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Aviso: se emplea en este blog, ocasionalmente, el neutro o masculino (acabado en -o) en los términos que admiten ambos géneros, sin que ese uso gramatical esconda una discriminación sexista sino porque, dado que la lengua castellana no proporciona expresiones neutras para indicar ambos sexos, así se evita la tediosa lectura que podría suponer el uso de ambos términos en todas las ocasiones (niño/a, los hombres y mujeres, los alumnos y las alumnas, etc.)




6/3/16

Consideraciones sobre el cociente intelectual.




Bajo el concepto de TGD (trastorno general del desarrollo) se pretendía en su momento crear una categoría que se distanciase tanto de la ‘esquizofrenia infantil’ o ‘psicosis infantil’ (1) como de los trastornos específicos del desarrollo (TED). La diferencia con los TED (trastorno específico del desarrollo) viene determinada por el hecho de que en los TGD están afectadas diversas funciones mientras en los TED se afecta preferentemente una sola función. Hoy por hoy en el sistema clasificatorios de trastornos y enfer,edades DSM-V los antes denominados TGD se conocen como TEA (trastornos del espectro autista) y en el sistema clasificatorio CIE-11 como "Trastornos del Neurodesarrollo".


   Por otro lado, en los TED, la persona se comporta como si estuviera en un estadio cronológico anterior al que le corresponde mientras en los TGD existen alteraciones cualitativas que no son normales en ningún estadio del desarrollo.
   Muchos estudios han establecido que hasta un 70% de las personas con autismo presentan una discapacidad intelectual que puede oscilar desde tener un cociente intelectual afectado en el rango de ligero hasta un grado profundo. Las nuevas investigaciones sugieren un porcentaje menor que el citado, pero esto podría deberse a que se ha incluido el Asperger y el autismo de alto funcionamiento en un solo espectro (trastornos del espectro autista) y, por tanto, ya que en estos trastornos la inteligencia no se ve afectada, el porcentaje global de discapacidad intelectual en el conjunto ha disminuido.




Se logró diferenciar el autismo de la discapacidad intelectual cuando el doctor Kanner, por primera vez en el año 1943, describió unas características específicas -distintas del cuadro clínico de de la psicosis o la esquizofrenia infantil- que denominó «autismo precoz infantil». Hans Asperger en esa misma época describió un cuadro similar que llamó «psicopatía autista», indicando claramente que no se trataba de un déficit cognitivo sino de una «anomalía» de su constitución psicológica. (Sobre las teorías de Kanner y Asperger puede consultarse el apartado de antecedentes en este mismo blog). Así, la razón diferencial del autismo es que algo enigmático de su neorlogía impide el desarrollo. Pero cuidado con caer en los mitos, bulos y falsedades porque las personas con autismo son sujetos que habitan el lenguaje y, si sabemos escuchar su singularidad y establecemos pautas educativas y contacto subjetivo, se produce una regulación y un avance madurativo claro.



Por lo general se entiende que en el espectro autista hay trastornos en los que el cociente intelectual se ve gravemente afectado y otros en los que no hay afectación o ésta es mínima. Así, en el caso del síndrome de Asperger, la persona presentará una inteligencia normal, a veces incluso superior a la media, y el cociente se verá disminuido así como aumente el grado de afectación en el espectro, siendo menor en los casos de autismo de Kanner que en los autismos de alto funcionamiento, etc. De hecho en el diagnóstico diferencial se usa el cociente intelectual como elemento de valoración (aunque no de diagnóstico), así como la adquisición de lenguaje o la torpeza motora, ya que los problemas de adquisición de lenguaje son propios de grados más elevados de afectación en el espectro autista y, sin embargo, la torpeza motora es una característica casi exclusiva del síndrome de Asperger. El grado de posible discapacidad intelectual asociada tiene importancia a la hora de determinar el tipo de apoyos que van a ser necesarios e influye en el pronóstico que se va a hacer en relación a la vida adulta de la persona.


La capacidad intelectual en el autismo puede ser armónica o disarmónica, con “picos” aislados de marcada competencia. La discapacidad intelectual y el trastorno del espectro de autismo con frecuencia coocurren; para hacer un diagnóstico de comorbilidad de trastorno del espectro de autismo y discapacidad intelectual, la comunicación social debe estar por debajo de lo esperado en función del nivel general de desarrollo.




   Las Matrices Progresivas de Raven (RPM) y las escalas Wechsler son instrumentos utilizados para la estimación de inteligencia, sin embargo, son notablemente diferentes en la forma en que están estructuradas y administradas. Las matrices progresivas de Raven son 60 ítems de prueba de razonamiento que minimizan la necesidad de instrucciones de la tarea, pero no necesariamente reflejan la inteligencia de una persona, sobre todo si la persona es tiene un desarrollo distinto. Se trata de una prueba sin límite de tiempo en la que cada elemento tiene solamente una respuesta correcta. En el campo de la inteligencia humana, RPM tiene desde hace mucho tiempo singular importancia como prueba de las construcciones de la inteligencia fluida y de la inteligencia general. También es reconocida como la única prueba más compleja de la inteligencia (Snow et al., 1984). Además hace demandas sobre una amplia gama de habilidades, como control de la atención y la integración de alto nivel o el razonamiento abstracto, que durante mucho tiempo se han presumido deficientes o incluso inexistentes en el autismo. Esta evaluación es a menudo considerada como una prueba ” no verbal ‘, aunque en la población no autista las habilidades verbales son cruciales para determinar el rendimiento. Por lo tanto, el rendimiento RPM presenta interesante desafíos a las teorías comúnmente invocadas de las limitaciones de un apersona con autismo y a la recurrente premisa de que el autismo de por sí causa baja inteligencia.
      La Escala Wechsler implica la administración individual de varias subpruebas, algunas de ellas específicas para cada cultura, que evalúan un número limitado y concreto de habilidades que reflejan las capacidades generales latentes. Es, en cierta medida, subjetiva y depende de cómo se administra.


   En la población típica estos dos enfoques (muy diferentes) proporcionan estimaciones similares del potencial intelectual. Esto no es, sin embargo, necesariamente cierto para adultos o niños en el espectro del autismo, cuyas puntuaciones de RPM se han reportado como significativamente superiores a su escala completa Wechsler IQ.
 






(1) El término psicosis quedó relegado a un concepto que incluía síntomas y conductas que se expresan como delirios, alucinaciones, lenguaje incoherente o conducta catatónica.