23/1/17

Dispraxia.

   La dispraxia es la dificultad de no poder controlar los movimientos del propio cuerpo. Esto afecta la motricidad fina y gruesa. Estadísticas con personas que presenten dispraxia son difíciles de encontrar pero las estimaciones van desde 2% a 10% de la población. Los varones representan alrededor del 70-80% de los casos diagnosticados. Es dificil encontrar la causa de la dispraxia y no se sabe de forma clara cuál es su origen. Las últimas investigaciones la relacionan con inmadurez en el desarrollo neuronal o a una lesión en las primeras etapas del desarrollo del tejido nervioso, como por ejemplo:
   - Afectación del feto durante el embarazo (drogas, tabaco o alcohol).
   - Un parto traumático con sufrimiento del feto
   - Niños prematuros (niños nacidos por debajo de las 37 semanas de gestación).
   - Antecedentes genéticos.
   Cuando la dispraxia aparece en individuos adultos suele ser debida a un ictus.
   Se trata de un problema poco conocido pero está aceptado por la comunidad científica que es importante estimular a los niños con dispraxia para que puedan recuperar tanto los movimientos de su motricidad fina como gruesa.


   La dispraxia se da en personas con habla muy poco inteligible pero cuyos gestos y expresión facial indican que quieren comunicarse. En principio los síntomas del trastorno se restringieron a los referentes a aspectos articulatorios y fonológicos, sin embargo pueden presentarse dificultades de habla como de lenguaje. Los síntomas habituales (no es necesario que coexistan todos a la vez) son:
  - Períodos de apreciable ininteligibilidad.
  - Errores en los sonidos del habla. Emisión distorsionada de gran número de sonidos. Se debe diferenciar a los niños con dispraxia verbal de los niños con un déficit únicamente a  nivel fonológico y encontrar evidencia del fallo motor o fallo práxico. A un niño con problemas fonológicos le cuesta combinar fonemas para hacer palabras pero a uno con dispraxia verbal además le cuesta combinar rasgos para hacer fonemas. Por otro lado, los niños con dispraxia verbal muestran dificultad para realizar las tareas de diadococinesia (facultad de ejecutar voluntaria y rápidamente una serie de movimientos sucesivos y opuestos), pero no tienen problemas de coordinación fono-respiratoria.
  - Errores en la articulación de vocales.
  - Se suele apreciar esfuerzo, tanteos o titubeos en la producción de algunos o incluso todos los fonemas.
  - Dificultad para producir voluntariamente fonemas aislados o secuencias de fonemas que han sido producidos correctamente en otras ocasiones. Se mejora el habla con actividades masivas de repetición voluntaria, consciente y precisa de sílabas y secuencias de sílabas.
  - Fallos en la ejecución, en aislar y secuenciar movimientos orales, no de habla, de nivel automático.
  - Aumento del número de errores con el incremento de la longitud del enunciado.
  - Alta incidencia de errores relacionados con el contexto, como por ejemplo errores de metátesis (cambio de lugar de los sonidos dentro de la palabra, atraídos o repelidos unos por otros).
  - Inconsistencia de los patrones de errores de articulación.
  - Patrones desviantes durante el desarrollo del habla.
  - Evolución muy lenta durante el tratamiento.




   Cabe recordar que cuando se intenta categorizar los trastornos del lenguaje propios del autismo puede hacerse desde dos planteamientos conceptuales distintos, aunque no necesariamente contradictorios: Por un lado, desde el punto de vista de Bishop, todos los trastornos del lenguaje encajan en el concepto unificador de trastornos específicos de lenguaje (TEL), independientemente de que esté afectada la capacidad receptiva, la expresiva o ambas. En realidad, el déficit expresivo siempre va asociado a un déficit de comprensión, si bien con técnicas convencionales puede ser difícil de poner en evidencia. Rapin, por otro lado, prefiere mantener distintas categorías puesto que de esta forma queda mejor definido el tipo de problema lingüístico. 
   Pues bien, se entienden por trastorno específico del lenguaje (TEL) los que se dan en niños con un lenguaje retrasado, inusual o anormal, con problemas significativos y duraderos, con dificultades en el desarrollo del lenguaje que no pueden ser suficientemente justificadas por alguna causa física, retraso intelectual, privación socio-afectiva u otros trastornos psicopatológicos. Se les denomina genéricamente disfasias o trastornos específicos del desarrollo del lenguaje (TEDL) reservándose el término afasia para la pérdida de lenguaje previamente adquirido a consecuencia de lesiones cerebrales focales [1].


   Síntomas de la dispraxia: 
   Son niños generalmente torpes, tiende a chocar con las paredes, con otros niños e incluso tienen dificultades de mantener el equilibrio. Les cuesta trabajo hacer deporte, les cuesta coordinar sus movimientos, correr, saltar, etc es complicado para ellos. Tienen dificultades al pronunciar algunas palabras (lo cual se conoce como "apraxia"[2]) y tienen problemas con la psicomotricidad fina, (por ejemplo problemas al utilizar las tijeras, ceras, etc.)

   Dispraxia verbal:
   Se trata de personas con habla muy poco inteligible pero cuyos gestos y expresión facial indican que quieren comunicarse. "En principio los síntomas del trastorno se restringieron a los referentes a aspectos articulatorios y fonológicos, sin embargo pueden presentarse dificultades tanto en de habla como de lenguaje". (Ygual-Fernández y Cervera-Mérida en http://www.mundoasperger.com/2015/06/dispraxia-verbal.html ). 








[1] Fernando Mulas ed., “Bases biológicas del lenguaje y clínica”.  En Trastornos del lenguaje. Hierry Deonna, Schlumberger, Crespo-Eguílaz, Etchepareborda, López-Lázaro, Ortiz-Alonso, Maestú, Fernández-Lucas, Amo, Campo, Capilla-González, Castaño y Narbona. DISPRAXIA VERBAL. Ygual-Fernández y Cervera-Mérida
[2] Apraxia es un tipo de discapacidad en la que no es posible realizar movimientos coordinados motores voluntarios. Este tipo de trastornos del aprendizaje produce una desorganización psíquica en quien la padece. Es de origen neurológico por lo que probablemente acompañará a quien lo padezca durante toda su vida. No obstante siempre se pueden realizar tratamientos de estimulación para mejorar la calidad de vida de quien presenta dicha enfermedad.