2/2/17

En algunos casos es difícil marcar el límite entre un Asperger y un trastorno autístico de alto funcionamiento.






Cuando nos referimos a espectro autista, estamos hablando de un conjunto de trastornos en el que coexisten tres grupos de manifestaciones:
 - Trastorno de la relación social.
 - Trastorno de la comunicación, incluyendo comprensión del lenguaje y capacidad de expresión.
 - Falta de flexibilidad mental, que condiciona un espectro restringido de conductas y una limitación en las actividades que requieren cierto grado de imaginación.

Tanto los criterios del DSM como los del CIE para el trastorno autístico se sustentan en esta concepción del autismo. ¡Pero cuidado! Si bien en las primeras descripciones de autismo ya enfatizaban estos tres aspectos actualmente no se puede aceptar la base psicológica ante la sólida evidencia de su base orgánica, proporcionada por los estudios genéticos, neurofisiológicos, neuropatológicos, neurorradiológicos y bioquímicos.

El concepto de autismo no cubre en modo alguno las amplias variaciones patológicas que se pueden observar en pacientes afectados de trastornos más o menos cercanos al patrón autista puro. Por esta razón el DSM III-R y DSM-IV por un lado; y el CIE-9 y CIE-10 por otro, establecieron una categoría denominada Pervasive Developmental Disorders (PDD), mal traducida como “trastorno generalizado del desarrollo” (TGD), dentro de la cual se incluían trastornos con un nexo común: su conformidad con las tres características citadas. Sin embargo el trastorno de Rett, por sus peculiaridades clínicas y evolutivas, se aparta bastante del resto de trastornos y el trastorno desintegrativo infantil, que tiene como característica determinante la existencia de un periodo de desarrollo normal que alcanza por lo menos hasta los dos años, se puede solapar con el trastorno autístico, concretamente con aquellos casos en los que existe una regresión después de un período de normalidad, cuyo inicio es difícil de precisar.

Para el síndromede Asperger también resulta difícil marcar los límites que lo separan del trastorno autístico. De hecho en algunos casos es difícil, incluso imposible, marcar el límite entre un trastorno de Asperger y un trastorno autístico de alto funcionamiento. En los criterios del DSM-IV, la diferencia viene determinada por las habilidades lingüísticas, mejor desarrolladas en trastorno de Asperger que en el trastorno autístico. Sin embargo, otros autores han definido criterios para el de trastorno Asperger según los cuales la alteración del lenguaje es una condición obligada (Gillberg, por ejemplo) con lo que, al final, en el DSM-V Asperger ha quedado incluido en la categoría general de “trastornos del espectro autista”.

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