31/3/16

TEA y Entorno Educativo.


    Durante el periodo escolar, además de los aprendizajes específicos del aula, todos los niños deben enfrentarse a cambios significativos que no solo modifican su formación de amistades, sino también como se establecen esas relaciones sociales. Está claro que estos cambios para los niños pequeños suponen un desafío que en definitiva implicara sus primeros hábitos de independencia y auto-valimiento.
     Antes del periodo escolar, padres y cuidadores, procuraban, favorecían y organizaban todas las actividades del niño. A partir de la etapa escolar, será el niño quien comience a administrar y organizar sus actividades.
     Es indudable que muchos, sino la mayoría, de los niños con TEA requerirán apoyo constante para resolver adecuadamente las situaciones con las que se encontraran dentro del entorno escolar y que requerirán, fundamentalmente, el dominio de habilidades sociales que impliquen cierta autonomía dentro de los espacios de la escuela.




      Asimismo, es verdad, que atender a un grupo de alumnos tan heterogéneo, es sin duda, otro gran desafío que debe enfrentar la comunidad educativa en su conjunto, ya que requiere necesariamente de una serie de estrategias y recursos específicos y adecuados para poder ofrecer a sus niños una respuesta pedagógica que brinde en todo momento un nivel especifico de intervención.
      Dentro del colectivo de niños con TEA, existen múltiples particularidades que deben ser muy conocidas para poder tener en cuenta y llevar a cabo una intervención adecuada y eficiente. Todos sabemos que dentro de la escuela se lleva adelante una parte importante de la vida de cualquier niño, es por esto, que para favorecer el desarrollo personal y social de cada niño será necesario que la intervención psicoeducativa ofrezca las respuestas individuales y brinde el soporte necesario para cumplimentar los objetivos - tanto académicos como sociales - y lograr una inclusión educativa completa y responsable.
                                 
Para esto es necesario que:
• El niño sea considerado núcleo fundamental del proceso de enseñanza.
•  Los docentes tengan una formación adecuada y específica.
• Se trabaje en colaboración con los equipos profesionales.
• Se mantengan relaciones permanentes y colaborativas con la familia y la comunidad.
     De esta manera, la atención psicoeducativa a las necesidades específicas de cada niño con TEA será individualizada en función de los procesos de enseñanza-aprendizaje, y teniendo en cuenta fundamentalmente no solo su adaptación sino también la valoración y adecuación de los contextos, procurando que el proceso se realice con flexibilidad y eficacia para facilitar la permanencia y adaptación feliz del niño.
  Es imprescindible mejorar la calidad educativa y reducir las desigualdades. Se ha de entender la educación inclusiva desde los paradigmas de calidad educativa, igualdad de oportunidades y accesibilidad universal a lo largo de todo el ciclo vital, asegurando la educación permanente de las personas síndrome de Asperger como fórmula de promover su autonomía personal, el libre desarrollo de su personalidad, ejerciendo siempre el derecho a tomar sus propias decisiones y eligiendo su modo de vida y su inclusión social. Por eso se reclama a los poderes públicos que se garantice el principio de acceso normalizado del  alumnado con SA a los recursos educativos ordinarios, proporcionándoles los apoyos necesarios.
  Con independencia del tipo de centro educativo al que acuda el niño, es imprescindible elaborar, tan pronto como sea posible, un programa de intervención en el ámbito familiar. Actualmente, nadie discute la necesidad de que los padres participen activamente en el tratamiento de sus hijos afectados de cualquier grado de autismo, y la parte más importante de esta participación consiste en elaborar programas terapéuticos para el hogar. Los programas que combinan adecuadamente los enfoques educativos, conductuales, relacionales y cognitivos, son los más efectivos. Por otro lado, el diseño de estos programas debe estar precedido, inexcusablemente, de una evaluación exhaustiva y precisa de las características psicológicas, psicopatológicas y cognitivas del niño. 
El Dr. Bauer, pediatra especializado en problemas del desarrollo y director de la Unidad Pediátrica del Desarrollo en el Hospital Genesee en Rochester, ha expuesto con frecuencia a grupos de padres y profesionales temas relacionados con los trastornos del desarrollo infantil. En 1995 escribió un artículo sobre autismo en el American Academy of Pediatrics Journal, Análisis de la Pediatría, con la descripción de cómo puede ser el paso por el colegio de un niño con Asperger, desde preescolar hasta el final de su educación. Asegura en su artículo que los primeros síntomas del SA aparecen hacia los 3 ó 4 años, aunque lo más normal es que los niños pasen por la escuela infantil sin que nadie les diagnostique durante su etapa preescolar. Sin embargo, aunque estos niños suelen relacionarse normalmente con su familia no ocurre lo mismo fuera de ella y, a menudo, se ven las primeras dificultades cuando entran en preescolar, con problemas de comportamiento como hiperactividad, falta de atención, agresividad o rabietas. 
  Estos niños en etapa preescolar: tienden a evitar la interacción social espontánea o muestran poca habilidad para hacerlo, tienen problemas para mantener conversaciones simples o tienden a ser repetitivos y perseverantes cuando hablan, dan respuestas raras, prefieren las rutinas y no les gustan los cambios y tienen dificultades para regular las respuestas sociales y emocionales. Estos síntomas se parecen a los que definen el autismo en la primera infancia. La única diferencia es que los niños con SA no son tan obviamente distintos de los demás, como les ocurre a los que presentan autismo clásico.
  Según Bauer los niños con SA pueden empezar a verse en la escuela elemental como algo inusual, pero lo más frecuente es que no pase de ahí y se diluyan en la corriente dominante. La mayoría de ellos muestra interés social por otros niños, aunque no mucho. Normalmente tratan de socializar con un niño o con muy pocos y sólo llegan a tener relaciones superficiales. Durante esta etapa pueden destacar en lectura y cálculo pero suelen ser flojos en escritura. También es probable que el profesor haya notado el interés exagerado que muestra el niño en un tema favorito porque trata de sacar el tema insistentemente en clase. 
  A lo largo de la escuela elemental o primaria los problemas pueden pasar de ser suaves y fácilmente abordables hasta graves e intratables, dice Bauer, todo depende de factores como el nivel de inteligencia, el manejo apropiado en la escuela y de los padres en casa, el temperamento del niño, y la presencia o ausencia de factores que lo compliquen, como la hiperactividad, problemas de atención, ansiedad, problemas de aprendizaje, etc.





