiempo, la escasa comprensión de las normas laborales implícitas, la escasez de habilidades empáticas, las conductas extravagantes, la rigidez mental y comportamental, etc., limitan el éxito académico de las personas con cualquier modalidad de TEA así como su desempeño profesional.  


Ozonoff plantea que las funciones ejecutivas de planificación y control son deficitarias tanto en el autismo altamente funcional como en el síndrome de Asperger aunque ambos grupos superen las tareas de la teoría de la mente. 
   Está documentado que las personas con síndrome de Asperger tienen serios problemas con esta función, incluyendo aspectos de la memoria de trabajo, atención y control de sus impulsos. La capacidad de planificar a futuro, la motivación, secuenciación y el concepto de horarios están, a menudo, poco desarrollados en las personas con TEA y, en las personas con Asperger, un pobre concepto del tiempo puede ser un problema discapacitante.

Por otro lado Tirapu y Balmáseda reconocían que la educación actual es un error porque fomenta las dificultades del sujeto en lugar de sus potencialidades. Esto hace que las personas con trastornos del espectro autista se conviertan en sujetos inadaptativos, es decir, propensos a la no adaptación.