30/8/17

La empatía, que parece fallar en las personas con Asperger-TEA, no es cuestión de intuición.




   Según un artículo publicado en la revista QUO el 22 de julio de 2016, escrito por Juan Scaliter, el éxito en las relaciones personales no tiene que ver con la capacidad intuitiva sino que está más relacionada a un cuidadoso razonamiento. Para afirmar esto se basa en una investigación realizada por la American Psychological Association que sugiere que, al contrario de lo que habitualmente se piensa, la empatía es fruto de un razonamiento más que de mera intuición.
   La empatía es un mecanismo psicológico a través del cual una persona se vincula con las otras y percibe actitudes en las personas a las que más tarde atribuirá estados mentales. El reconocimiento de las actitudes de los otros y el desarrollo de la imitación posibilitan el acceso a la mente del otro. Desde esta concepción, en los trastornos de tipo autista parece existir dificultades con el procesamiento de estímulos afectivos. De hecho Christopher Gillbert, investigador sueco cuyos criterios son unos de los que más se usan para orientar el diagnóstico de síndrome de Asperger, ha llamado al síndrome de Asperger “la enfermedad de la empatía” porque estas personas, dice, no saben leer la mente de los demás para averiguar qué piensan o cómo se sienten.



   El caso es que la principal autora del estudio, Jennifer Lerner, asegura que el cultivo de las relaciones personales y profesionales de éxito requiere la capacidad de inferir con precisión los sentimientos de los demás. Esto es ser eficiente en términos empáticos. Hasta ahora poco se sabía acerca de qué modo de pensamiento, intuitivo o sistemático, era el que ofrecía una mayor precisión en la percepción de los sentimientos del otro pero, de acuerdo con Lerner, las personas procesamos la información y tomamos decisiones en diferentes formas: algunos optamos por seguir nuestros instintos, mientras que otros planean cuidadosamente y analizan la información disponible antes de decidir. La idea de este estudio era probar la exactitud empática, dada su importancia  a la hora de obtener resultados en un trabajo, entablar negociaciones y determinar la satisfacción de los empleados o su rendimiento.



   Lerner y la co-autora del estudio, Christine Ma-Kellams, llevaron a cabo cuatro estudios, con más de 900 participantes, para examinar la relación entre los dos modos de pensamiento y la precisión empática. El primero determinó que la mayoría de la gente cree que la intuición es una guía mejor que el pensamiento sistemático para inferir con precisión los pensamientos y sentimientos de los demás. Los otros tres estudios descubrieron que la realidad es muy diferente. Estos hallazgos son importantes porque muestran que habitualmente se llevan a cabo suposiciones que pueden ser erróneas si se basan en la intuición. “En las entrevistas laborales, por ejemplo, – concluye Ma-Kellams – se asume que la intuición es importante y quizás sea necesario revisar este preconcepto”.


   De acuerdo con Peter Hobson los niños con autismo carecerían de los componentes de acción y reacción necesarios para el desarrollo de relaciones personales recíprocas. La carencia de participación de estos niños en la experiencia social conllevaría un fallo en el reconocimiento de sentimientos, pensamientos, deseos, intenciones, etc. en otras personas y una grave alteración en la capacidad de abstraer y en la de sentir y pensar simbólicamente. Así, los niños con TEA tendrían dificultades en apreciar, entender y asimilar las claves que regulan las relaciones interpersonales y, por tanto, problemas de empatía. Sin embargo, en los casos de autismo de alto funcionamiento y Asperger no se observan muchas de estas limitaciones debido al buen nivel de competencias cognoscitivas (inteligencia) y el dominio del lenguaje formal.



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El estudio ha sido publicado en el Journal of Personality and Social Psychology y publicado por Quo en: http://www.quo.es/ser-humano/descubren-que-la-empatia-no-es-cuestion-de-intuicion