  Durante la enseñanza primaria los niños con SA encuentran las mayores dificultades porque es donde hay menor tolerancia a las diferencias. En esta etapa sus problemas de conducta se suelen atribuir erróneamente a problemas emocionales o de motivación y se crean conflictos con maestros y compañeros. En el patio o la clase de gimnasia estos niños pueden quedarse aislados y ser objeto de burlas porque, aunque quieren hacer amigos y adaptarse, en su entorno no encuentran más que incomprensión y rechazo. Su conducta tiende a empeorar y pueden aparecer cuadros de depresión. 
  En el instituto, en secundaria, la tolerancia a la excentricidad es mayor así que muchos de ellos consiguen adaptarse al entorno.
  Muchas familias se preguntan si sus hijos podrán alcanzar estudios superiores y desenvolverse laboralmente con normalidad. Y la respuesta es sí. Un sí rotundo. De hecho son muchos los adultos diagnosticados con Asperger que tienen estudios universitarios, trabajo, familia y amigos. No es que se trate de algo fácil de alcanzar (no pretendemos crear falsas expectativas) pero, aún con sus dificultades añadidas, es más que posible. 
  La educación inclusiva y la gestión de la diversidad, la enseñanza, debe proporcionar a las personas con SA los conocimientos, las habilidades y las destrezas que compensen las desigualdades y desventajas con las que se encuentran. 


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Fuentes:
- TEA, guía práctica para educadores, de Clelia Reboredo.
- Libro Mundo Asperger y otros mundos, de Sacha Sánchez-Pardíñez; sección de trastornos comórbidos. El libro está disponible en: http://www.amazon.es/gp/product/B017IMQFYW?%2AVersion%2A=1&%2Aentries%2A=0
-  Libro Síndrome de Asperger. Síndrome invisible. 2013, Sánchez-Pardíñez, S., Psylicom Ediciones, colección de materiales para TEA.